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Electrizante Rachmaninoff, intenso Mahler

València —
15 de junio de 2026 16:25 h

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La Orquestra ADDA Simfónica Alacant abría el pasado 13 de junio las intervenciones de las grandes orquestas públicas de la comunidad autónoma en el Festival Llíria City of Music. Dirigía su titular, Josep Vicent, quien creó la formación en 2018. Al piano, la ucraniana Anna Fedorova (Kíiv, 1990). Interpretaban la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachmaninoff, obra de gran brillantez y complejidad técnica. De las 24 variaciones que contiene, la número 18 es la más célebre, con la inversión del tema en una escritura de vuelo romántico. Ha sido utilizada en diversas películas, como la Sabrina de Sidney Pollack. Al poco de empezar esa variación, sonó un móvil. Una señora se levantó de su localidad, en una de las primeras filas, con el teléfono en la mano, y se dirigió hacia el fondo de la sala. Un nuevo sonido de móvil reapareció coincidiendo con un silencio hacia el final de la variación. Sin dejar de tocar, Fedorova se giró hacia el patio de butacas con expresión contrariada.

Al acabar, los aplausos hicieron volver al escenario a pianista y director, quien anunció que, por deseo de la solista, repetirían la variación número 18, una vez que todos los asistentes se aseguraran de tener los móviles en silencio. Ya no hubo interferencias y la música de Rachmaninoff sonó en toda su delicada belleza. La pianista había ofrecido una versión electrizante, enérgica, profunda de la obra, con vigorosos momentos de fortissimo, y una técnica deslumbrante. Esta composición, que está considerada como uno más que añadir a los cuatro conciertos para piano y orquesta que escribió el músico ruso, data de 1934 y fue estrenada el mismo año en Baltimore, con el compositor al piano y Leopold Stokowski dirigiendo la orquesta. En cuanto al nombre de Rachmaninoff, utilizo la transcripción que él usaba durante su exilio en Estados Unidos, que es la más empleada últimamente por expreso deseo de sus descendientes.

Tras el descanso, completaba el programa la Sinfonía número 1 de Gustav Mahler. Escrita en 1888 por un compositor de 28 años y estrenada en 1889 en Budapest, es, con la Cuarta, la más breve de su ciclo, con una duración en torno a una hora, ya que el resto, excepto la incompleta Décima, llegan a la hora y media. Fue presentada como un poema sinfónico en cinco movimientos, que incluía en segundo lugar el Andante titulado Blumine, luego suprimido. Tras haber escrito títulos para sus cinco partes, Mahler los eliminó en 1892 para dar al conjunto el de Titán, tomado de una novela de Jean Paul. Finalmente, descartó el título y el segundo movimiento para publicarla en 1897 con los cuatro actuales. Cuando se estrenó en Viena, en 1900, recibió buena acogida del público, pero una muy hostil crítica de Eduard Hanslick, defensor de Brahms y furibundo enemigo de Wagner, caricaturizado como Beckmesser en Los maestros cantores de Núremberg.

La orquesta presentaba una gran plantilla, con amplia cuerda de 50 profesores, las nutridas maderas y metales, y los dos juegos de timbales que prescribe Mahler, arpa y percusión. La configuración del teatro hacía que la cuerda y el arpa se situasen en el proscenio y el resto hacia el fondo que, al carecer de concha acústica, proyectaba menos el sonido. Josep Vicent se esforzó por equilibrar los planos sonoros y condujo una versión intensa, sentida, con contrastes marcados, en una obra que presenta tan amplia paleta de timbres y sensibilidades.

Misterioso sonó el inicio de nota mantenida en las cuerdas, que Theodor W. Adorno denominó “suspensión”, como recuerda José María Perea en sus notas al programa. Luego aparecen las evocaciones de aves en las maderas antes del alegre tema que cantan los violonchelos. El segundo movimiento (Kräftig bewegt) fue marcado por Vicent con la intensidad y movimiento que indica el compositor, y una cuerda que brilló especialmente. El sentido solo de contrabajo, con el célebre Frère Jacques en modo menor abrió el tercer movimiento, en que el director supo destacar los contrastes entre lo grotesco y lo trágico tan característicos de Mahler. En el enérgico Stürmisch bewegt final hubo grandes diferencias entre el carácter tormentoso con que se inicia y acaba y los momentos de lirismo, subrayados con mimo. El público aclamó con intensos aplausos a orquesta y director.