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Que el sigilo no nos haga traidores

Me lo podría esperar de Artur Mas, heredero de quien hizo del uso de los medios de comunicación su herramienta de control de la ciudadanía. Me lo esperaba menos de Oriol Junqueras, a pesar de su actitud acrítica con las acciones más retrógradas del gobierno al que apoya, a cambio de que no se retire de la vía hacia la independencia. Pero no me lo esperaba en absoluto de Joan Herrera, coordinador de un partido de izquierda, comprometido con la transparencia y la información plena a los ciudadanos. Y me supera que se sume a ello un periodista como David Fernández.

Me quedé desconcertado cuando los vi a los cuatro dirigirse a los periodistas diciéndoles que habían trabajado muy intensamente, que seguían unidos pero que no podían explicar los acuerdos a los que habían llegado. Me pareció una burla hacia esos periodistas y hacia quienes queríamos saber los resultados del encuentro. La versión catalana de las televisiones de plasma a las que se han acostumbrado los periodistas que siguen a Mariano Rajoy.

“Astucia”, “secreto”, “sigilo”... son algunas de las palabras que en boca de Mas sonaban mal pero que en la de los portavoces de los grupos de izquierda que forman parte del Frente de la Consulta chirriaban aún más.

¿Debemos interpretar que decidieron emprender algunas iniciativas pero que no nos las pueden explicar para que no se entere el enemigo español? ¿Por qué proceloso y peligroso camino nos estamos adentrando? ¿Estamos ante una partida de cartas donde diferentes tahúres esconden cartas y se hacen trampas?

¿Así tenemos que resolver el callejón sin salida al que hemos ido a parar?

Quiero creer que el único acuerdo al que llegaron en la famosa reunión maratoniana fue que pasarían un anuncio por TV3 donde denunciarían que el Gobierno español ha interrumpido el proceso de celebración de la consulta del 9-N impugnando la Ley en la que se basa y la convocatoria firmada por el presidente Mas. Si hay más acuerdos que esconden a los catalanes convocados a votar ese día deben explicarse.

Se atribuye al filólogo Jordi Carbonell la expresión “Que la prudencia no nos haga traidores”, preocupado por un exceso de moderación en la reivindicación nacionalista. Hay que exigir “que el sigilo no nos haga traidores” a una ciudadanía que espera de sus dirigentes más explicaciones y sinceridad y menos palabras grandilocuentes.