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CATALUNYA

"La telebasura afecta también a los informativos y a los programas de debate"

El conocido crítico televisivo Ferran Monegal conducirá el 28 de junio el último 'Telemonegal' en Barcelona Televisió (BTV), después de 10 años en antena y más de 420 entrevistas realizadas

El crítico televisivo Ferran Monegal. /CARMEN SECANELLA

El crítico televisivo Ferran Monegal. /CARMEN SECANELLA

Ferran Monegal se despide de la televisión, al menos por el momento. Después de una década en antena con Telemonegal en Barcelona Televisió (BTV), un programa de análisis televisivo, dice que es el momento justo de bajar la persiana. Con una columna en El Periódico desde hace unos 20 años y una colaboración diaria con Julia Otero en Onda Cero, Monegal dice en esta entrevista que en siete meses los responsables de TVE han destrozado Informe semanal, opina que una televisión pública no puede depender de un gobierno y defiende la introducción de un canon para financiar los medios públicos.

El 28 de junio se emite el último programa de Telemonegal en Barcelona Televisió (BTV). ¿Por qué termina?

Ya llevo 10 temporadas. Creo que ha durado el tiempo justo. Me gusta controlar mis tiempos televisivos y, en general, mis tiempos profesionales. Decidí cuándo empezaba el programa y decido cuándo acaba.

Acaba en un momento en que Telemonegal tiene un alto índice de popularidad.

Sí. Continuamos siendo el buque insignia de BTV y mi gratitud a la cadena es inmensa e infinita. Este programa se ha podido hacer porque BTV hizo una apuesta por él cuando Joan Tapia era el director. Me lo pidió la cadena y se ha podido desarrollar con una libertad absoluta. Ésta ha sido una de las claves del programa, junto a una respuesta extraordinaria por parte de la audiencia.

¿Qué ha aportado el programa? ¿Qué balance hace de estos 10 años?

Ha sido el primero y, de momento, único programa de análisis televisivo del todo el Estado. Es un programa incómodo para la gente del medio. El nuestro es un medio endogámico, que acepta e impulsa que nos metamos con todo el mundo menos con nosotros mismos. Pero la incomodidad que ha provocado en los profesionales de televisión, en las productoras y en la gente del mundo de la televisión se ha compensado con la gran audiencia que ha tenido.

¿Esta incomodidad, la ha vivido de alguna manera?

Las quejas no se hacen directamente al director o responsable de un programa, van siempre más arriba, a los responsables de la cadena. Y en BTV todos los directores se han portado bien y me han parado los golpes. Es un programa que no gusta a la gente de la televisión. El lema de nuestra profesión es que entre bomberos no nos pisemos la manguera.

¿Cómo ve la televisión actualmente?

La televisión continúa siendo una escalera que siempre baja; no sube nunca, siempre baja. Pero todavía no ha tocado fondo.

¿El principal problema de la televisión es la telebasura?

La telebasura es un término muy amplio. Es un término que infecta y afecta no sólo a los programas típicos de reality y demás, sino también a los informativos y a los programas de opinión y de debate, falsos programas de opinión y de debate.

¿Por qué son falsos?

Porque se vende la idea que poniendo dos trincheras, una en la derecha y otra en la izquierda, eso es pluralidad. Pero no es así. Todo el mundo va teledirigido… por sus correspondientes dueños. Éste es el problema de la profesión periodística. Se va hacia una profesión de relaciones públicas. Nos estamos transformando en tambores o portavoces de la estructura mediática, del grupo multimedia al que pertenecemos.

¿Eso pasa tanto en la televisión privada como en la pública?

Pasa en la televisión privada, y ahora empieza también con mucha fuerza en la pública. Sólo hay que ver la deriva que ha tenido y está teniendo TVE.

Estamos ante una situación muy grave, con manipulaciones de las informaciones, piezas muy parciales…

Sí, sí, y en informaciones de otras cadenas también pasa: Telemadrid, Canal 9 de Valencia. En TV3, afortunadamente, pasa menos, pero también se produce puntualmente una determinada manera de informar en que se ve el plumero. Éste es el problema de nuestra profesión, una profesión que está en peligro de extinción.

¿Cómo tendría que ser una televisión pública con cara y ojos?

Una televisión que no dependa de un gobierno. Eso se ha visto muy claro últimamente con el caso de Grecia. El otro día, la corresponsal en España de la televisión pública griega, Dora Macri, dijo una cosa muy sensata. Opinaba que un gobierno no puede cerrar una televisión pública porque la televisión no es del gobierno. Es de la gente. No es del gobierno. En todo caso tendría que ser el Parlamento griego, es decir los representantes del pueblo griego quienes decidieran cerrar la televisión pública. Eso no lo puede decidir un gobierno. ¿Por qué cierra la televisión el gobierno griego? Porque, como los gobiernos de todos los países, cuando ha llegado al poder se ha creído que la televisión pública es suya.

