ANÁLISIS

Razones y confusiones en los relevos de los Mossos

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El conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, es un hombre tranquilo, poco amigo de las polémicas. Abogado de profesión, dejó las filas del PSC tras haber sido alcalde y diputado en el Parlament y abrazó la fe junquerista, que va más allá de comulgar con ERC. En su comparecencia de este lunes en la Cámara catalana para explicar los cambios en la cúpula de los Mossos volvió a demostrar su bonhomía y en su caso no es postureo. Como reconocía el líder de la oposición, Salvador Illa, en una entrevista en elDiario.es este domingo, Elena es una persona con valores. Pero su buen talante no es suficiente para que se entiendan algunas de las decisiones que ha adoptado al frente de la conselleria y que tanta polvareda han levantado. 

Como todo responsable de Interior, sea en la Generalitat o en el Ministerio, está en su derecho de llevar a cabo las destituciones y nombramientos que considere oportunos. Algunos pueden responder a criterios de confianza y otros, a mera operatividad. El propio conseller recordó varias veces en su comparecencia en el Parlament que sus antecesores también hicieron cambios. En el caso de los Mossos d’Esquadra, a quien los políticos, también desde el flanco independentista, situaron en el disparadero, los relevos deben poder explicarse con algo más que argumentos genéricos.

Uno de los que esgrimió es la necesidad de disponer de una dirección más coral, cuando al frente de la prefactura hay cuatro mandos, la misma estructura que antes. Y otro, fue la necesidad evidente de feminizar el cuerpo, pero la misma semana en que se anunciaba que el número uno y dos de los Mossos seguirán siendo hombres, en la Ertzaintza se elegía a una mujer, la comisaría Victoria Landa, para dirigir la policía vasca. Aquí también hay tres comisarias, muy pocas como es evidente, y a ninguna se le ha dado un mayor protagonismo en la renovación de la cúpula de la policía catalana. En los puestos clave se ha sustituido a “un hombre por un hombre”, como resumió la diputada del PP Lorena Roldán. La parte medio llena del vaso es que la Generalitat ha anunciado que un mínimo del 40% de las plazas para funcionarios de los cuerpos de los Mossos d’Esquadra, Bombers de la Generalitat y Agents Rurals serán para las mujeres.

Respecto al relevo del major Trapero, el conseller insistió en la necesidad de plantear un liderazgo distinto. “Él era la persona más adecuada para dirigir el cuerpo durante el tiempo que lo dirigió. Y el nuevo responsable [el comisario Estela] es el mejor para los próximos años”. Es lo más parecido a una explicación de la destitución de Trapero que el conseller hizo durante los primeros 40 minutos que dedicó a su intervención inicial. En las posteriores, no se movió de ahí. 

Más tiempo dedicó a intentar justificar el cese del intendente Toni Rodríguez al frente del área encargada de investigar los casos de corrupción que salpican a cargos y excargos del Govern. Negó que apartarlo para enviarlo a la comisaría de Rubí (la única a la que este mando pidió no ser destinado) sea un castigo. Repitió uno de los argumentos utilizados en los últimos días y es que ser el mejor cirujano no implica ser el mejor director de hospital, la metáfora que se ha escogido para cuestionar las capacidades de este intendente para continuar en su puesto. Siguiendo con el mismo símil, la pregunta que no se responde es por qué la decisión ha sido dejarle fuera del quirófano, sin capacidad para operar, y que a partir de ahora se limite a pasar consulta. 

El conseller subrayó su compromiso personal y el de su partido, ERC, para combatir la corrupción y reiteró la voluntad de dotar de más medios a la policía catalana para hacerlo posible y formarla en ámbitos como la contratación pública, tal y como acordó ya la cúpula de Trapero antes de ser destituida. Elena defendió también la recuperación del comisario Sallent como número dos del cuerpo. Subrayó su conocimiento de los Mossos, su solvencia técnica y su reconocimiento en ámbitos judiciales. Sallent fue destituido tras el regreso de Trapero hace 13 meses, y es a quien el influyente David Madí (influyente en CDC y ahora en Junts) catalogó como uno de los suyos, según conversaciones con el exsecretario general de Interior, Braulí Duart, que constan en los informes policiales de la operación Voloh. Para negar que los cambios respondan a equilibrios internos entre ERC y Junts, Elena aseguró que los relevos fueron decididos únicamente por él y que solo el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, fue informado antes del nuevo organigrama. 

