Las certidumbres del agua
La política del agua es capital para el futuro de la agricultura y la ganadería. Bastan un par de datos comparados para ponerlo de manifiesto: una hectárea de regadío genera cuatro veces mas empelo, y cinco veces más ingresos, de media, que una hectárea de secano. Consecuentemente, las explotaciones de regadío son más rentables, y pueden serlo, con menos hectáreas, y más certidumbre, al no verse expuestas, tan directamente, a los caprichos de la meteorología.
Este domingo pasado se celebró el Día Mundial del Agua, que es una de esas celebraciones que sirve, además de para celebrar, para reivindicar, en este caso, el derecho al agua en todo el mundo. No son las mismas las necesidades de acceso al agua potable, o para la agricultura o la creación de riqueza, en países en vías de desarrollo, que lo que puedan serlo para países desarrollados, de la UE, donde hay derechos de acceso a este bien público totalmente garantizados.
En el caso de la agricultura, que es la actividad que más utiliza el recurso -imprescindible, por otra parte, para producir los alimentos, indispensables para la vida; cuestión de Perogrullo, pero que debemos recordar cada vez que hablamos de la necesidad de agua para el futuro del sector agrario-, la garantía de agua es fundamental para la incorporación de jóvenes y la rentabilidad de la actividad. Resumiendo, podríamos decir que no hay futuro para la agricultura sin agua.
La situación en Castilla-La Mancha
Y esto es especialmente significativo en Castilla-La Mancha, donde el recurso es siempre escaso y es necesario planificar y organizar sus usos. Así se ha hecho en las planificaciones hidrológicas para el período 2022-2027.
Los planes, que se desarrollan durante este ciclo, generan certidumbres y avalan compromisos adquiridos, que permiten planificar el futuro del territorio rural. Y en esos planes y en los proyectos presentados durante su tramitación, en las cuencas respectivas, están, por ejemplo, el establecimiento de caudales ecológicos mínimos del Tajo a su paso por Aranjuez, la construcción de nuevos ramales de la tubería manchega o la regularización de los pozos del Alto Guadiana, que, a día de hoy, todavía sigue pendiente.
La compatibilidad de usos; medioambientales, de consumo humano, y para el desarrollo de las actividades económicas en el territorio, es posible, y así se establece en los planes mencionados. Y es bueno que éstos se desarrollen según lo previsto, y sin generar más incertidumbres a los habitantes de nuestro medio y, particularmente, a nuestros agricultores y ganaderos.