Un viaje a la mítica Frisia: El norte de la región y el Mar de Waaden

Canal en el 'Mercado de la Sopa'. Ciudad de Dukkum.

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El norte de la región de Frisia está marcado por la presencia del Mar de Waaden, una extensa porción de aguas cenagosas y marismas que queda encerrado por una muralla de islas que se plantan como una barrera entre las costas bajas y el furibundo Mar del Norte. Esta tercera jornada de viaje por la tierra de los frisones (marcada en el mapa con iconos de color verde) se inicia en la tercera de las grandes poblaciones de las once ciudades frisias y parte hacia la costa para visitar dos de los numerosos parques nacionales de la zona. La primera parada será la pequeña pero preciosa Dokkum, otra de esas joyas llenas de monumentos y palacios que dan fe de la grandeza de la Holanda de los siglos XVI y XVII.

Y desde ahí nos iremos al norte para visitar la costa Frisia en su punto más interesante. La Isla de Schiermonnikoog es la más importante de las Frisias Occidentales, esa cadena de islas que protege la costa de los embates de uno de los mares más poderosos del mundo. Aquí nos vamos a encontrar con mucha naturaleza (dunas, marismas, prados y bosques) pero también con una cultura isleña muy peculiar que no hace más que apuntalar la fuerte identidad frisona frente al resto de los Países Bajos.

Qué ver en Dokkum en un par de horas.- La ciudad de los molinos. En estos días de trasiego por las tierras de Frisia no nos hemos encontrado con esos molinos enormes que son una de las señas de identidad nacionales. Pues una de las cosas que llaman la atención de la pequeña ciudad de Dokkum es que dos de sus antiguos baluartes (murallas preparadas para la artillería) están adornados con dos de los más impresionantes molinos del país: los molinos de Zeldenrust (Baantjebolwerk, 3) y De Hoop (Zuiderbolwerk, 2). Éste último se ha convertido en un pequeño museo que se puede visitar de manera gratuita para ver cómo funcionan estas enormes máquinas del siglo XIX.

Los molinos son una de las señas de identidad de Dukkum.

Más allá de los molinos Dokkum se nos presenta como la típica ciudad frisona. Está totalmente rodeada de canales y en sus riveras se pueden ver todavía los taludes de tierra y los baluartes con forma de punta de diamante que formaban parte de su sistema de defensas. Puertas adentro, el pequeño burgo es una foto fija de lo que eran las ciudades de esta parte del país en los siglos XVII y XVIII. Estamos ante uno de los cascos históricos mejor conservados de los Países Bajos. Los imprescindibles para una visita rápida son los siguientes:

La Casa del Almirantazgo de Frisia y Groninga (Diepswal, 27): Esta casona del siglo XVII alberga hoy la sede del Museo de Dokkum con una colección ecléctica que incluye objetos históricos, obras de arte y piezas de artesanía local. La sala dedicada a la historia de la ciudad y la colección de platería local están muy bien.

Canales de Dokkum.

La Iglesia de San Bonifacio (Koningstraat, 26).- Es del siglo XIX y no tiene el pedigrí de las piedras antiguas (en el caso de esta zona del mundo ladrillos) pero es muy bonita de ver. Este templo de peregrinación respeta el gótico holandés de los siglos XIV y XV y rinde homenaje a San Bonifacio, apóstol de los alemanes, que fue martirizado muy cerca de Dukkum en el siglo VIII.

El Suupmarkt y la Casa de la Cuidad.- El Mercado de la Sopa (Suupmarkt) fue durante la Edad Media el principal abasto de la ciudad y eje de la vida comercial. Aquí culmina el gran canal que se interna en Dokkum desde el Baluarte de Zeldenrust y que suponía el gran puerto. Aquí nos encontramos con la sede del Ayuntamiento (De Zijl, 2) un precioso edificio de finales del XVI.

Ayuntamiento de Dokkum.

La Cervecería Halve Maan (Diepswal, 15).- No todo va a ser cultura y monumentos… Esta cervecería lleva abierta desde principios del siglo XVII y es toda una institución en esta zona de la región. La sala está muy renovada y poco queda de la cervecería original pero las cervezas son brutales.

