Trump, en el quinto año de su mandato, ha iniciado el gran repliegue. Al mismo tiempo, ordena el secuestro del presidente de una nación soberana. ¿Contradictorio? No, si lo leemos como que, de dominar todos los océanos y mares del planeta con sus once portaviones nucleares, ha pasado a anunciar, el 5 de diciembre,en su nueva doctrina de seguridad nacional que se concentrará en el control del continente americano y, si puede, de Groenlandia. 2025 quedará para la historia como el año en el que EE.UU. asumió la pérdida de su condición de hegemón: China ya le había superado como la mayor economía del planeta; el bloque formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica - que cuenta con un banco propio, el Banco Nuevo de Desarrollo - fue ampliado, a partir de 2024, con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (BRICS +) con lo que está en condiciones de poner fin a la hegemonía del dólar.
El 47º presidente de EE.UU., sabedor de que la pérdida de la hegemonía monetaria abocaría al colapso como superpotencia de su país, ha actuado como Gorbachov hace 35 años o Teodosiano hace dieciséis siglos: ha reducido su imperio para ejercer un mayor dominio en lo que conserva del mismo. Reorienta su política internacional para conseguir un objetivo vital: debilitar el eje Moscú-Beijing y dañar la cohesión de los BRICS +. Para conseguirlo rompe con la Unión Europea. Mantiene las bases militares, pero no la alianza con los estados hospedadores.
Nixon hizo concesiones a China, entonces más débil que la URSS. Combinadas con la hegemonía del modelo económico neoliberal, el resultado ha sido un enorme crecimiento de la capacidad industrial de China en detrimento de la de EE.UU. Pretender que, por ejemplo, Detroit recupere su posición de referente mundial del automóvil, sustituyendo el neoliberalismo por el mercantilismo en las relaciones comerciales entre los estados es delirante.
El acuerdo propuesto por EE.UU. a Japón, China, Rusia e India, para sustituir al G7, tampoco prosperará. Las iniciativas que favorezcan la preservación del dólar como principal divisa y, en consecuencia, la obligación de terceros a financiar el déficit comercial estadounidense, fracasarán. Los acuerdos de Trump recuerdan al pacto Ribbentrop-Molotov entre la Unión Soviética y la Alemania nazi en 1939. Hoy ha sido Venezuela; mañana, cualquier otra nación que considere una colonia.
Hay dos elefantes en la habitación
La complejidad de las relaciones internacionales se ha incrementado exponencialmente ante la evidencia de los efectos de la Emergencia Climática y con la competición en torno a la Inteligencia Artificial. Ambas tienen la capacidad de cambiar radicalmente los escenarios geopolíticos. China está más expuesta a los efectos del Cambio Climático antrópico de lo que lo están, en el corto plazo, EE.UU. o Rusia, lo que contribuye a que su impulso a la transición energética sea incomparable. También la carrera por la computación cuántica, dadas sus aplicaciones militares, es causa de tensión irresoluble entre China y EE.UU.
El negacionismo climático es la mayor amenaza actual del turbocapitalismo demente que ahora, además, amenaza con invadir Canadá, Groenlandia o Venezuela: lo que sea con tal de obtener hidrocarburos con los que seguir cociendo el planeta. El negocio les importa más que millones de vidas. Trágicamente, ya lo hemos sufrido.
La UE y la última oportunidad
En este contexto, la urgente revitalización de las erosionadas democracias europeas es clave para el destino del planeta en su conjunto. Los ataques continuos del gobierno estadounidense a la Unión Europea son descriptivos del temor que produce que el euro, que ya representa el 23% de las transacciones comerciales globales, sobreviva y se consolide como moneda de reserva mundial.
Nuestros sistemas de salud, de pensiones, educativos, de transporte, infraestructuras…son más eficientes y ofrecen mejores resultados con menores costes que los de donde dominan los mercados. Los estadounidenses gastan más porcentualmente en Sanidad que cualquier país de la UE, con resultados mucho peores. También Canadá y Japón son focos a los que Trump dirige sus mayores ataques. Todos aquellos lugares donde existe el Estado del Bienestar son un recordatorio de que los lobbies que cotizan en Wall Street expolian al planeta y a sus habitantes. El modelo social europeo, japones o canadiense es una amenaza existencial para los billonarios que juegan al golf en Mar-A-Lago.
