La salud mental de las personas trans: 100 días sin psicóloga y meses de espera para una nueva cita
“Mi hijo me dijo que había pensado en morirse para nacer de nuevo como un chico”. El día que el hijo de Antonia (nombre ficticio), con 12 años, le dijo esto en abril de 2026, su madre dejó de trabajar temporalmente para atenderle. Para ese momento, llevaba el niño un año desde que se identificó como niño y seis meses sin cita con la única psicosexóloga que hay en la unidad de género del Sistema Cántabro de Salud (SCS).
En 2025, el hijo de Antonia fue remitido a la unidad especializada del SCS por su pediatra de Valdecilla. Tuvo dos citas ese año. La última fue en octubre. De finales de noviembre a inicios de abril, no hubo citas de psicosexología para personas trans porque la plaza se quedó vacante. “Iba a preguntar y me decían que había mucha gente esperando y no podían hacer nada”, dice que le respondieron sobre una unidad que no solo atiende a personas trans. En ese largo periodo, su hijo se deprimió, “tenía pensamientos suicidas” y acudió a Alega, la asociación que representa a la diversidad sexual y de género. Hasta mayo no tendrá la tercera cita en el sistema público.
Hasta el 9 de marzo de 2026, las citas no se reactivaron y la plaza de psicosexóloga para Cantabria estuvo vacante: habían pasado 104 días sin atención psicológica, según los cálculos de varias madres. El colectivo Alega y familias afectadas exigen una reforma del protocolo de Valdecilla para garantizar la asistencia psicológica a personas trans. Además, proponen la creación de una unidad con personal especializado en acompañamiento trans.
La vacante de la psicosexóloga, piedra angular del tratamiento, provocó un vacío que no se ha resuelto: desde abril hay citas de nuevo con la sustituta, pero los más de tres meses sin psicóloga han impactado en la salud mental de las personas y ahora hay retrasos de meses en la atención. Esto ha provocado críticas porque detectan falta de especialización de la profesional sustituta en su manera de dirigirse a las personas.
“Es psicosexóloga, pero no es especializada en tratamiento trans”, cuestiona Luca González, vocal del grupo llar, trans y no binario, de Alega.
El 25 de noviembre de 2025, Jimena (nombre ficticio) recibió un whatsapp de la psicosexóloga del Sistema Cántabro de Salud que había acompañado durante los últimos tres años mensualmente a su hija de 13 años. Le informaba de que dejaba la plaza. La madre, sorprendida porque no se lo esperaba, le deseó suerte. Jimena advierte de que fue presencialmente a preguntar a la unidad de género y envió correos sin respuesta al hospital Valdecilla denunciando la situación.
Ni Jimena ni Antonia están convencidas con la nueva psicosexóloga, en la que aprecian una falta de empatía hacia los casos y Jimena asegura además hablar en nombre de otro adulto más con la misma impresión. “Si eres tan susceptible te va a ir mal en la vida”, dice Jimena, que escuchó decirle a la nueva psicosexóloga en su primera cita con su hija. “Yo no veía ni pies ni cabeza en la manera de tratar a a una niña que acababa de conocer”.
La atención de personas trans conlleva una atención integral, incluyendo acompañamiento psicológico. Desde 1991, el Centro de Salud Sexual y Reproductivo La Cagiga, en el Hospital de Valdecilla, en Santander, incluye la única unidad de género de Cantabria, atendiendo a personas trans “en sus procesos de definición, afirmación y vivencia”.
Pero los recursos de atención se han ido mermando: La Cagiga atendió 195 personas trans, entre 2015 y 2021 (últimos disponibles), según documenta la el SCS . La Consejería no ha facilitado información a elDiario.es.
Desde 2018, en Cantabria, existe un protocolo de atención a las personas trans. Fue consensuado entre varios profesionales, como el primer psicosexólogo (de los tres que han pasado por la unidad), y Alega, entre otros. Ahora, el colectivo de personas trans de Alega demanda una actualización del documento: “Cuando se vaya esta psicosexóloga, volverá a pasar lo mismo. Y lo que implica es el el paro del tratamiento de muchas personas”, cuestiona Luca González, quien ha conocido al menos una decena de quejas recientes del servicio de La Cagiga.
A la privada como alternativa involuntaria
“Necesitaba una estrategia para trabajar con mis padres, que son gente de mente muy cerrada, necesitaba hacerlo porque iba a empezar a tener cambios físicos y prepararme para las reacciones”. Juan (Nombre ficticio) tiene casi 30 años y tampoco obtuvo la estrategia en el servicio público psicosexológico: pasó tres meses sin asistencia, le cancelaron su cita de enero, también presentó una reclamación en Atención al Paciente de Valdecilla y cuando fue atendido por la nueva profesional en marzo, la sesión dice que duró “unos veinte minutos”.
Por la falta de continuidad, decidió empezar con una psicóloga especializada en consulta privada. Ya lleva dos sesiones, pero reivindica el servicio público. Matiza que no responsabiliza a la nueva psicosexóloga, si no al Sistema Cántabro de Salud, en un momento en el que necesita particularmente el acompañamiento con sus padres, porque la siguiente cita será en junio.
Desde Alega ven una posible solución, que ya plantean en el capítulo sanitario en su Estrategia LGBT 2025-2027: crear una unidad trans que incluya todas las especialidades para “con una formación adecuada, tratar con unos tiempos de espera adecuados”.