Hacia el norte de Frisia

Desde Dokkum seguimos hacia el norte hasta las orillas del Lauwersmer, una amplia zona de marismas que nos adelanta la cercanía del Mar de Waaden. Antes de meternos de lleno en el litoral de esta parte de Frisia hacemos una parada en el pequeño pueblo de Eanjum donde hay dos puntos de interés que merecen una paradita de media hora: el Museo del Molino de Eanjum (Mounebuorren, 18) y la sencilla pero bonita iglesia, una de las pocas que aún conservan su cementerio adosado. Desde aquí, la costa está a apenas unos kilómetros.

Estampa típicamente frisona. Dos caballos frisones pastan en Lauwersmeer.

El Parque Nacional Lauwersmeer.- Esta enorme área de antiguas marismas colmadas de agua dulce ocupa la desembocadura del Río Reitdiep en un espacio que comparten las provincias de Frisia y Groninga. La mejor forma de visitarlo es pasar al otro lado de la marisma a través del Dique que separa el lago del Mar de Waaden. En el lado de Groninga nos vamos a encontrar con un pequeño centro de interpretación y pasarelas que dan acceso a un humedal de reciente creación ya que esta parte del país se aisló del mar en 1969. Antes de ayer. Y aún así han crecido bosques de ribera y extensas zonas de plantas acuáticas que sirven de refugio a numerosas aves acuáticas.

Faro en Schiermonnikoog. Las dunas marcan el paisaje de esta isla de las Frisias occidentales.

El Parque Nacional Schiermonnikoog.- La isla de Schiermonnikoog ocupa el extremo norte de las Islas Frisias Occidentales siendo uno de los puntos más importantes del Mar de Wadden, ese enorme ‘lago’ de agua de mar con grandes complejos dunares y marismas que forma el frente marítimo de la región frisia. Esta zona del país es un ejemplo de la lucha de la población frisia por ganar tierra cultivable al mar. Los pólderes han creado un paisaje donde las tierras fértiles comparten espacio con los grandes campos de dunas y pequeños bosques. Para llegar hasta esta pequeña isla hay que tomar un ferry desde el cercano puerto de Lauwersoog y estar dispuesto a darle a la patilla. Tras unos 40 minutos de travesía llegamos a un pequeño paraíso donde no hay vehículos de motor salvo una línea de autobuses públicos. La isla se puede visitar con bicicletas o a pie perfectamente.

Marea baja en las marismas de Schiermonnikoog. Los palafitos son una de las señas de identidad de la isla.

¿Qué nos vamos a encontrar aquí? Lo más obvio es su exuberante naturaleza. Las dunas y los bosques son un lugar de cría y alimentación ideal para multitud de aves acuáticas que pasan aquí los veranos. Y también es un lugar de cría de la foca gris europea que vive en la zona gracias a la riqueza de la fauna marina del lugar. Pero también hay espacio para la actividad humana: una cultura isleña muy peculiar que puedes explorar a través de un par de museos de entre los que destaca la Casa Colonial (Badweg, 67A) un antiguo sanatorio de finales del XIX para niños con enfermedades infecciosas que hoy alterna su función como museo de historia con la de alojamiento. Otro punto importante de Schiermonnikoog es su papel estratégico como punto de acceso al Mar de Wadden.

Muro del Atlántico. Búnker alemán en la isla de Schiermonnikoog.

En las extensas playas que dan al Mar del Norte pueden verse restos del Muro del Atlántico, la línea de trincheras, búnkeres y baterías que construyeron los alemanes por toda la fachada atlántica europea (desde Francia hasta Noruega cubriendo más de 6.000 kilómetros de costa) para tratar de evitar la invasión aliada. En Schiermonnikoog puede visitar algunos de estos búnkeres y un pequeño museo sobre la ocupación alemana de este tramo de costa. Está muy bien planteado.

Fotos bajo Licencia CC: Sebastiaan ter Burg; Bert Kaufmann; Ruben Holthuijsen; Erik Tjallinks; Jim Forest; Rens Kokke; Theasijtsma; Kitty Terwolbeck

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