Catalá no gobierna

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Gracias a Laura he descubierto una palabra nueva y antes de que la RAE la incluya en su lista negra quiero compartirla. Si conseguimos que se use, la salvaremos de la hoguera de la obsolescencia que está erosionando todo, incluido el lenguaje. Así que lancémonos al rescate. Porque en este contexto en el que la neolengua se ha convertido en una amenaza democrática, urge salvar palabras.

Arturo Gradolí lo analiza en Tecno Absolutismo Global, donde actualiza a Orwell y advierte de que el lenguaje técnico está sustituyendo a la deliberación democrática, cambiando cómo hablamos y qué podemos pensar. “Al eliminar palabras, se eliminan ideas; al simplificar el vocabulario, se simplifica el pensamiento”, escribe.

Recomiendo su lectura para entender cómo la fórmula de dominación impulsada por la ultraderecha “no necesita abolir formalmente la democracia para vaciarla de contenido”. Se abre camino “sin trauma, como un hecho inevitable”. Así funciona esta estrategia en la que el algoritmo reemplaza al lenguaje y nos roba las palabras con las que nombramos las cosas. Pero no sigo con el spoiler. Como la Fira del Llibre está a la vuelta de la esquina, invito a buscarlo entre las novedades editoriales.

Al grano. De lo que aquí se trata es de salvar una palabra que define a la perfección la deriva a la que València está sometida desde hace casi tres años. En francés existe la expresión laissez faire, laissez passer, le monde va de lui même. En castellano es más sencillo. No hace falta una frase para definirla. Basta con pronunciar cazcalear para que un mundo de significado se abra ante nosotros. María José Catalá cazcalea. Lo dice la RAE. Se trata de una persona que “anda de una parte a otra fingiendo hacer algo útil”.

Lo hizo con la gestión de la dana. La imagen de Catalá mirando desde un puente cómo el barro había anegado La Torre y toda el área metropolitana es un símbolo de su impostura. Fallecieron 230 personas y miles resultaron afectadas. Ella decidió encubrir a Carlos Mazón en lugar de estar al lado de las víctimas.

A María José Catalá parece que nada le afecta. La crisis de la vivienda está desbocada y ella cazcalea mientras el precio se dispara en barrios vulnerables como Orriols o Torrefiel. Sucede con los apartamentos turísticos. El TSJCV ha anulado la moratoria mientras ella modifica los criterios de Visit València para que parezca que se reducen los apartamentos registrados.

Que la ciudad está más sucia es otra evidencia de su cazcaleo, aunque aquí sí que ha tomado medidas. Ha eliminado la opinión ciudadana sobre la gestión municipal del infobarómetro después de que en julio la valoración empeorara en todas las mediciones, con especial incidencia en la EMT. La movilidad es un caos, la ciudad está atascada. Las mascletás, la ZAS de Russafa, los conciertos de Les Arts…

Por si fuera poco, en apenas tres años València vuelve a asomarse a un pasado que parecía superado. La UCO se personó en el Ayuntamiento para requerir contratos de una empresa municipal; una concejala está pendiente de juicio por publicar tuits racistas; la Fiscalía acaba de abrir diligencias de investigación contra la propia Catalá y otras dos concejalas por presunta prevaricación y tráfico de influencias. José Marí Olano seguirá dando de qué hablar.

A Lincoln se le atribuye la frase: “puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo”. Eso es lo le sucede a María José Catalá. Por eso importan las palabras. Con ellas podemos nombrar y entender lo que sucede en nuestra ciudad. Catalá no gobierna. Cazcalea.