¿Y tendría que ser un servicio público?

Tendría que ser un servicio público estructurado, con unos ingresos económicos claros y transparentes. Se tendría que ir hacia la vía del canon. Lo que pasa es que hoy en día hablar de un canon en una sociedad, como la actual, empobrecida y donde se está desahuciando a la gente, puede parecer que se trate de una reflexión maquiavélica. Se habría tenido que introducir un canon en época de bonanza económica y que la gente pagara, como un tributo más, para tener una estructura televisiva. Entonces se habría podido exigir a la televisión pública una ecuanimidad y que fuera un sitio donde se emitieran también programas que no son rentables para la televisión privada.

¿Qué es lo peor qué ve en los informativos de TVE?

El programa emblemático que se ha destrozado, además con una rapidez extraordinaria, ha sido Informe semanal. Tenía un prestigio. Probablemente es el programa más antiguo de la televisión en España y uno de los más antiguos de Europa. Y en siete meses se lo han cargado. Ahora mismo no tiene ninguna fiabilidad. Después hay maniobras de maquillaje y de apoyo de determinadas instituciones. Hay por ejemplo un programa, Audiencia abierta, que es el no-do de la monarquía. Se tuvo que montar corriendo y deprisa para intentar apuntalar la estropeada monarquía española después de tres o cuatro años horribles. Los problemas de la Casa Real empezaron con la cacería del oso Mitrofan, después vino el elefante, Urdangarín, Corinna... Se ha montado en TVE una especie de muletas en forma de programa, pero no es nada más que un no-do, que es lo que tenía Franco.

¿Ha empeorado mucho TVE con el cambio de gobierno, con la mayoría absoluta del PP?

La marcha de Fran Llorente [fue el director de informativos entre 2004 y 2012] fue una pérdida. Era un profesional con una gran pluralidad, aunque desde el PP se dijera que era próximo al PSOE. Después también ha estado el barrido de una serie de profesionales: Rosa Maria Calaf, Vicente Romero… Es lo mismo que está pasando con grandes médicos, investigadores, catedráticos, gente con mucha experiencia que se tienen que marchar porque han llegado a los 55 o 60 años. ¿Dónde se ha visto esto? Si Einstein fuera español y estuviera vivo, la actual administración del Estado sería capaz de jubilarlo. Eso ha pasado en TVE. Los casos más clamorosos son Calaf y Romero. Han visitado casi todos los países del mundo. Es gente que la coloques donde la coloques tiene una gran capacidad de relacionar todos los temas. Eso no se puede improvisar. Se necesitan años de trabajo y talento. Pero se opta por tirar a estos profesionales por la borda. Eso en Estados Unidos no pasa. Todos los grandes maestros de la comunicación pasan de los 65 años. Son muy fiables. Sería como que aquí alguien dijera que se tiene que jubilar a Iñaki Gabilondo.

¿Se acaba de anunciar un ERO en TV3 y Catalunya Ràdio que afectará a 300 personas, qué opinión le merece?

Una vez vistas las cifras, en TV3 se tenía que tomar alguna decisión, lo que no sé si la decisión que se tenía que tomar era ésta. Me remito a la salida de Mònica Terribas de la dirección. Le propusieron un plan y ella no lo aceptó. Es el mismo plan que se está llevando a cabo ahora. Ella me ha dicho, y lo ha dicho públicamente, que estaba de acuerdo con que había que replantear toda la estructura de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, pero cree que no se tenía que hacer de esta manera.

¿Mònica Terribas ha sido la mejor directora de TV3?

Ha habido dos grandes directores en TV3, Mònica Terribas y Francesc Escribano. Han sido dos directores que han dado mucho la talla.

¿Y si no lo tengo mal entendido son dos directores que le ofrecieron llevar Telemonegal a TV3?

A partir del segundo año, cuando Telemonegal se transforma en un fenómeno televisivo nuevo, siempre ha tenido ofertas sobre la mesa. El problema es que es muy difícil hacer un programa como el mío con una plataforma grande, porque a medida que aumenta la plataforma, aumenta la dimensión y, en consecuencia, aumentan los problemas.

¿Quiere decir que aumenta la censura?