Europa, si consigue hablar con una voz coordinada, está aún en condiciones de preservar su independencia y su estado social sin ser rehén de potencias o lobbies. No se ha conseguido en décadas, cierto, pero, solo bajo una presión extrema el carbono se transforma en diamantes. Es el momento. Si alguna vez ha sido posible, es ahora.
Es ahora o nunca. En Europa el ejército ruso masacra a civiles en Kiev. Y, un estado que pretendió ser parte de la UE, Israel, está perpetrando un genocidio contra la población gazatí con impunidad y publicidad. Las sanciones de la UE, de existir una federación de estados, podrían haber sido muy eficaces. En su forma actual, no están sirviendo de nada.
España o la diversidad como garantía democrática
El hecho de ser un estado formado por naciones ha generado aritméticas que han impedido la llegada de los ultras reaccionarios a las instituciones.
La situación periférica, no solo geográfica, dentro de Europa ha penalizado a España durante siglos. En este momento histórico, en cambio, es un factor que otorga oportunidades. Ser el puente entre las democracias de Latinoamérica y las del continente europeo. En un mundo dividido en bloques, establecer acuerdos de colaboración y apoyo entre las democracias es una necesidad como condición de supervivencia ante la declarada hostilidad imperial.
El Gobierno de España tiene, además, dos deudas con la ciudadanía: conseguir que los salarios recuperen capacidad de compra y destinar los fondos necesarios a un plan de choque de acceso a la vivienda. Sobre esto, que se dejen de milongas: este año las cuentas públicas han presentado superávit primario; la financiación por parte del estado de la promoción de vivienda pública hoy es posible. Al mismo tiempo, debe legislar para que Blakcstone y compañía saquen de su lista de saqueos a las ciudades donde expolian tensionando precios y desalojando inquilinas.
Hace falta valor. Y el valor no son los desplantes de oratoria; el valor es enfrentarse a los oligopolios. El valor es subir los impuestos a las grandes fortunas y a las empresas con beneficios millonarios de tres, cuatro y más dígitos.
El País Valencià. La dignidad de las víctimas
El peor gobierno de nuestra historia democrática es el que, desde el verano de 2023, seguimos sufriendo la ciudadanía valenciana. Integrado por frívolos, estúpidos y criminales negacionistas climáticos. Pero, también, ha sido ejemplar y motivadora la reacción de la ciudadanía que obligó a Mazón a dimitir, pese a la miserable y aparentemente inexplicable protección que le han dado el PP y VOX, y en especial sus líderes Feijóo y Abascal.
La Sanidad pública, la Educación, el transporte público…es increíble como en solo dos años el gobierno más incapaz de la historia, el primer gobierno de coalición de extrema derecha y ultraderecha, ha destruido los servicios públicos.
Es urgente, imprescindible, otro gobierno que tenga como prioridad recuperar la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales, adaptarnos y protegernos de la Emergencia Climática, y potenciar una transición justa hacia un modelo socioeconómico que se adelante a los inevitables cambios. La soberanía energética basada en renovables hace más asequible “el recibo de la luz”, y la soberanía alimentaria crea canales cortos de distribución y reduce precios; son dos ejemplos de lo que aporta la transición ecológica justa. Trabajar, en resumen, por las personas y no por los lobbies.
Corolario:
Si observamos los estados donde ya ha gobernado la ultra-extrema derecha, solo podemos observar una colección de rotundos fracasos: no hay ninguna autocracia que figure entre los 30 estados con mejor Índice de Desarrollo Humano e Índice Gini. Por cierto, lo del éxito neoliberal de Singapur es un cuento: tiene una deuda pública que se ha incrementado en los últimos 10 años hasta el 177% y puede quebrar en cualquier momento.
Contribuir a que el mayor número de personas vivamos en sociedades donde el Estado del Bienestar, la solidaridad y la justicia social sean irrenunciables es mi objetivo personal para este 2026. Y, estoy seguro de que es el de millones de personas en todo el planeta. Una enorme red de esperanza global.