La vía de la 'doble presidencia' se abre camino para solucionar la investidura en Catalunya

La discusión que al inicio de esta semana enfrentó al independentismo contra sí mismo a cuenta de la investidura de Carles Puigdemont y las posibilidades de formar un Govern comienza a encontrar, con el paso de los días, vías de solución. Una de las mejor vistas en las diferentes familias independentistas pasa por reconocer la legitimidad presidencial de Puigdemont de forma simbólica en el Parlament, a la vez que se inviste de forma oficial a un sustituto.

Esta propuesta de doble presidencia ha sido formulada en conversaciones soterradas entre las formaciones, principalmente entre ERC y el PDeCAT, aunque aún es un tabú delante del propio Puigdemont. Sin embargo, tras la suspensión del debate de investidura el pasado martes, diversas voces en Junts per Catalunya han admitido la posibilidad de negociar un nombre alternativo para la presidencia, con el fin de evitar una repetición electoral y la persistencia de la intervención del autogobierno bajo el artículo 155.

“Somos partidarios de evitar ir a unas nuevas elecciones”, admitía este sábado a eldiario.es el portavoz de JxCat, Eduard Pujol, quien sin embargo consideraba que debía compatibilizarse investir al president cesado y evitar la vuelta a las elecciones. Más cruda se expresó este mismo sábado en los micrófonos de Rac1 la exconsellera Clara Ponsatí, que acompañó a Puigdemont en su salida a Bélgica y que renunció a su acta de diputada la semana pasada. Ponsatí ha asegurado “no entender” la vía de la doble presidencia y ha considerado preferible volver a las elecciones antes que formar “un Govern tutelado”.

La retirada de la candidatura de Puigdemont es aún una idea que molesta al entorno del president cesado y que oficialmente JxCat aún rechaza. Desde la candidatura independentista más votada aseguran tener una idea para la investidura que cumpliría con las condiciones de ERC, es decir, que permita que Puigdemont nombre a un Govern pese a la más que probable suspensión de su presidencia por el Constitucional.

Mientras esta fórmula no se hace pública, el resto de actores independentistas tantean la idea de un reconocimiento simbólico de la legitimidad de Puigdemont en la presidencia, que se podría formalizar mediante una votación en el Parlament, que pueda dejar paso al debate sobre el candidato a la investidura. Habría así un “president legítim”, incluso uno revestido como “president de la República”, mientras se inviste a un president autonómico blindado a la suspensión del Constitucional.

La idea dista de ser nueva. La secretaria general de ERC, Marta Rovira, aseguró en plena precampaña electoral a La Vanguardia: “El president legítimo es Puigdemont, pero hace falta un Govern ejecutivo”. La idea esgrimida por la republicana entonces consistía en un gobierno bipolar entre Bruselas y Barcelona con atribuciones de representación para los primeros y ejecutivas para los segundos. Desde la prisión, Oriol Junqueras engrasó más recientemente esta opción, en una entrevista publicada por Diario16 este jueves. En ella el político encarcelado hablaba de combinar “una presidencia legítima, aunque simbólica, con una Ejecutiva”.

Una derivada de esta posición fue la que marcó este viernes el tesorero de la ANC, Marcel Padrós, quien con el aval de su organización rechazó una “investidura simbólica” pero reclamó que Puigdemont delegase sus funciones en un “conseller en cap”, figura ya utilizada en anteriores organigramas gubernativos catalanes.

Mientras las diferentes ramas hacen sus propuestas, de forma más o menos abierta, en el entorno de Puigdemont ninguna de esas soluciones aparece com afortunada. Los colaboradores del president cesado mantienen encendida su aspiración por ser reelegido de forma oficial por el Parlament y se niegan a entrar en negociaciones visibles sobre un nombre alternativo, una discusión en la que ERC ya ha mostrado que sería flexible para aceptar a un diputado de JxCat. Sin embargo en la formación postconvergente rechazan ahora a la repetición electoral, algo que hace unas semanas esgrimían como posibilidad.

Esta renuncia de JxCat a unas nuevas elecciones, junto a su promesa de una fórmula de investidura que permita formar Govern, ha abierto la primera grieta en el fortín formado entorno a Puigdemont. Si la semana comenzó con un choque frontal de posiciones entre las dos principales formaciones independentistas, concluye atestiguando que ambas tienen incentivos de peso para hallar el acuerdo. En ello trabajará las próximas semanas, mirando de reojo un reloj para la repetición electoral que Moncloa amenaza con poner en funcionamiento.