Aumenta la injerencia, y que eso no pase es uno de los aspectos básicos para que mi programa pueda flotar  y funcionar. Es algo que el público agradece. Desde BTV nunca se me ha pedido conocer previamente los contenidos de los programas. Eso es muy difícil de aceptar, tratándose de un programa de análisis de televisión, por parte de los directivos de las cadenas que se me han acercado para tratar de hacer el programa en otra cadena.

¿Tampoco ha tenido injerencias cuándo trataba en su programa contenidos de BTV?

Ésta es una de las cosas que quedaron claras con el primer director de BTV y se ha respetado siempre. No se pasa a ver si nos aceptan este tema o éste otro. Tampoco soy un kamikaze. Llevo 35 años de profesión y pienso que hago un análisis responsable. Durante 10 años he intentado evitar el mordisco unidireccional, que es lo que está pasando en otros programas que van en un línea determinada. Nosotros hacemos el papel del perro del pastor. No mordemos siempre a la misma oveja, sino acabaremos cargándonos la oveja. Se tiene que ir mordiendo sin romper piernas y sin hacer sangre excesiva. Se tiene que morder a toda la manada para espabilarla.

El crítico televisivo Ferran Monegal. /CARMEN SECANELLA

Monegal opina que una televisión pública no puede depender de un gobierno y defiende la introducción de un canon para financiar los medios públicos. /CARMEN SECANELLA

¿Cómo ve BTV?

BTV está en un punto de inflexión. Tiene que encontrar su propia definición. Creo que eso en el próximo año o año y medio se tendrá que decidir. BTV tendrá que decidir hacia dónde quiere ir, desde el punto de vista de una televisión municipal.

¿Cómo ve la audiencia en España? ¿Está preparada?

Hasta ahora había dos áreas perfectamente delimitadas, pero cada vez se están borrando más, lo público y lo privado. En el ámbito privado no hay ética ni estética. Hay volumen de negocio. Los medidores de audiencia son un utensilio totalmente imperfecto que nacieron para contentar a la publicidad. Van sobre todo a sorprender, al impacto. Ésta es la tónica general de las cadenas privadas. Las cadenas públicas, a veces, se dejan influir un poco del estilo de las privadas, buscando la espectacularidad. ¿Me pregunta si la audiencia está preparada? Con la audiencia siempre se tiene que bajar al suelo, no se puede filosofar. La gente llega a las ocho de la tarde a casa cansada y aprieta un botón... A la audiencia nunca la responsabilizo de nada. Si la ratomaquía de la Merceditas [en referencia al programa Gran hermano, que presenta  Mercedes Milà] hace cuatro millones de espectadores cada vez que ella sale a hacer el número yo no responsabilizo de eso a la gente.

Ha entrevistado usted en Telemonegal a 420 personas. ¿Con cuál se queda?

Ha habido muchas entrevistas interesantes. Empezando por la del cardenal de Barcelona, Lluís Martínez-Sistach, que estuvo sentado conmigo, vestido con el traje de cardenal, su cruz y su anillo, mirando la televisión. Eso es insólito. En Telemonegal hay dos tipos de entrevistas, personas que se dedican a la televisión, es decir que viven en la jaula y que hacen dentro sus posturas, y personas que se han acercado a la televisión o son espectadores de televisión y tienen alguna cosa que decir. Invité a Martínez-Sistach cuando hubo aquella avalancha de programas satíricos sobre los talibanes, para tratar cómo tocaban el tema del nacimiento de Jesús, la Virgen María y San José los de Polònia y cómo lo vivía el personaje del Papa Ratzinger, excelentemente interpretado por Toni Albà. Me pareció interesante e insólito que un cardenal se sentara al lado de un analista de televisión. Los dos nos pusimos delante de la pantalla y el cardenal reflexionaba sobre lo que veía. Otras entrevistas interesantes han sido las de Juan Luis Cebrián, José Manuel Lara, Jordi González y Xavier Sardà.

Recuperando la conversación que tuvo con Xavier Sardà da la sensación que él desplegó todas sus armas televisivas y llevó la entrevista a su terreno.

Así fue. La entrevista la condujo él. No supe darle la vuelta ni lo frené. Es una bestia de la televisión de primera magnitud y su sabiduría en un plató es colosal. Dominaba más los tiempos que yo, y fue él quien decidió cuándo se acababa la entrevista. Se levantó, me dio un beso en la cabeza y dijo que lo volviera a llamar dentro de 10 años. No he vuelto a hablar con él. Acabé el programa y cuando salí ya no estaba.

El último programa será el día 28 de junio. ¿Prepara alguna cosa especial?

