Un viaje por Lago Ohrid: De paso por Struga y base en la ciudad de Ohrid
El Lago Ohrid es uno de los espejos de agua más antiguos de toda Europa. En todos los sentidos. Los geólogos dicen que este espejo de agua comparte con el Titicaca y el Baikal el registro de ser uno de los lagos más antiguos del planeta. Y, además, ha sido el escenario de remotísimas civilizaciones con verdaderas ciudades de madera y adobe que ‘flotaban’ sobre las aguas mucho antes de que los troyanos huyeran para fundar la mismísima Roma. Casi nada. Por estas orillas bellísimas compartidas hoy por Macedonia y Albania (lado occidental) anduvieron los griegos y los romanos. Y también fue una de las cunas de la cultura eslava en un momento en el que cristianos y otomanos luchaban por el control de Los Balcanes. El Ohrid es uno de esos lugares que no deja a nadie indiferente. Uno de los pocos lugares de la vieja Europa donde se puede viajar como antes.
Aunque la ciudad más poblada de la zona es Struga (a 190 kilómetros de Skopie), aquí sólo haremos una pequeña parada para encontrarnos por primera vez con el Lago en el segundo nacimiento del Río Drin Negro, el más importante de Macedonia. Desde alguna de las ‘grandes’ playas de la ciudad puedes ver el Ohrid en todo su esplendor: un gran espejo de agua guarnecido por gigantes de caliza que se elevan hasta casi rozar los 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar (1.400 más que las aguas). Visitaremos el desagüe del Drin Negro, donde puedes ver cisnes y pelícanos pescando entre las islas de juncos y haremos una pequeña incursión urbana para ver la bonita Mezquita de Mustafa Çelebi (Vardar, sn), un edificio otomano del siglo XVI que es el gran monumento histórico de la ciudad. Y nos iremos hacia la ciudad de Ohrid, que nos servirá de base para explorar este rincón balcánico excepcional.
Qué ver en Orhid, la gran ciudad histórica de Macedonia del Norte.- Pequeña, intensa, maravillosa… Orhid es una de las piezas clave de la civilización humana en esta parte del mundo. Sólo hay que caminar un poco por sus calles adoquinadas entre casitas blancas para ir encontrando huellas de la historia que abarcan milenos y diferentes formas de entender el mundo. Si haces el esfuerzo de entrar a la vieja ciudad por la Puerta Superior (San Cirilo y San Metodio, sn), antiguo arco medieval abierto en muros con muchos siglos a cuestas, en unas decenas de metros te vas a topar con el Teatro Griego (Ilindenska) una construcción del siglo II antes de Cristo y que es el único de su tipo en todo el país (el resto de teatros clásicos macedonios son romanos). Así que estamos en el límite norte del mundo helénico. Muy cerca del teatro está la Fortaleza de Samuel (Kuzman Kapidan), un bonito castillo del siglo X que sirvió de corte y capital del Primer Imperio Búlgaro. Pero las piedras más antiguas de esta fortaleza se remontan al siglo IV antes de nuestra era.
Buena parte de los restos de la capital de los búlgaros se encuentran en lo alto de una gran peña sobre las aguas del río donde hoy reina el gran Monasterio de San Pantaleón de Ohrid (Kuzman Kapidan), una construcción del siglo XVI, y los restos de la Basílica de la Tetraconcha, uno de los tesoros arqueológicos más importantes del país. El curioso nombre de ‘Basílica de las Cuatro Conchas’ hace referencia a la planta del edificio en forma de cruz griega, que responde a los usos del Imperio Bizantino Temprano (siglos V y VI). Aquí puedes ver uno de los mosaicos paleocristianos más antiguos de Europa. Entre los viejos edificios y la sede de la Universidad (no entendemos como han podido construir algo moderno en este entorno) aparecen restos otomanos, búlgaros y romanos. Desde aquí se accede al gran tesoro patrimonial de Ohrid: la Iglesia de San Juan Kaneo (Kocho Racin). Esta iglesia construida justo en el límite del cantil sobre el lago data del siglo XIII y cuenta con impresionantes frescos y un peculiar estilo arquitectónico que combina lo bizantino con toques armenios. La vista de la iglesia desde lo alto de la peña es brutal.
La ciudad baja se arremolina en torno a la acrópolis monumental en una red de callejuelas sin orden ni concierto donde se amontonan esas casitas blancas tan características de la ciudad. Desde el Paseo de la Costa puedes ver los potentes muros que soportan la acrópolis y como la ciudad se encuentra con el lago a través de pequeñas calas de gravilla cuajadas de barcas de pescadores como la Playa Saraiste y embarcaderos a pie de casa. Una verdadera pasada que invita a costear. El gran hito monumental de esta zona es la Iglesia de Santa Sofía (Tsar Samoil, 88), una gran construcción del siglo X que sirvió de gran Catedral de aquella capital del Imperio como sede del Patriarcado de Bulgaria. Este edificio es una de las más importantes joyas patrimoniales de Los Balcanes. En si interior podemos ver pinturas murales de los siglos X, XI y XIII que sobrevivieron a su conversión en mezquita durante la dominación otomana.
En torno a la gran catedral se apelotonan los grandes edificios civiles vinculados a las grandes familias de la historia de la ciudad. Algunos se han convertido en museos como la Casa de Hristo Uzunov (Tsar Samoil, 49), una casona del XIX que fue residencia de uno de los héroes de la independencia del país, o la Casa de la Familia Robevci (Tsar Samoil, sn). Desde aquí puedes ir hasta el Puerto de Orhid tras salir de las murallas por la Puerta Inferior, para hacer una de las fotos más bonitas del casco histórico.
La Plaza de San Clemente y el Bazar Otomano.- El entorno del Bulevar Makedonski Prosvetiteli sirve de nexo entre el casco histórico y la ciudad moderna. Y también es el lugar donde más se notan los siglos de dominación otomana sobre la vieja Ohrid. El tramo de callejuelas que media entre la Plaza de San Clemente y la Plaza de la República de Kruševo aún lleva el nombre de Bazar Otomano y sigue siendo la arteria comercial de la localidad por antonomasia. También es la zona donde se acumulan los edificios más notables del periodo de dominación turca. El más importante es la Mezquita de Alí Pasha (San Clemente, sn), un magnífico templo islámico del siglo XVI que sigue los esquemas del periodo clásico estambulí y que es hermosa por fuera e impresionante por dentro. Otros rastros turcos en la zona son la Torre del Reloj (Nada Fileva, 6) y la Mezquita de Abedin Pasha (República de Kruševo, sn). Justo en frente de esta última puedes ver el Árbol de Chinar, un plátano asiático de más de 1.000 años de edad que es el epicentro de muchas historias y leyendas locales.
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