Análisis
Una infanta en el jardín de los Pujol
El genio francés Emmanuel Carrère destripa en Koljós, sin compasión alguna, los capítulos más íntimos de su familia. Ningún hermano Pujol Ferrusola ha escrito un libro, pero sus declaraciones como acusados de esta semana serían un buen prólogo. Aunque no lo han contado todo, han proporcionado un material necesario para que la sociedad catalana pueda formarse una opinión completa sobre su padre. Es un juicio distinto al que está a punto de acabar en la Audiencia Nacional, pero también relevante.
Las interioridades familiares se expusieron como nunca. Llegan tarde, como el propio juicio del caso, pero cuando tocaba (estar sujeto a un procedimiento penal aconseja prudencia a la hora de hablar en público fuera del juzgado). Además de los hijos, apareció un personaje que había pasado casi desapercibido, pero que tiene la segunda petición de pena más alta por parte de la Fiscalía: 17 años de cárcel. Se trata de Mercè Gironès, exesposa de Jordi Pujol Ferrusola.
En un juicio marcado por el silencio empresarial (ningún constructor ha querido tirar de la manta y detallar el lado oscuro del pujolismo), Jordi Pujol Ferrusola y Mercè Gironès se lanzaron varios dardos. Han sido los únicos entre los acusados del caso. El otro conflicto de envergadura que se relató fue el que tuvieron el expresident y su padre, Florenci Pujol, a cuenta de la fortuna oculta en el extranjero. Un auténtico jardín familiar debido al dinero.
Fueron declaraciones opuestas. Convincentes o no, los hijos de Pujol trasladaron al tribunal un relato. Alternativo al de la Fiscalía y al que creen muchos catalanes. Con algunas grietas, pero trabajado. Una tesis exculpatoria, al fin y al cabo. Mercè Gironès lanzó una y otra vez balones fuera. Su alegato recordó al de la infanta Cristina en el caso Nóos: firmaba sin saber lo que decían los papeles.
El abogado de Gironès, Oriol Rusca, empezó preguntando a su clienta por los “hitos de su matrimonio”. “Tampoco hace falta que sea muy explícita…”, imploró el presidente del tribunal, José Ricardo de Prada. “Es que todo va vinculado”, contestó la acusada, que en una hora de declaración mezcló aspectos personales con los elementos que conforman la acusación contra ella.
Pese a ser la administradora de las sociedades con las que el primogénito facturó cantidades millonarias a constructoras y grandes empresas, Gironès dijo no tener nada que ver y lo endosó todo a Jordi Pujol Ferrusola. “He figurado como administradora porque he seguido todos los pasos del trabajo de mi exmarido”, alegó primero. “Si mi marido me decía que estaba bien hecho y todo era correcto, yo firmaba sin leer”, agregó. Y apostilló: “La secretaria sabía más de él que yo”.
Gironès tuvo el detalle de defender que los negocios de Pujol Ferrusola bajo sospecha eran reales, al contrario de lo que cree la Fiscalía. No halló reciprocidad en su exmarido. El hombre popularmente conocido como Júnior (y al que no le gusta este sobrenombre) recordó que el “pacto verbal” del matrimonio era que “iban al 50%” en todo, e incluso explicó “una exigencia” que su exmujer puso para adquirir una sociedad.
Si los Pujol escribieran un Koljós, un posible comienzo sería la escena descrita por Marta Pujol Ferrusola. Hay que retroceder hasta finales de los 70 y situarse en la casa de veraneo de los Pujol en Premià de Mar. “Hubo un enfrentamiento de mi abuelo con mi padre por cómo usaba el dinero. Mi abuelo pensaba en la estabilidad familiar y estaba muy preocupado por la auténtica obsesión de mi padre por Catalunya”, recordó la hija mayor.
Los hijos intentaron salvar a su padre al desmentir que hubiera tenido una cuenta en Andorra. También quisieron taponar la brecha que, pese a los esfuerzos del propio Pujol (obsesionado por el perdón), sigue impidiendo completar su rehabilitación política: el silencio durante décadas, incluidas las de su Presidencia, sobre la fortuna familiar oculta en el extranjero.
Florenci, de convicciones republicanas y que amasó una fortuna durante el franquismo gracias al tráfico de divisas, no veía con buenos ojos que Pujol priorizara los negocios relacionados con la cultura catalana a la economía familiar. Las discrepancias entre el abuelo y el padre explican, según los hijos, que el expresident fuera excluido del legado.
Aunque sea difícil exponer en público la intimidad de una casa, un conflicto familiar siempre es más digerible para el público que la acusación de la Fiscalía de que la fortuna está ligada a la corrupción política.
Las declaraciones de los acusados son un elemento que valoran los jueces al dictar sentencia, pero no es lo que suelen tener más en cuenta. Sobre todo, cuando no se pueden contrastar con otras pruebas más objetivas. Es el principal punto flaco de la tesis de la deixa del abuelo Florenci que los hermanos se esforzaron en reivindicar: como era un legado oculto y “fiscalmente opaco”, no consta en ningún sitio, tal y como han admitido los propios hijos del expresident.
Insistió Jordi Pujol Ferrusola en pedir que no se observara la cuestión del legado “con los ojos de hoy”. Que un padre se olvide de sus hijos para dedicarse a su obsesión o que una mujer preste su género como coartada no se ve igual en 2026 que en 1980. Pero hay cosas, como tener dinero en Andorra sin declarar durante décadas, saberlo y no hacer nada, que están mal siempre.