La plaza tomada

“Las plazas son necesarias para airear las ciudades y los pueblos, pero las plazas también son para ser tomadas por nosotros y nosotras”. David Remartínez, el fino y afinado periodista temporalmente cántabro, coyunturalmente asturiano y profundamente maño, terminaba así la multitudinaria conversación con Nieves Concostrina en Felisa 2022 y, de alguna manera, inauguraba un nuevo tiempo en la Plaza Porticada. “Nunca imaginé que todo esto pasara aquí, en mi ciudad, en esta plaza”, le decía una lectora entusiasta a Nieves en la caseta de firmas. “Se ve tan bonita cuando estamos”, aseguraba otra mujer mientras miraba a esas casi 600 personas dispuestas a que su ciudad fuera suya, a que los espacios públicos sean para la cultura y que la cultura esté “aplabrada y emplazada”, como expresaba otro de los invitados a esta 41 edición de la Feria del Libro de Santander y de Cantabria.

Pasear con un delfín dentro

Saber más

La plaza tomada. Tomada por un ambiente festivo en el que cada cual encuentra su sitio y en el que hay quien no lo podrá encontrar jamás. Diversidad humana, diversidad de opiniones, diversidad de géneros, diversidad de capacidades y funciones, diversidad. No toda. No siempre. Faltan colores en las pieles que, como mucho, aparecen enrojecidas por el sol o tostadas por el lento paso del tiempo junto al mar. Pero el hilo de la vida teje poco a poco.

Javier Torre-Aguado dio ayer varias puntadas conectando Santibáñez o Villacarriedo con lo que ahora llamamos Estados Unidos. Eva Guillermina Fernández, la que ahora es directora general de Cultural del Ayuntamiento de Santander volviendo a su labor de tejedora cultural, eso que ha hecho durante tantos años en esta bahía con una ciudad pegada. Mónica López haciendo que niñas y niñas entiendan que los libros son naves mágicas diseñadas a medida de cada cual. Roqui Albero y Ana Sanahuja, los versonautas galácticos, metiéndonos en una especie de trance poético y musical a los que no todos los aprendices de plazas están dispuestos a entrar…

La plaza tomada con el afán del tiempo suspendido y acelerado al tiempo. Cada día parece tener su propio hilo. No buscado, por cierto. Provocado, quizá por las energías de las fiestas ciudadanas, de esas fiestas de campa de antaño en las que pasas a contagiarte, a contaminarte sin miedo a lo diferente. Las puntadas gruesas de ayer las dieron en Felisa Nieves Concostrina y David Remartínez. El segundo, de vuelta a la que fue su hogar, Santander, para provocar de forma inteligente a quien poca provocación necesita. “Es impresionante cómo funciona tu cabeza, cómo conecta nombres, fechas, temas…”, le decía a Nieves Concostrina. Y ella se confesaba emocionada de esos centenares de personas conectadas a su voz, a su relato, a sus verdades.

La plaza tomada con sus rituales. La cerveza de media tarde con un poemario de José Hierro en el Café Literario. La búsqueda del libro indómito que se resiste a salir de su guarida. La autora invitada que sonríe con la limpieza de quien no tiene miedo. Y la fila de firmas. Concostrina sumó una hora y media de firmas, fotos y cariño. 

 -¿Estás cansada?

- Imposible…. Esta gente es maravillosa. Hacen el esfuerzo de comprar el libro, vienen a la charla y encima aguantan más de una hora en una cola…. Todo el mérito es de los que han llenado la plaza.

 La plaza tomada. Y quedan cuatro días para que bajo las inmensas y frías losas comience a germinar la Feria de 2023. 

“Las plazas son necesarias para airear las ciudades y los pueblos, pero las plazas también son para ser tomadas por nosotros y nosotras”. David Remartínez, el fino y afinado periodista temporalmente cántabro, coyunturalmente asturiano y profundamente maño, terminaba así la multitudinaria conversación con Nieves Concostrina en Felisa 2022 y, de alguna manera, inauguraba un nuevo tiempo en la Plaza Porticada. “Nunca imaginé que todo esto pasara aquí, en mi ciudad, en esta plaza”, le decía una lectora entusiasta a Nieves en la caseta de firmas. “Se ve tan bonita cuando estamos”, aseguraba otra mujer mientras miraba a esas casi 600 personas dispuestas a que su ciudad fuera suya, a que los espacios públicos sean para la cultura y que la cultura esté “aplabrada y emplazada”, como expresaba otro de los invitados a esta 41 edición de la Feria del Libro de Santander y de Cantabria.

