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Sobre este blog

Amberes es una revista digital volcada en la divulgación de contenidos culturales y con un especial interés en los nombres y eventos de la escena santanderina.

Emulando la vocación comercial de la ciudad que le da nombre, nuestra revista aspira a transformarse en un polo de intercambio no ya de bienes tangibles, sino de una serie infinita de ideas cuyo anclaje se encuentra en las manifestaciones culturales más dispares. Nuestro propósito es acercarnos a éstas sin miedo para mediar entre ellas y nuestros lectores.

'La casa es negra': un mundo lleno de fealdad

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Amberes es una revista digital volcada en la divulgación de contenidos culturales y con un especial interés en los nombres y eventos de la escena santanderina.

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«Debemos rebasar nuestra rabia y nuestro asco, debemos hacerlos compartir, para elevar y ensanchar tanto nuestra acción como nuestra moral.» (René Char, Hojas de Hipnos, 1944)

El asco es una emoción visceral. La fisiología lo presenta como una reacción automática, innata, ante aquello que nos puede infectar o dañar (lo putrefacto, lo repugnante), y que se expresa con el vómito. El asco es, en su forma primera, un mecanismo evolutivo de supervivencia, como señaló Charles Darwin en La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (1872).

Además de una reacción fisiológica, el asco es también una construcción social con una inequívoca dimensión cognitiva, moral, política. Martha Nussbaum afirma en Paisajes del pensamiento. La inteligencia de las emociones (2001) que el asco no es un simple desagrado: un olor desagradable produce asco dependiendo de la idea que el sujeto tenga del objeto que desprende ese olor. El asco está vinculado a las ideas que tenemos sobre las cosas (su naturaleza, su origen); así, las secreciones que genera nuestro propio organismo no son asquerosas mientras están dentro de nuestro cuerpo, pero sí lo son en cuanto salen de él. Quizá las lágrimas sean la única excepción.

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