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Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo

Postpunk

La editorial argentina Caja Negra es la principal responsable de la publicación de Simon Reynolds en nuestro idioma. Hasta el momento han publicado Retromanía , Después del rock , Como un golpe de rayo , y el título que hoy nos ocupa, Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo. Además les tenemos que agradecer la publicación de los libros de Johyn Waters, y más cosas de las que hablaremos en el futuro.

En Postpunk Reynolds sostiene que el movimiento supuso una verdadera revolución a diferencia del punk: primero porque no fue rápidamente engullido y mercantilizado como éste y, segundo porque su filosofía estaba más desarrollada que el impulso nihilista del no future. Y, resulta obvio: musicalmente nos legó bandas maravillosas como Joy Division, Pere Ubu, The Slits, Wire o The Fall, por nombrar unas cuantas.

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The Front (La Tapadera)

The Front

Uno de los episodios censores más bochornosos de la historia reciente es la Caza de Brujas del senador MCCarthy, un tipo que haría las delicias de algunos: anti comunista furibundo, jesuita, demagogo, paranoico y alcohólico: el tertuliano ideal en cualquier cadena de TV. El bueno de McCarthy se puso la constitución de los EEUU por montera y decidió que eso de la libertad ideológica estaba sobrevalorado y que había comunistas infiltrados en todos los estratos sociales, pero especialmente en el cine. Sorprende un poco, o no, que en The Land of the Free se impusiese la llamada desde entonces ‘Falacia McCarthy’ que se trata, básicamente, de sostener la verdad de una proposición alegando que no existe prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad (o la negativa) de un oponente a presentar pruebas convincentes de lo contrario. Esto, llevado a la práctica, suponía tener que demostrar tu inocencia ante una falaz acusación de ser sospechoso de simpatizar con los rojeras. No se le llamó Caza de Brujas por gusto.   

A lo largo de los años se han sucedido las películas que denuncian la época del McCarthismo, sin ir más lejos, hace un par de años destacó Trumbo (Jay Roach, 2015), uno de los que formó parte de la lista negra del Comité de Actividades Anti americanas; o hace unos años, Buenas Noches y Buena Suerte, dirigida por George Clooney y que relata la pelea abierta entre Edward Murrow y Mc Carthy. Hay otra, menos conocida pero más destacable, titulada La tapadera ( The Front)  dirigida en 1978 por Martin Ritt (que sufrió en sus carnes las iras de McCarthy) y protagonizada por Woody Allen, en uno de esos extraños casos en los que no se dirige él mismo. En La Tapadera, Woody Allen es un cajero de un ultramarinos que se deja enredar por un guionista que está en la lista negra para que aparezca como autor de sus guiones (para ser la tapadera); el guión resulta un éxito, el tipo empieza a disfrutar de la fama pero también a sufrir en primera persona la presión de la censura. Una comedia dramática tan simbólica como explícita, con un trasfondo dolorosamente real, tanto Ritt como el guionista Walter Bernstein había estado en esa vergonzosa lista. No es de extrañar pues que rezume rabia y bilis, ya que se trata de un ajuste de cuentas a toro pasado, con ese icónico alegato final rematado con el famoso "And furthermore, you can all go fuck yourselves"  


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Kikagaku Moyo. Forest of Lost Children (2014)

Moyo

Que la psicodelia está de moda es algo que no se le escapa a nadie. Después de años burbujeando en el underground, grupos como Black Angels o King Gizzard lo petan en grandes festivales, y a los medios se les llena la boca con palabras como escena, referentes o neo-leches. Dentro de la turba psych encontramos bandas realmente interesantes que se aproximan a los parámetros de la psicodelia desde un enfoque abiertamente folk, como el grupo que nos ocupa, Kikagaku Moyo. Si buscásemos un parecido razonable cerca, encontraríamos a nuestros Melange,  con los que comparten puntos incuestionables. Pero, proviniendo de Tokio, el sabor resulta refrescantemente distinto.  

