Chema Cardeña cierra su trilogía sobre la memoria con un ‘Epílogo’ con sabor a continuará

Chema Cardeña y la compañía Arden cierran con El perfume del tiempo su trilogía sobre la memoria. 2026: lo que hace cuatro años era una reflexión sobre el pasado desde el presente, se convierte en una reflexión sobre el presente mirando al pasado que obliga a añadir un capítulo más a la serie. Así ha nacido Epílogo, que se representará en la sala Russafa de València hasta el próximo 31 de mayo.

Añadir una conclusión a una trilogía de la memoria, para recordar que lo que creíamos haber dejado atrás, sigue presente, y lo seguirá estando en el futuro, es “una mala noticia. Ojalá todo acabara aquí, pero no lo creo, y ha sido la deriva de estos últimos años lo que me han llevado a escribir esta historia que yo creía haber cerrado”, reconoce el dramaturgo valenciano.

Epílogo recorre casi un siglo de historia para reflexionar sobre el fascismo y sus consecuencias en distintas épocas y lugares del mundo, a través de cuatro generaciones de una misma familia marcada por el exilio, la violencia y la necesidad constante de huir en busca de una vida mejor. La historia comienza en la España de 1936, coincidiendo con el levantamiento franquista, y termina con los inmigrantes de EEUU perseguidos por el ICE durante el segundo mandato de Trump. Por el camino, se detiene en el gueto de Varsovia y Auschwitz, la dictadura argentina, e Israel durante la primera Intifada.

Cada una de las tres partes de la trilogía de la memoria -Shakespeare en Berlín, La invasión de los bárbaros y El perfume del tiempo- tuvo su propia estructura. Lo mismo ocurre con Epílogo, en la que hay una diferencia: no se detiene en un momento concreto de la historia, sino que la atraviesa, “y me baso en la historia real de una persona que conocí durante la investigación de Shakespeare en Berlín, y de toda su familia. Eso me ha facilitado conectar el pasado y el presente, e incluso dejar esa puerta abierta, a través de la reflexión, hacia el futuro”.

Pero ¿cómo es posible que, en 2026, se puedan unir son una línea recta el gueto de Varsovia y la actualidad, algo impensable hace apenas unos años. “Pues, desgraciadamente, se puede. La barrera que separa Varsovia, Jerusalén y Washington es cada vez más fina, y es una barrera que representa lo peor del ser humano, la constatación de que no hemos aprendido nada. Creíamos que la II Guerra Mundial había sido un punto y aparte, pero en realidad fue un punto y seguido. Pensábamos que el mundo había cambiado, pero no es así”.

Epílogo avanza de la mano de siete personajes interpretados por Juan Carlos Garés e Iria Márquez. Todo, ambientado con la puesta en escena diseñada por el propio Cardeña, que gira en torno a la imagen simbólica de un reloj de arena que representa el paso del tiempo. El espacio se completa con elementos mínimos —butacas, percheros y algunas prendas— que los actores utilizan para hacer avanzar el tiempo durante la representación. La iluminación, el sonido y el vestuario, de (respectivamente) Pablo Fernández, Josemi Felguera y María Poquet, contribuyen de forma discreta pero efectiva a crear la atmósfera de cada época y lugar, a lo que también contribuyen las proyecciones audiovisuales de Federico Caraduje.

Predicar en el desierto

Cardeña lleva toda una vida militando desde el escenario contra las injusticias unas veces como actor, otras como autor; a veces desde el humor, otras desde el drama. El mundo, mientras, va a peor. ¿Predicando en el desierto? “El arte nos calma, pero desgraciadamente parece que poco se puede hacer cuando el enemigo son unas redes sociales financiadas para predicar odio”, explica.

El dramaturgo explica que intenta “poner mi granito de arena y, desde la cultura, aportar un punto de vista que invite a reflexionar y, porqué no, a intentar enmendar la realidad. Pero somos muy pequeños, la cultura no puede frenar ni los intereses políticos y económico, y tampoco la sinrazón, que el gran problema que tenemos ahora. Tampoco podemos enfrentarnos a campañas de desinformación brutales o a una justicia que deja mucho que desear. Lo único que nos queda es intentar que durante algo más de una hora el espectador se haga preguntas”.

En Epílogo aparecen en pie de igualdad dos de las ideologías más dañinas de la historia: el nazismo y el sionismo. “Son dos términos casi sinónimos. Tienen los elementos de exclusión, superioridad y discriminación Y lo peor, no se ocultan, admiten que quien no entra en sus parámetros no tiene lugar. Además, está la codicia, porque siempre hay intereses económicos”, concluye el autor de la obra.