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REPORTAJE

La efímera historia del Banco de Torrelavega: la estrategia de Botín y los industriales locales para competir con el Mercantil

Santiago Sañudo, un industrial de Torrelavega, se quejó de la comisión que le exigía el Banco Mercantil. “Si no está de acuerdo con lo que le ofrezco, ponga usted un banco”, le espetó el director. Así lo hizo. En la primavera de 1920 se convirtió en accionista fundador del Banco de Torrelavega junto a un grupo de empresarios y comerciantes que necesitaban créditos para financiar el comercio y la pequeña empresa local y que capitalizaron el descontento con el trato y las condiciones de la sucursal Mercantil.

La localidad cántabra de Torrelavega tuvo su propio banco durante 22 años, desde que abrió su primera sede en el Boulevard, junto al entonces Hotel Bilbao, y se festejó descorchando botellas de champagne. Una iniciativa para entorpecer el camino del Mercantil. El final de la efímera aventura acabó con un final feliz para el Banco Santander, que absorbió al Banco de Torrelavega en 1946.

Cuando prende esta iniciativa, la actividad en el Mercado Nacional de Ganados de Torrelavega era de notable importancia en una ciudad que no alcanzaba los 20.000 habitantes y donde se estaban instalando fábricas como Solvay, que empezó a producir en 1908, la Mina de Reocín o la Real Compañía de Minas Asturiana, además de empresas locales muchas de ellas relacionadas con la repatriación de capitales de ultramar, como apunta el historiador local Tomás Bustamante en su libro sobre la historia del Banco de Torrelavega.

En la ciudad había dos notarios, once escuelas públicas y tres colegios particulares, tres molinos de harina, una fábrica de hielo y tres de gaseosa, tres cafés donde se celebraban tertulias -El Cantábrico, El Moderno y El Pueblo-, dos imprentas y un servicio de carruajes a Suances, Comillas y San Felices de Buelna.

Así era Torrelavega antes de los años 20, cuando un grupo de empresarios comenzó a reunirse en la Cámara de Comercio y decidió crear su propio banco. Acordaron pedir consejo a Emilio Botín López, bisabuelo de Ana Botín, actual presidenta del Banco Santander. Tras algunas visitas en su finca de Puente San Miguel y debates en la tertulia de la farmacia de los portalones, en la Plaza Mayor, Botín dio con la solución. Crear una filial del Banco Santander “en Torrelavega y para Torrelavega” suscrito a la mitad entre la entidad financiera y los vecinos de la ciudad.

Al fin, en la primavera de 1920 se constituyó el Banco de Torrelavega con un capital inicial de dos millones de pesetas divididos en 8.000 acciones. La sociedad financiera operaba de manera independiente al Santander, aunque a lo largo de los 22 años de vida sufrió tres intentos de absorción por parte de Botín.

Los principales accionistas fueron el propio Santiago Sañudo, industrial del calzado; su amigo el médico Ramón Miguel y Crisol; el farmacéutico Hemenegildo Fernández, con despacho en la Plaza Mayo;, el comerciante de coloniales Herminio Azcárate, que tenía una tienda de ultramarinos en la calle de Consolación; el propietario de la fábrica de calzado 'La montaña rosa de los vientos', José Molleda Ugarte; y un indiano con propiedades en Filipinas, José Arce López, que fue el primer presidente del Banco. Además, formaban parte de la nómina de fundadores significados comerciantes como Pedro Matías Gómez-Sánchez, Fidel Ramón Palacio y Jacobo Díaz Iglesias, junto a tres representantes del Banco Santander.

El acuerdo entre el Santander y los empresarios del Besaya incluía una cláusula que impedía a ambas partes crear sucursales, agencias o asociarse con otra entidad bancaria.

Caja de ahorros

El banco abrió la oficina de su primera sede en el Boulevard y 18 años después inauguró un edificio propio en la calle José María Pereda, esquina con Menéndez Pelayo, que fue un acontecimiento social. Ese día se sorteraron 50 cartillas de ahorro con 15 pesetas entre los alumnos de las escuelas de la ciudad.

Dentro del banco operaba una Caja de Ahorros que admitía imposiciones desde una peseta a cambio de un interés del 3% anual y se regalaba un reloj-hucha. En 1933, la entidad tenía 3.057 cartillas de ahorros.

Uno de los primeros créditos que dio el banco fue a la Sociedad Gimnástica en 1921. En la navidad 1922 tocó el segundo premio de la lotería, diez millones de pesetas muy repartidos, que muchos vecinos ingresaron en la ventanilla del Banco de Torrelavega. En 1923 prestó 500.000 pesetas al Ayuntamiento para el pabellón de ganados, un parque de bomberos y obras en las escuelas de Sierra, Viérnoles y Campuzano.

Sucursales en Cabezón y Molledo

A lo largo de su existencia el Banco de Torrelavega abrió dos sucursales. La primera, en 1924 en Cabezón de la Sal, en el cruce de la carretera de Torrelavega hacia Carrejo. La otra, dos años después, en Molledo de Portolín. CabezÓn tenía entonces 1.815 habitantes y además de ferrocarril tenía estafeta de correos, teléfono y telégrafo. Allí, en banco financió, entre otras iniciativas, las obras de abastecimiento de agua a la villa después de que el Mercantil hubiese negado el crédito a la Corporación local.

La decisión de abrir oficina en Molledo se debió a la importancia del valle de Iguña con empresas como Hilaturas de Portolín, con 110 trabajadores, Electra del Besaya en Bárcena de Pie de Concha, o la fábrica de quesos Collantes. El Banco paralizó su actividad durante la Guerra Civil que dividió España en dos mitades, al punto de que existieron dos pesetas diferentes.

El final del Banco de Torrelavega llegó pocos años después. La entidad financiera que nació en la primavera de 1920 dejó de existir en otra primavera, la de 1942, cuando se aprobó, después de varios intentos, la absorción amistosa por parte del Banco Santander. Una acción del Banco de Santander por una del Banco de Torrelavega.

Según narra el historiador Tomás Bustamante, fue personalmente Emilio Botín Sanz de Sautuola quien, junto al consejero y fundador del Banco de Torrelavega, Santiago Sañudo, “visitaron uno a uno a los accionistas para prometerles y convencerles de la bondad de la operación”.

La breve historia del Banco de Torrelavega, apoyada por el Santander para quedarse con el negocio del Mercantil, tuvo aquí su punto final y pasó a engrosar la estructura de la entidad de los Botín, que fue creciendo hasta consolidarse como una referencia internacional.