 

Si lo que ansiáis es fuzz, química y vértigo, seguid circulando. En Flowers Of Lost Children se apuesta por una intrigante perspectiva del lado calmado de las cosas. Habrá puristas (creedme; los hay) que los acusen de traicionar la forma más pura de experimentación, pero Kikagaku Moyo  proponen una  aproximación simplista, casi minimalista, de paisajes evocadores y estructuras basadas en drones en temas como "Kodama" o "Smoke And Mirrors" Es cierto  que rebuscan en el pasado, no esperéis innovaciones; pero a quién le importa, realmente. Cuando aprietan un poco las válvulas, en temas como "Streets of Calcutta", me traen a la mente a unos Hawkwind sitarizados, o en "Hem", con una hipnotizante guitarra que les acerca a sus compatriotas Acid Mothers Temple. 

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El Combate

El Combate

El Combate del Siglo.

La fecha: 30 de Octubre de 1974. George Foreman, actual campeón de los pesos pesados: 40 combates, 40 victorias, 38 de ellas por K.O. Su rival, 8 años mayor, Muhammad Ali, un viejo de 32 años. Un héroe y un villano. Un bocazas, un mesías.

El lugar: Kinshasa, antiguo Zaire, una ciudad atravesada por el río Congo, el río que volvió loco al Kurz del Corazón de las Tinieblas. La capital de un país tiránicamente dominado por el dictador Mobutu; en voz baja se comenta que debajo del ring se encuentran enterrados miles de opositores. 

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Pequeño Gran Hombre

little big man

Al hilo del libro de Alce Negro, recuperamos una película que puso el foco en la persperctiva del indio nativo y denunció el genocidio norteamericano.

Sin ninguna duda se trata de un producto de su época, en pleno conflicto de Vietnam. Arthur Penn ya había revolucionado el mundo del cine dando el pistoletazo de salida al nuevo Hollywood con Bonnie & Clyde. No era novato en el tema western, ya había retorcido sus estereotipos con El Zurdo, western de corte psicológico en el que reviertía el mito de Billy El Niño. No contento con eso se propone un ejercicio desmitificador del género en conjunto, Pequeño Gran Hombre, y de paso reivindicar la figura del indio nativo ante el imperialismo que da significado y origen al pueblo americano. Si las distintas películas de Penn ilustran las etapas de la evolución de los USA a Pequeño Gran Hombre le corresponde el genocidio como reflejo de un pueblo, tema de rabiosa actualidad allá en 1970. Nos enfrentamos a un film ambicioso y atrevido que cuestiona el universo del viejo western.

 El film relata de forma retrospectiva (valiéndose de un largo flash-back), las múltiples aventuras y peripecias  de Jack Crabb, que comienzan cuando él era un niño adoptado por los Cheyennes (los seres humanos, como ellos se autodenominan) después de que asesinaran a sus padres en la caravana donde viajan y que terminan justo después de la batalla de Little Big Horn. Durante ese periodo, el joven Crabb vive todo tipo de aventuras y desventuras, pivotando unas veces hacia el lado de los indios y otras tantas hacia el lado de los blancos, en una época convulsa y violenta pero apasionante al mismo tiempo. Es una historia de mundos que desaparecen, no solamente el de los indios de las Grandes Praderas, sino también el del salvaje Oeste en general, el de los pioneros, los cazadores de bisontes o los pistoleros. Y Jack Crabb se encuentra inmerso de lleno en ese proceso de extinción, al que suele llegar por medio de cómicas casualidades, viviéndolo además desde ambas orillas y sintiéndose un ser desarraigado y perdido. No es que los indios lo rechacen por ser blanco ni que los blancos le rechacen por ser medio indio. Más bien es él mismo el que no encuentra su lugar en el mundo.

