Juanfran, volem votar
Mucho criticar a Diana Morant como candidata a la Generalitat en unas elecciones para las que faltan seis meses, pero al menos el PSPV puede presumir de tener claras las listas. En el PP, a estas alturas, no tienen claro ni a los listos. En esta categoría habría que incluir al actual inquilino del Palau de la Generalitat al que sus propios compañeros han dedicado un dosier que se convirtió en un pequeño best seller en la calle Génova de Madrid. Para que luego digan que la autoedición no es una salida digna cuando las grandes editoriales te han cerrado las puertas.
Que el ínclito les huela a chamusquina, que la presunta corrupción preocupe en las filas populares, es algo tan novedoso que costará acostumbrarse. Pérez Llorca, que por algo se hace llamar Juanfran, siempre ha cultivado con innegable éxito su perfil de bon xic —o bon chic según las Normas del Puig—, y se convirtió en sustituto de Carlos Mazón (de quien había sido portavoz) con los deberes ya hechos. La línea que unía a ambos era recta. El exmolt honorable inauguró, siendo presidente de la Diputación de Alicante, la reurbanización de la avenida de Benidorm de Finestrat de la que su sucesor y todavía molt honorable salió claramente beneficiado. Quiso la casualidad que varias fincas de su propiedad fueran “colindantes o inmediatas al perímetro de la obra”. Pudo ser casualidad —Finestrat no es Nueva York— pero pudo no serlo. De hecho, llamó incluso la atención del amanuense que alumbró el citadosierier quizás porque el Plan General Estructural (PGE) de la localidad de la Marina Baixa se había tramitado sin luz ni taquígrafos.
Pero la condición de presunto pillín del presidente por accidente de la Generalitat venía de lejos. Pérez Llorca se hizo lector habitual de elDiario.es —no me consta si también suscriptor— el día que empezó a levantar la alfombra y a contar que llegó al cargo con la guerra hotelera ya abierta, con ocho inmuebles de los que era copropietario que se olvidó de declarar y una piscina, un parking y un cenador ilegales para relajarse después de tanto trote.
Poco después salió a la luz un contrato de asesoría adjudicado a dedo al abogado David Serra. La propuesta del exsecretario de Cultura y, más tarde, de Deportes, era la más cara de las que se presentaron al pliego, pero ninguno de los aspirantes podía presumir de haber sido condenado por su participación en la Gürtel. Ya lo decía el famoso Roy Bean en El juez de la horca: “conozco bien las leyes porque las he incumplido todas”.
También hizo alzar alguna ceja cuando le encontró un trabajo (efímero, sí, pero bien remunerado) a su señora, y se pegó un mundial de capitán-general gracias a unas entradas regaladas. Con todo lo dicho, la gran pregunta es: ¿qué duda tienen en el PP de que Pérez Llorca es su hombre de cara a las elecciones? Pero todo eso solo fueron gotas en un océano de sospechas.
La última —¿de momento?— se publica hoy y vuelve a poner de actualidad los roces de la familia Pérez Llorca con su socio, el ruso Konstantin Sokolov con el Hotel Allón como campo de batalla. Una lucha que, al paso que va la burra, podría saldarse incluso con el cierre del local y con las hermanas del molt honorable en la calle, ya que, por mérito y capacidad, trabajan en el negocio familiar tras una carrera profesional que, cabe suponer, incluye un origen en un garaje o doblando camisetas. La Audiencia Provincial acaba de anular los acuerdos de la Junta General de la que el ruso fue excluido. La decisión no es firme, pero añade sal a la herida. Con ese perfil, no es gratuito afirmar que las únicas que representan mejor al PP valenciano que él son las gaviotas del logo. Que lo pongan de candidato que volem votar, como coreaban las calles hace unos meses. Los suyos no van a encontrar a nadie mejor, otra cosa es que sean ambiciosos y estén esperando a otro peor. Cantera tienen.