Las explicaciones del conseller solo parecieron convencer a los suyos, ERC pero también a Junts con una calma muy poco habitual en la coalición, mientras la CUP se mostró mucho más comprensiva con el Govern que el resto de los grupos de la oposición e insistió en que son necesarios cambios en el papel de la policía en actuaciones como los desahucios. El exconseller de Interior y ahora diputado del PSC-Units per Avançar, Ramon Espadaler, con un tono igual de pausado que el de Elena, demostró el conocimiento que aún tiene del departamento que gestionó hace siete años y, al igual que el portavoz de los comuns, interpretó que los relevos al frente de los Mossos responden a lo que resumió como un aviso a navegantes. “Han intentado construir un relato que nadie compra”, insistió Espadaler. 

El ahora portavoz del grupo socialista en esta comisión reclamó al titular de Interior que no siga escudándose en que él no estaba en el departamento cuando el intendente Rodríguez tuvo que pedir ayuda al juez para poder seguir con las pesquisas que afectaban al exconseller Miquel Buch (ahora presidente de la empresa Infraestructures.cat) y le recordó que el actual director general de los Mossos (que acompañó al conseller en su comparecencia) y el número dos en la estructura policial, el comisario Sallent, sí estaban entonces en la conselleria, y con los mismos cargos que ocupan ahora. El tiempo pone y quita razones, concluyó Elena. También está escrito que tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse. El tiempo dirá.

El conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, es un hombre tranquilo, poco amigo de las polémicas. Abogado de profesión, dejó las filas del PSC tras haber sido alcalde y diputado en el Parlament y abrazó la fe junquerista, que va más allá de comulgar con ERC. En su comparecencia de este lunes en la Cámara catalana para explicar los cambios en la cúpula de los Mossos volvió a demostrar su bonhomía y en su caso no es postureo. Como reconocía el líder de la oposición, Salvador Illa, en una entrevista en elDiario.es este domingo, Elena es una persona con valores. Pero su buen talante no es suficiente para que se entiendan algunas de las decisiones que ha adoptado al frente de la conselleria y que tanta polvareda han levantado. 

Como todo responsable de Interior, sea en la Generalitat o en el Ministerio, está en su derecho de llevar a cabo las destituciones y nombramientos que considere oportunos. Algunos pueden responder a criterios de confianza y otros, a mera operatividad. El propio conseller recordó varias veces en su comparecencia en el Parlament que sus antecesores también hicieron cambios. En el caso de los Mossos d’Esquadra, a quien los políticos, también desde el flanco independentista, situaron en el disparadero, los relevos deben poder explicarse con algo más que argumentos genéricos.

Uno de los que esgrimió es la necesidad de disponer de una dirección más coral, cuando al frente de la prefactura hay cuatro mandos, la misma estructura que antes. Y otro, fue la necesidad evidente de feminizar el cuerpo, pero la misma semana en que se anunciaba que el número uno y dos de los Mossos seguirán siendo hombres, en la Ertzaintza se elegía a una mujer, la comisaría Victoria Landa, para dirigir la policía vasca. Aquí también hay tres comisarias, muy pocas como es evidente, y a ninguna se le ha dado un mayor protagonismo en la renovación de la cúpula de la policía catalana. En los puestos clave se ha sustituido a “un hombre por un hombre”, como resumió la diputada del PP Lorena Roldán. La parte medio llena del vaso es que la Generalitat ha anunciado que un mínimo del 40% de las plazas para funcionarios de los cuerpos de los Mossos d’Esquadra, Bombers de la Generalitat y Agents Rurals serán para las mujeres.

Respecto al relevo del major Trapero, el conseller insistió en la necesidad de plantear un liderazgo distinto. “Él era la persona más adecuada para dirigir el cuerpo durante el tiempo que lo dirigió. Y el nuevo responsable [el comisario Estela] es el mejor para los próximos años”. Es lo más parecido a una explicación de la destitución de Trapero que el conseller hizo durante los primeros 40 minutos que dedicó a su intervención inicial. En las posteriores, no se movió de ahí. 