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Alce Negro Habla

Cuando era un chaval siempre quise ser indio. La idea de cabalgar libre de ataduras, lanzar flechas y vivir en contacto íntimo con la naturaleza hacía que me identificase con el nativo antes que con el cowboy (¿Alguien se acuerda de El Guerrero Místico?). Sin embargo, la idea que nos vendían las películas del oeste del piel roja era siempre mezquina y sesgada. Salvajes, traicioneros, borrachuzos. Sus historias, sus creencias, su cultura, simplemente no merecían ser contadas. Esto, ya sabemos, cambió notablemente de la mano de los cineastas ligados a la contracultura de los años sesenta, con películas como Pequeño Gran Hombre o Soldado Azul. Pero mucho antes, en los años 30, el escritor y poeta John G. Neihardt escribió (o transcribió) la historia de Alce Negro, un curandero Oglala (los mal llamados Sioux), cuya historia cambió la percepción de la cultura indígena para muchos rostros pálidos. Descatalogado durante años en nuestro idioma, la editorial Capitán Swing recupera este conmovedor relato en una edición exquisita, anotada y con una serie de apéndices que contextualizan la narración. Cuando Neihardt se acercó por vez primera a Alce Negro posiblemente solo esperaba encontrar un testigo de primera mano de los tiempos de Caballo Loco; lo que se encontró superó todas sus expectativas. Alce Negro se mostró dispuesto (más bien deseoso) a relatar sus vivencias, que incluían episodios como la Batalla de Little Big Horn, el asesinato de Caballo Loco que era su tío en realidad, la masacre de Wounded Knee o la gira de Buffalo Bill por Europa (impagable el recuerdo de la Reina Victoria). La narración es evocadora y se hace amena gracias al sencillo y socarrón estilo de Alce Negro, pero lo más destacable son las visiones, las invocaciones, los rituales sagrados y revelaciones espirituales del protagonista, complejas en su recreación pero verdaderamente absorbentes. El libro no deja de ser una narración de dichas visiones que le llevan a transformarse en hombre santo, con la intención de ayudar a su pueblo en el declive del mismo debido al hostigamiento del ejército. Tenemos aquí un testigo de excepción de los esfuerzos militaristas por exterminar a los nativos americanos, y un sinfín de tratados rotos unilateralmente.

En ocasiones se ha acusado a Neihardt de reinterpretar la historia de Alce Negro a su antojo y añadir elementos que no aparecían en las transcripciones originales; en la presente edición esto se corrige con múltiples (a veces demasiados) pies de página. El relato de Alce Negro Habla termina de manera algo abrupta tras la matanza de Wounded Knee, que acabó con la resistencia de los Oglalas Lakotas y a su vez con la esperanza de Alce Negro de ayudar a su gente a vivir en libertad y conservando sus tradiciones; de hecho el propio protagonista se convertiría al cristianismo pocos años más tarde, prácticamente prisionero en la reserva de Pine Ridge. Una lectura necesaria, ya sea desde el punto de vista espiritual o desde el meramente antropológico, y luego otro día hablamos del America First y genocidios varios.

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SICK ON YOU

sick on you

Te Potaría Encima ( Sick On You en su original anglosajón, por una vez el título en castellano supera al molde) narra la desventurada y calamitosa historia de Andrew Matheson, cantante de los Hollywood Brats, banda inglesa que luchó denodadamente por triunfar y ser reyes del mambo y fracasaron estrepitosamente, volatizándose en el intento. Sin duda alguna, uno de los relatos rockeros más divertido y entrañable de los últimos años; Matheson como músico era más bien mediocre, pero es un excelente cronista del chunguísimo Londres de principios de los 70; hilarante, preciso y brutalmente honesto.

Te Potaría Encima no deja de ser un relato en clave casi dickensiana de la  miseria arrabalesca y del hombre común afrontando el fracaso al que le lleva querer volar cerca del sol. En este caso, Ícaro es un joven de apenas 19 años que llega a Londres desde Canadá dispuesto a ocupar el trono de los Stones (o de sus favoritos, the Kinks) que le corresponde por derecho. Aparentemente.

