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Bombonas, sillas y bolsas de basura: más de mil kilos de residuos ocultos en una cavidad de Picos de Europa

Elsa Cabria

11 de agosto de 2026 21:00 h

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Sillas, bombonas, gran número de bolsas de plástico, vidrios, metales y basura orgánica llevaban décadas ocultos, a unos 35 metros en el interior de una estrecha cavidad de alta montaña, en la zona cántabra del Parque Nacional de los Picos de Europa, que ocupa 14.973 hectáreas, de las 66.030 hectáreas totales de uno de los parques más visitados de España.

Y no es la única ubicación con residuos acumulados durante muchos años en el Parque Nacional, anticipan desde la Federación Cántabra de Deportes de Montaña y Escalada (FCDME), que tiene constancia de más puntos, por otras personas conocedoras del parque.

Los residuos localizados han permanecido mucho tiempo a menos de cinco kilómetros del teleférico de Fuente Dé, en una cavidad no visible a simple vista, pero en un entorno frecuentado por montañeros y visitantes hasta que a finales de julio de 2026, empezaron a ser recogidos por un grupo de especialistas en montaña y espeleología, apoyados por voluntarios ambientales. En total, retiraron más de mil kilos de basura, en alrededor de ocho sacas, de una sima –o abismo vertical– de complejo acceso. Y falta por sacar solo de esa grieta.

La Federación Cántabra de Montaña cambió de directiva en 2024 y fue entonces cuando el nuevo equipo supo de la cavidad a través de montañeros expertos. Entonces, decidió que sacaría la basura de la grieta que, subrayan, llevaba muchas décadas ahí, no era de los últimos años.

“Enseguida vimos que no era una limpieza convencional, era un lugar de muy difícil acceso”, sintetiza Sara Novoa, vicepresidenta de la Federación, sobre una actuación se realizó a unos 2.350 metros de altitud, en un terreno kárstico, y para llegar hasta los residuos había que acceder por una grieta estrecha.

“Cuando finalmente pudimos acceder y ver lo que había, nos sorprendió. Pensábamos que íbamos a encontrarnos una acumulación puntual y nos encontramos con muchos más residuos de los que esperábamos, además muy antiguos y deteriorados por el paso de las décadas”, explica Novoa. “Encontramos bolsas cerradas, que no abrimos”.

La Federación Cántabra de Deportes de Montaña promovió y planificó la retirada, que realizó un equipo de técnicos de la FCDME, junto con voluntarios expertos en alta montaña y la Federación Cántabra de Espeleología, cuyo apoyo, advierte Novoa, ha sido fundamental, por su conocimiento del medio subterráneo, su experiencia y el personal especializado que puso a disposición de forma altruista.

La FCDME recaudó algo de dinero por su cuenta y luego pidió una subvención al Proyecto LIBERA, creado por SEO/BirdLife en alianza con la empresa privada de gestión de residuos Ecoembes, de 1500 euros. Después, pidió apoyo a Protección Civil para la incursión en la cavidad, además de la empresa pública de gestión de residuos Mare, que ha participado junto con la empresa pública de turismo Cantur y el Parque Nacional. Sobre las otras localizaciones donde hay residuos, Novoa es cauta: “De momento vamos poco a poco, según nuestra limitada financiación nos permita”.

Un plan rector que regula los residuos

La retirada de residuos en la vertiente cántabra del Parque Nacional por parte de las dos federaciones ha precedido, con escasos días de diferencia, a la aprobación del decreto del Gobierno de Cantabria que regula el primer Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del Parque Nacional de los Picos de Europa. El PRUG ha sido publicado en el Boletín Oficial de Cantabria el 4 de agosto, meses después de que primero Castilla y León y después Asturias, aprobasen sus decretos reguladores. Es decir, ahora Cantabria ya regula la gestión de residuos en Picos.

El primer plan rector en la historia del Parque tiene sus particularidades por cada autonomía, pero sustancialmente funciona de igual forma en las tres comunidades. En lo que respecta a residuos, marca restricciones a los visitantes y pone responsabilidades a las administraciones públicas: prohíbe, en todo el Parque, “el vertido, almacenamiento, depósito, abandono, enterramiento o incineración de basuras, residuos de construcción y demolición, plásticos, materiales de desecho, realizados de manera incontrolada” o fuera de los lugares permitidos. Además, para restaurar los hábitats degradados, el plan también explicita que habrá que “eliminar los vertederos existentes retirando los escombros y las basuras presentes y restaurando el enclave posteriormente”.

“Refuerza los aspectos de conservación y gestión ambiental, incluyendo la eliminación de residuos y la limpieza de terrenos, algo especialmente relevante para los residuos históricos existentes en determinadas zonas de alta montaña”, valora Sara Novoa.

A excepción de las zonas de uso restringido, que su tránsito es muy limitado, y de las de reserva, que implican el máximo grado de protección, cada visitante será responsable de los residuos que genere durante la visita al resto de zonas. Además, los propietarios de terrenos podrán alcanzar un acuerdo con la administración gestora del Parque “para la eliminación de residuos y retirada de infraestructuras obsoletas o con impacto sobre el paisaje”.