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Hay que venir al sur

Democracia bajo presión

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En un contexto marcado por más de 1.100 puestos de control que fragmentan el territorio y por una crisis económica prolongada, la población palestina ha vuelto a acudir a las urnas en las recientes elecciones locales. Lejos de ser un ejercicio rutinario, esta participación tiene un profundo significado político: una reafirmación del deseo de construir un Estado, incluso mientras el espacio cívico se reduce. Sin embargo, la participación electoral alcanzó el 56%, lo que demuestra que, incluso bajo presión, el impulso hacia la participación sigue vivo.

Como palestino, no veo estas elecciones como un proceso democrático rutinario. Las veo como momentos de persistencia, en los que la gente insiste en participar a pesar de las condiciones que la rodean. Pero también me pregunto: ¿quién puede participar realmente y qué voces siguen luchando por ser escuchadas?

A finales de 2025, la ley electoral fue modificada. Uno de los avances más destacados fue el aumento de la cuota de mujeres según el tamaño de cada consejo local. Aunque esto representa un paso importante, el cambio aún no alcanza el umbral del 30% establecido por el Consejo Central y el Consejo Nacional de la Organización para la Liberación de Palestina, ya que la ley reformada fija un rango de entre el 22% y el 30%, dependiendo del tamaño del consejo.

Esto plantea una cuestión importante: aumentar los números es necesario, pero no es suficiente. La participación política de las mujeres no tiene que ver solo con la presencia, sino también con la influencia, la voz y la capacidad de incidir en las decisiones. Aunque este aumento fortalece la representación de las mujeres, no garantiza necesariamente una participación significativa en la toma de decisiones. Persisten preocupaciones más profundas, como las normas patriarcales arraigadas, las estructuras de poder masculinas dominantes y la reducción del espacio cívico.

La participación de las mujeres no se mide solo en presencia

Más allá de estas barreras, las mujeres en la vida pública suelen enfrentarse a una presión adicional. Con frecuencia se espera de ellas que rindan más que sus homólogos hombres para demostrar su legitimidad, mientras deben moverse bajo una mayor vigilancia social y, en ocasiones, ante situaciones de intimidación. Esta doble carga limita la profundidad de su participación y desincentiva una implicación más amplia, reforzando los ciclos de exclusión. Desde lo que he podido observar en mi trabajo, muchas mujeres entran en estos espacios teniendo que demostrar, desde el primer momento, que merecen estar allí.

A pesar de estas limitaciones, la presencia de las mujeres en los espacios de toma de decisiones sigue siendo esencial para la inclusión y para responder a las necesidades de los grupos infrarepresentados. Cuando cuentan con redes sólidas, garantías institucionales y apoyo a la incidencia, las mujeres representantes pueden empezar a transformar prioridades, aportar perspectivas alternativas y cuestionar desde dentro las normas excluyentes.

En este contexto, el trabajo de la organización REFORM, de la mano de Asamblea de Cooperación por la Paz y Jovesólides, en materia de empoderamiento de las mujeres se centra en fortalecer su agencia, amplificando sus voces en los debates nacionales, apoyando el diseño de políticas inclusivas y promoviendo procesos participativos de consulta pública. Un aspecto clave de este trabajo es la participación de las mujeres en mecanismos de rendición social de cuentas, junto con los esfuerzos para abordar las normas masculinas que limitan su influencia en la vida pública y política.

Este acompañamiento demuestra que el cambio es tanto institucional como cultural. Ayuda a transformar estructuras, comportamientos y actitudes hacia la participación de las mujeres, creando entornos más favorables para una implicación sostenida.

Redes y liderazgo para convertir la representación en influencia real

Este enfoque ha reforzado la participación, el liderazgo y la rendición de cuentas de las mujeres en la gobernanza local, asegurando que su presencia se traduzca en una influencia significativa. También hemos observado que la construcción de redes entre mujeres en los consejos locales tiene un efecto transformador. Estas redes fomentan el pensamiento y el diseño colectivo, permitiendo el intercambio de experiencias, el apoyo mutuo y la resolución conjunta de problemas, fortaleciendo la influencia de las mujeres en la toma de decisiones y promoviendo una participación política sostenida.

La agencia colectiva es clave para pasar de la participación individual a una implicación política de las mujeres sostenida y significativa. He visto cómo estos espacios cambian dinámicas: mujeres que antes dudaban empiezan a hablar, a proponer y a liderar, convirtiendo la participación en influencia real.

El cambio estructural por sí solo no traerá la transformación a la que aspiran las mujeres palestinas, pero sigue siendo un paso esencial para abordar desafíos culturales más profundos. Apoyar a las mujeres recién elegidas, garantizar su participación efectiva y crear entornos donde voces diversas incidan en las decisiones son pasos esenciales hacia una práctica democrática más completa.

La práctica democrática no puede reducirse a una urna, una ley y un electorado. También requiere una cultura inclusiva capaz de empoderar a quienes han sido elegidas por la ciudadanía para convertir las aspiraciones en acción.

Sin esfuerzos sostenidos para proteger la participación, la representación corre el riesgo de convertirse en algo simbólico en lugar de transformador, dejando a muchas mujeres presentes en las instituciones pero excluidas de una influencia política significativa.

Para mí, la democracia en Palestina no consiste únicamente en que se celebren elecciones, sino en que las mujeres, junto con toda la ciudadanía, puedan influir realmente en las decisiones que afectan a sus vidas. Sin eso, la participación sigue estando incompleta.