Cualquiera que haya estado en una banda de rocknroll se identificará con la pueril arrogancia rockera y estúpida chulería beoda de unos post adolescentes sin presente y con un futuro más negro aún. En esto se adelantaron también a las huestes punks, el no future no lo predicaban, pero lo vivieron a tope. Dandis de arrabal preferían gastarse las libras en priva y satén antes de, qué se yo, alimentase; a pesar de habitar en la cochambre de casas okupas o habitaciones apestosas, raramente eran vistos en público sin  maquillaje completo, tacones y boas de plumas; alguna vez me extenderé en la idea de fealdad y glam en Inglaterra; Bowie, por desgracia, solo hubo uno.

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LEE BAINS III & THE GLORY FIRES - YOUTH DETENTION

youth detention

No deja de ser curioso que el mejor disco de punk rock nos llegue desde unas coordenadas tan inusuales como Birminghan. No el Birmingham de UK, cuna de Swell Maps, sino el de Alabama, tierra de adoradores de Lynyrd Skynyrd, barbacoas y carreras de NASCAR.  Lee Bains III & The Glory Fires son oriundos de esa tierra y Youth Detention supone un reflejo de la lucha contra los problemas raciales y el sistema de castas no oficial del sur. La temática de los 17 furiosos temas que forman parte de su tercer disco bascula entre la decadencia de las instituciones culturales, la disparidad racial, la marginación de las minorías y las contradicciones de la tradición. La  indignación parece justificada, especialmente después de las soflamas supremacistas en Charlottesville este otoño, un caso que da repercusión mediática a un problema enquistado durante siglos.

Podríamos definir a música de Lee Bains como Punk Sureño espiritual, orgullosamente anti racista y apasionadamente rabioso. Con un enfoque en plan bulldozer en su contenido, y un entusiasmo inquebrantable a lo largo de los 17 temas que dan forma a este Youth Detention incluyendo seis temas con signos de exclamación en los títulos (sí, te los están GRITANDO). Encontramos una exploración multiangular de la forma en que Birmingham (o, ya que estamos, casi cualquier ciudad del Primer Mundo) socializa y educa a sus hijos a través de marcar claramente líneas raciales y de clase; a estas alturas uno casi se emociona cuando un grupo punk grita acerca de la  conciencia de clase. Esta indignación e insatisfacción podrían y deberían ser fomentadas en cualquier lugar del planeta en estos días. Este disco demuestra que la música es (o debería ser) tan efectiva en la defensa del cambio, en la denuncia de las cicatrices de la intolerancia y la injusticia. Existe tanta ira reaccionaria en todas partes en el paisaje social estadounidense actual que se agradece una banda que lucha contra su entorno cultural sin recurrir al panfletismo.

Youth Detention es álbum extenso e implacable que provoca una sensación comparable a ser arrastrado en una manifestación masiva, que destaca especialmente en la poesía y el salvajismo en las letras impresionistas, febriles y (oh sí) relevantes. Musicalmente encontramos punk sucio, que a veces tira hacia el hardcore (en ocasiones oigo a Hüsker Dü) y otras a las bandas sureñas más reivindicativas (Drive By Truckers, los primeros Hold Steady). Puedes sacar a un chaval del sur, pero nunca el sur de un chaval; las raíces folks siguen ahí (Petty, Springsteen). A pesar de su longitud (17 temas, más de una hora) el disco es coherente y conserva unidad gracias a las atmósferas sonoras entre pistas; voces de manifestantes que preceden a “I Can Change”, o un loop de una canción infantil sureña antes de “Crooked Letters” que puede el mejor tema del disco, junto a “Whitewash”, una poderosa crítica de cómo se construye la blancura (de piel) en los Estados Unidos.

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Chris Cornell y la maldición grunge

El Planazo del Sr. Sanabria  rinde homenaje al cantante de Soundgarden, Chris Cornell , que falleció el pasado jueves. Uno de los últimos referentes del grunge protagonista indiscutible en otras bandas como Audioslave o Temple of the Dog. 

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Cultura combativa y censurada

El Sr. Sanabria nos trae tres planazos prohibidos, de esos que a las mentes bienpensantes no les gusta que conozcas. Un libro, una película y un disco que saciarán tus ganas de conocer lo desconocido.

the front la tapadera pelicula

Poster de "La Tapadera", película protagonizada por Woody Allen

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