Más tiempo dedicó a intentar justificar el cese del intendente Toni Rodríguez al frente del área encargada de investigar los casos de corrupción que salpican a cargos y excargos del Govern. Negó que apartarlo para enviarlo a la comisaría de Rubí (la única a la que este mando pidió no ser destinado) sea un castigo. Repitió uno de los argumentos utilizados en los últimos días y es que ser el mejor cirujano no implica ser el mejor director de hospital, la metáfora que se ha escogido para cuestionar las capacidades de este intendente para continuar en su puesto. Siguiendo con el mismo símil, la pregunta que no se responde es por qué la decisión ha sido dejarle fuera del quirófano, sin capacidad para operar, y que a partir de ahora se limite a pasar consulta. 

El conseller subrayó su compromiso personal y el de su partido, ERC, para combatir la corrupción y reiteró la voluntad de dotar de más medios a la policía catalana para hacerlo posible y formarla en ámbitos como la contratación pública, tal y como acordó ya la cúpula de Trapero antes de ser destituida. Elena defendió también la recuperación del comisario Sallent como número dos del cuerpo. Subrayó su conocimiento de los Mossos, su solvencia técnica y su reconocimiento en ámbitos judiciales. Sallent fue destituido tras el regreso de Trapero hace 13 meses, y es a quien el influyente David Madí (influyente en CDC y ahora en Junts) catalogó como uno de los suyos, según conversaciones con el exsecretario general de Interior, Braulí Duart, que constan en los informes policiales de la operación Voloh. Para negar que los cambios respondan a equilibrios internos entre ERC y Junts, Elena aseguró que los relevos fueron decididos únicamente por él y que solo el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, fue informado antes del nuevo organigrama. 

Las explicaciones del conseller solo parecieron convencer a los suyos, ERC pero también a Junts con una calma muy poco habitual en la coalición, mientras la CUP se mostró mucho más comprensiva con el Govern que el resto de los grupos de la oposición e insistió en que son necesarios cambios en el papel de la policía en actuaciones como los desahucios. El exconseller de Interior y ahora diputado del PSC-Units per Avançar, Ramon Espadaler, con un tono igual de pausado que el de Elena, demostró el conocimiento que aún tiene del departamento que gestionó hace siete años y, al igual que el portavoz de los comuns, interpretó que los relevos al frente de los Mossos responden a lo que resumió como un aviso a navegantes. “Han intentado construir un relato que nadie compra”, insistió Espadaler. 

El ahora portavoz del grupo socialista en esta comisión reclamó al titular de Interior que no siga escudándose en que él no estaba en el departamento cuando el intendente Rodríguez tuvo que pedir ayuda al juez para poder seguir con las pesquisas que afectaban al exconseller Miquel Buch (ahora presidente de la empresa Infraestructures.cat) y le recordó que el actual director general de los Mossos (que acompañó al conseller en su comparecencia) y el número dos en la estructura policial, el comisario Sallent, sí estaban entonces en la conselleria, y con los mismos cargos que ocupan ahora. El tiempo pone y quita razones, concluyó Elena. También está escrito que tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse. El tiempo dirá.

El conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, es un hombre tranquilo, poco amigo de las polémicas. Abogado de profesión, dejó las filas del PSC tras haber sido alcalde y diputado en el Parlament y abrazó la fe junquerista, que va más allá de comulgar con ERC. En su comparecencia de este lunes en la Cámara catalana para explicar los cambios en la cúpula de los Mossos volvió a demostrar su bonhomía y en su caso no es postureo. Como reconocía el líder de la oposición, Salvador Illa, en una entrevista en elDiario.es este domingo, Elena es una persona con valores. Pero su buen talante no es suficiente para que se entiendan algunas de las decisiones que ha adoptado al frente de la conselleria y que tanta polvareda han levantado. 

Como todo responsable de Interior, sea en la Generalitat o en el Ministerio, está en su derecho de llevar a cabo las destituciones y nombramientos que considere oportunos. Algunos pueden responder a criterios de confianza y otros, a mera operatividad. El propio conseller recordó varias veces en su comparecencia en el Parlament que sus antecesores también hicieron cambios. En el caso de los Mossos d’Esquadra, a quien los políticos, también desde el flanco independentista, situaron en el disparadero, los relevos deben poder explicarse con algo más que argumentos genéricos.