Pasear con un delfín dentro

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La plaza tomada. Tomada por un ambiente festivo en el que cada cual encuentra su sitio y en el que hay quien no lo podrá encontrar jamás. Diversidad humana, diversidad de opiniones, diversidad de géneros, diversidad de capacidades y funciones, diversidad. No toda. No siempre. Faltan colores en las pieles que, como mucho, aparecen enrojecidas por el sol o tostadas por el lento paso del tiempo junto al mar. Pero el hilo de la vida teje poco a poco.

Javier Torre-Aguado dio ayer varias puntadas conectando Santibáñez o Villacarriedo con lo que ahora llamamos Estados Unidos. Eva Guillermina Fernández, la que ahora es directora general de Cultural del Ayuntamiento de Santander volviendo a su labor de tejedora cultural, eso que ha hecho durante tantos años en esta bahía con una ciudad pegada. Mónica López haciendo que niñas y niñas entiendan que los libros son naves mágicas diseñadas a medida de cada cual. Roqui Albero y Ana Sanahuja, los versonautas galácticos, metiéndonos en una especie de trance poético y musical a los que no todos los aprendices de plazas están dispuestos a entrar…

La plaza tomada con el afán del tiempo suspendido y acelerado al tiempo. Cada día parece tener su propio hilo. No buscado, por cierto. Provocado, quizá por las energías de las fiestas ciudadanas, de esas fiestas de campa de antaño en las que pasas a contagiarte, a contaminarte sin miedo a lo diferente. Las puntadas gruesas de ayer las dieron en Felisa Nieves Concostrina y David Remartínez. El segundo, de vuelta a la que fue su hogar, Santander, para provocar de forma inteligente a quien poca provocación necesita. “Es impresionante cómo funciona tu cabeza, cómo conecta nombres, fechas, temas…”, le decía a Nieves Concostrina. Y ella se confesaba emocionada de esos centenares de personas conectadas a su voz, a su relato, a sus verdades.

La plaza tomada con sus rituales. La cerveza de media tarde con un poemario de José Hierro en el Café Literario. La búsqueda del libro indómito que se resiste a salir de su guarida. La autora invitada que sonríe con la limpieza de quien no tiene miedo. Y la fila de firmas. Concostrina sumó una hora y media de firmas, fotos y cariño. 

 -¿Estás cansada?

- Imposible…. Esta gente es maravillosa. Hacen el esfuerzo de comprar el libro, vienen a la charla y encima aguantan más de una hora en una cola…. Todo el mérito es de los que han llenado la plaza.

 La plaza tomada. Y quedan cuatro días para que bajo las inmensas y frías losas comience a germinar la Feria de 2023. 

“Las plazas son necesarias para airear las ciudades y los pueblos, pero las plazas también son para ser tomadas por nosotros y nosotras”. David Remartínez, el fino y afinado periodista temporalmente cántabro, coyunturalmente asturiano y profundamente maño, terminaba así la multitudinaria conversación con Nieves Concostrina en Felisa 2022 y, de alguna manera, inauguraba un nuevo tiempo en la Plaza Porticada. “Nunca imaginé que todo esto pasara aquí, en mi ciudad, en esta plaza”, le decía una lectora entusiasta a Nieves en la caseta de firmas. “Se ve tan bonita cuando estamos”, aseguraba otra mujer mientras miraba a esas casi 600 personas dispuestas a que su ciudad fuera suya, a que los espacios públicos sean para la cultura y que la cultura esté “aplabrada y emplazada”, como expresaba otro de los invitados a esta 41 edición de la Feria del Libro de Santander y de Cantabria.

Pasear con un delfín dentro

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La plaza tomada. Tomada por un ambiente festivo en el que cada cual encuentra su sitio y en el que hay quien no lo podrá encontrar jamás. Diversidad humana, diversidad de opiniones, diversidad de géneros, diversidad de capacidades y funciones, diversidad. No toda. No siempre. Faltan colores en las pieles que, como mucho, aparecen enrojecidas por el sol o tostadas por el lento paso del tiempo junto al mar. Pero el hilo de la vida teje poco a poco.