No puedo adelantar nada. En el programa del viernes 21 tengo a Mònica Terribas, y el del día 28 lo estamos preparando. Estoy intentando convencer a la persona que quiero traer.

¿Qué hará cuando acabe Telemonegal?

Soy una persona que he llegado a la televisión de viejo. Llegué después de 35 años de profesión periodística. Ahora, además, tengo una columna de opinión desde hace unos 20 años en El Periódico y  trabajo con Julia Otero. Cuando acabe Telemonegal, continuaré con mi profesión. Los periodistas tenemos tres pistas donde actuar: la radio, la prensa y la televisión. El circo de la televisión he decidido detenerlo y pensar un poco que haré a partir de septiembre o en octubre. Tengo ofertas, propuestas de televisión.

¿No se puede descartar, pues, que pueda hacer alguna otra cosa en la televisión?

Otra cosa, no. No soy un hombre orquesta. A las tres pistas del periodismo siempre he hecho el mismo número. Siempre he hecho un solo de saxofón. No toco la flauta con uno, con otro el tambor y con otro el piano. En todas las pistas que he ido siempre he hecho lo mismo: análisis de televisión en la prensa, en la radio y en la televisión. No me veo ahora presentando Pasapalabra, La isla de los famosos o Supervivientes. En este rol, con todos los respetos, no me veo. No es mi camino. No sirvo para hacer eso.

¿Habrá algún libro de estos 10 años de Telemonegal?

He hecho dos libros y ahora me han propuesto hacer un libro sobre la experiencia de estos 10 años de programa de televisión. Pero bien… ahora llega el verano, el mes de agosto, dejo de trabajar y me voy de viaje, normalmente al norte de Europa, donde hace más fresquito.

¿Se ha sentido algún momento durante estos 10 años como un presentador estrella por la audiencia que tenía? ¿Ha tenido la sensación de pasar al otro lado?

Mentiría si dijera que no ha sido así. En el momento en que un periodista que está acostumbrado a trabajar en la oscuridad de un diario, de repente, entra a trabajar en un plató con las luces, el maquillaje, el micrófono, las cámaras… Todo eso provoca una impostura existencial. Tienes que procurar domarla, pero siempre está ahí. También está la reacción de la gente. Estoy enormemente agradecido por el hecho de pasear por la calle y que a la gente me detenga. Y no me detiene para insultarme. Con este programa hemos conseguido a un público transversal, es decir nos ven los hijos, los nietos y los padres. Pero he procurado que eso no se me suba a la cabeza, porque al fin y al cabo sólo he hecho un programa de televisión, aunque para nosotros ha sido más que un programa de televisión.

¿Lleva bien la parodia que hacen de usted en Polònia? A algunos políticos no les gusta demasiado.

Sí, y tanto. A veces me salen los colores de ver las burradas que me hace hacer el actor Jordi Ríos, pero en casa ríe todo el mundo, incluso el canario flauta que es el que siempre sale peor parado de las parodias. Siempre lo tiro. Todo eso es positivo, te da popularidad. Ahora bien, en un momento dado, hice una catarsis con mi equipo para plantear qué hacíamos después de 10 años de programa. Y todos llegamos a la conclusión que era el momento de dejarlo. Esta popularidad y estima que he encontrado en la audiencia no me hace perder el norte.

¿BTV no le ha pedido que continúe?

No hemos entrado en esta fase. Lo que quiero ahora es dejarlo y desconectar al menos hasta en septiembre o octubre y ver, entonces, si se puede hacer alguna cosa interesante.

¿Entonces, la opción de continuar en BTV queda descartada?

Lo que hago ahora es cerrar un programa. Si de aquí a cinco meses o en 2014 sale la posibilidad de hacer una cosa que piense que puede funcionar, ya se verá. No soy una persona a la que se pueda contratar y decirle, ahora presentarás eso. Estoy acostumbrado a funcionar de otra manera. Soy uno heterodoxo dentro de la televisión. No soy un presentador. No tengo una edad que haga necesario que me tenga que trabajar un futuro, hacerme una trayectoria en el mundo de la televisión. Lo que tengo que procurar es que no se me lleve una ambulancia de un plató. Con eso es con lo que tengo que ir con cuidado.

Le hago la última pregunta. ¿Es Intereconomía la televisión más sectaria?

No, recuerdo algunos reportajes de Telemadrid sobre Catalunya de un sectarismo inenarrable. No, Intereconomía no es la que tiene una postura más sectaria. Hay todo un repertorio.

El crítico televisivo Ferran Monegal. /CARMEN SECANELLA

El crítico televisivo conducirá el próximo viernes su último programa en BTV. /CARMEN SECANELLA

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