Las Hurdes, más allá de Buñuel: la novela que desmonta tópicos sobre una sociedad que fue “tan pobre como digna”

Cuando el cineasta Luis Buñuel rodó entre abril y mayo de 1933 el documental ‘Tierra sin pan’, casi nadie en España, salvo sus habitantes y algunos políticos, sabía dónde estaba la comarca de Las Hurdes. Además, el director aragonés no hizo un retrato antropológico ni realista de esta histórica y empobrecida tierra extremeña, al norte de la provincia de Cáceres. Sus obras estaban enmarcadas en las vanguardias, en el surrealismo, y esa pasión impregnó su media hora de duración. Quedaron así para el recuerdo muchas etiquetas, muchos mitos y muchos prejuicios sobre la pobreza y la miseria de la población hurdana (o jurdana), asentada en esa tierra pedregosa durante siglos.

Hace cuatro años, la cuestión volvió a la primera línea cuando se estrenó la película de animación ‘Buñuel en el laberinto de las tortugas’, de Salvador Simó, basada en el cómic homónimo de Fermín Solís, con los entresijos del rodaje de ese documental. Pero tampoco entonces se aportaron nuevos datos sobre la historia de estas tierras y sus gentes.

Desmontar algunos mitos, despegar etiquetas, desterrar prejuicios y ofrecer una visión objetiva de Las Hurdes son, por tanto, algunos de los pilares sobre los que el médico y escritor talaverano Miguel Méndez-Cabeza ha construido su nueva novela, ‘Aldeas sin perros’ (Cuarto Centenario, 2023).

Toma como base el viaje que hace más de un siglo, en junio de 1922, realizaron a la comarca el rey Alfonso XIII y el prestigioso médico Gregorio Marañón. Pero a partir de ahí, alumbra una obra de ficción asentada en la numerosa documentación y bibliografía que lleva años estudiando.

El autor, médico rural ya jubilado, siempre ha sido un fanático de la etnografía, la antropología y la “supervivencia al límite”. Entre sus películas favoritas se encuentra el clásico de Akira Kurosawa ‘Dersu Uzala (El Cazador)’. Estas pasiones, unidas a sus constantes viajes a Las Hurdes le llevaron a interesarse por el viaje que el monarca y el afamado médico realizaron en 1922, del que prácticamente se desconocen detalles, salvo algunas notas de viaje publicadas por Marañón.

“De toda esa investigación surgió la idea de crear una novela para que la gente conociera esta tierra y este viaje. Se trata de una ficción que parte de ese hecho real, pero donde lo importante es mostrar cómo el ser humano afronta la pobreza, la escasez y la precariedad, así como la diferencia entre la pobreza urbana y la rural”, explica Miguel Méndez a elDiarioclm.es.

En ese contexto, el autor ha querido también darle una visión objetiva a la historia de la comarca, frente a la “continua politización que siempre ha tenido”, generando debates entre los negacionistas que “afirman que ni esta tierra fue tan mísera ni tan pobre” y los que él mismo denomina “exageracionistas” sobre la situación de la zona.

De la pobreza al mito

“Los políticos siempre han querido acabar con la pobreza con efecto retroactivo, como si no hubiera existido. Pero siempre ha habido zonas pobres y Las Hurdes no fue la única en España durante siglos. Juan Goytisolo describió los Campos de Níjar, en Almería, cuando allí solo comían higos chumbos; y ha habido comarcas muy pobres en España como la comarca de La Jara (que abarca territorios de Toledo, Ciudad Real y Cáceres)”.

Por eso el doctor Méndez pone en el centro de su novela a los hurdanos y las hurdanas, en por qué se aferraron durante décadas a un territorio tan hosco y difícil, sin apenas emigrantes hasta los años 60 del siglo pasado.

Esas preguntas le llevaron a otras y descubrió que en Las Hurdes “hay mucho de mito” debido al aislamiento de su sociedad, a los ritos más antiguos, a sus fiestas populares y a sus particulares carnavales. El autor dedica su libro a la “dignidad” de la gente jurdana, “sobreviviendo en un terreno pedregoso y pizarroso que apenas da para cultivar”.

Comparte asimismo las tesis del hispanista francés Maurice Legendre, quien negó en su momento que esta comarca fuera un “baldón para España”. En el primer estudio que este intelectual realizó sobre la comarca afirmaba que sus gentes eran, al contrario, “el honor del país” por “haber conseguido sobrevivir”.

El autor de ‘Aldeas sin perros’ pone también el acento en el hecho de que Las Hurdes no fueron unas tierras explotadas por grandes latifundistas ni terratenientes. “La gran explotadora fue la naturaleza”, argumenta, y como en su momento destacó Marañón, también las enfermedades como el paludismo o el bocio.

Miguel Méndez subraya que aunque su novela utiliza el viaje como leit motiv, antes ya hubo autores que llamaron la atención sobre esta zona. El poeta extremeño José María Gabriel y Galán, vecino de Guijo de Granadilla, que hoy en día acoge el pantano que lleva su nombre, dedicó el poema ‘La Jurdana’ a las gentes de esa comarca.

Contaba Gabriel y Galán cómo bajaban a mendigar, desde los peñascos, los denominados ‘pidiores’ (pedidores), que curiosamente eran una suerte de banqueros que pedían ‘coscurros’ (mendrugos de pan) y posteriormente los cambiaban a sus vecinos de Las Hurdes por aceite, castañas u otros productos que luego podían vender para obtener algo de liquidez. “Eran una especie de microcréditos, porque prácticamente no circulaba dinero”.

Fue una zona pobre durante muchos siglos, pero no tan al límite como muchos piensan

“Fue una zona pobre durante muchos siglos, pero no tan al límite como muchos piensan. Sí que tuvo crisis muy importantes, pero una de las más terribles fue a finales del siglo XIX cuando enferman los castaños, que eran los hidratos de carbono que más comían los hurdanos. Con ello aumentó la desnutrición y el hambre”, detalla el médico y escritor talaverano.

Y junto a Gabriel y Galán, también su amigo Miguel de Unamuno se interesó por la comarca extremeña, tal y como lo reflejó en su obra 'Visiones y andanzas españolas'. “Ese fue el principio de todo. Marañón lo que hizo después fue coger esa bandera y es el que de alguna forma intenta llamar la atención sobre el tema”.

En ‘Aldeas sin perros’ el punto de vista narrativo está en los que viajan y también en los que viven allí. Los diálogos se han adaptado a un “jurdano suavizado” para hacerlo comprensible y que es muy similar al bable porque Las Hurdes surgieron de la repoblación leonesa y el dialecto procede de la línea occidental que baja desde Asturias.

El escritor y médico talaverano considera que cualquier aproximación a esta -ya mítica- tierra hay que hacerla “con objetividad, sin extremismos”. Es en el propio Centro de Documentación de Las Hurdes donde ha encontrado buena parte de la documentación utilizada para su novela, además de varios libros de viajes.

Su admiración por la comarca es tal que le gusta presentar su libro con una imagen del meandro de Melero: uno de los parajes más bellos de la comarca. “Es una manera de dejar claro que ahora Las Hurdes son un sitio atractivo, turístico, que no tiene nada que ver con aquella miseria pero que no hay que negar lo que fue, porque esas gentes con todo su trabajo y su dignidiad, consiguieron salir adelante y sobrevivir”, concluye.

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