Las puertas de internet

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Se antoja bien complicado pretender poner puertas a internet y a las RRSS (redes sociales) en particular. Pero algo habrá que hacer para proteger a los más pequeños. En ese dilema estamos últimamente.

Porque resguardar a los menores de la bazofia que circula por internet es imprescindible. Violencia, pornografía, incitación a trastornos alimentarios… hay más y no menos nocivo, porque tras las tonterías de videos con bailecitos se esconde el negocio de recopilación de datos personales sobre gustos y conductas de l@s usuari@s, menores incluid@s.

¿Tenemos presentes los peligros de internet y las redes sociales para la infancia y adolescencia?

El 6 de agosto un juez de Nuevo México impuso a Meta el pago de 567 millones de dólares por los perjuicios causados a la salud mental de la infancia al tiempo que ordenaba que se realizaran cambios en las plataformas de Instagram y Facebook para que fueran más seguras para jóvenes. Esta sentencia se suma a los 375 millones de dólares de multa impuesta por un jurado en marzo por haber engañado a las personas usuarias sobre la seguridad de sus plataformas y facilitado la explotación sexual de jóvenes.

El 26 de agosto Meta firmó un pacto poniendo fin de forma anticipada al juicio acordando pagar casi 17.000 millones de dólares e incorporar nuevas medidas de protección para menores en Facebook e Instagram con el fin de resolver las demandas presentadas. Sin embargo, niega las acusaciones y cualquier responsabilidad. Entre los cambios que deberá introducir están un límite máximo de uso diario y pausas para los menores (los adolescentes recibirán notificaciones obligatorias tras 15, 60 y 90 minutos de uso continuo y se eliminarán las notificaciones automáticas durante el horario escolar de los días laborables. Se tendrá que introducir mecanismos eficaces un límite máximo de uso diario y pausas para los menores que utilicen ambas plataformas: los adolescentes recibirán notificaciones obligatorias tras 15, 60 y 90 minutos de uso continuo para incentivar que dejen de usar la aplicación. La compañía también eliminará las notificaciones automáticas durante el horario escolar de los días laborables. Se tendrá que introducir mecanismos eficaces de verificación de la edad y aplicar controles de contenido adaptados a las personas menores, así como controles parentales más sencillos y estrictos y restricciones sobre las funciones que fomenten la comparación social entre los adolescentes, como los contadores de “me gusta”.

Remontándonos en el tiempo, un tribunal de Los Ángeles declaró culpables a Meta y Google de la adicción a las redes sociales de una joven y ordenó el pago de una indemnización de 6 millones de dólares. Duros golpes a las plataformas a los que se suma el proceso iniciado el 18 de agosto en Oakland por la demanda de una coalición de 29 fiscales estatales que acusan a Meta de inducir la adicción a las RRSS a la infancia y adolescencia además de recopilar datos de menores sin el consentimiento de sus padres violando la Ley de Protección de la Privacidad Infantil en Internet (COPPA). La sanción puede ser superior a los 1,4 billones de dólares. Tengamos en cuenta que la Ley de Servicios Digitales (DSA) obliga a las plataformas accesibles a menores a adoptar medidas para garantizar un alto nivel de privacidad, seguridad y protección de menores. En abril del presente año, la Comisión Europea concluyó que Meta incumplía el DSA al no impedir eficazmente que menores de 13 años accedieran a sus servicios. Y en julio la Comisión concluyó que TikTok no estaba garantizando adecuadamente la seguridad de las cuentas de menores. Aclaramos que las conclusiones preliminares no concluyen directamente en multas definitivas.

Vayamos a los peligros. En efecto, el uso indiscriminado de las RRSS por parte de la infancia y adolescencia son múltiples: el ciberacoso, con amenazas, humillaciones, difusión de imágenes personales (el sexting que puede desembocar en sextorsión); la manipulación y el engaño por parte de desconocidos con perfiles falsos; los discursos de odio y la desinformación (bulos, contenidos racistas, misóginos o LGTBI-fóbicos); y la adicción que genera el uso de plataformas, con recomendaciones algorítmicas, “recompensas” y el scrolling infinito (del que hablaremos posteriormente).

Es impensable privar a la infancia y adolescencia de la participación activa en el entorno digital porque existan riesgos de todo tipo. Tienen derecho al acceso a la información. No podemos volver atrás. Pero poner balizas para protegerles, para proporcionarles seguridad es imprescindible.

Ahora bien, ¿cómo?

Primero que nada con educación, con programas educativos que promuevan un uso digital responsable, y con exigencia de responsabilidad a las empresas, y para ello se hace necesario el cumplimiento de normativas sensatas; las relacionadas con la edad no son suficientes y pueden ser arbitrarias si se obvia la obligación de las empresas de invertir en un diseño de plataformas más seguro, que modere de manera eficaz los contenidos.

Los países han empezado a poner puertas a internet como protección a menores. Francia ha sido el primer país europeo y el tercero en el mundo -tras Australia e Indonesia- en aprobar la prohibición del acceso a menores de 15 años a RRSS. Las nuevas cuentas quedarán bloqueadas a partir del 1 de septiembre, mientras que las ya existentes deberán cerrarse desde el 1 de enero de 2027. No significa que se haya establecido un listado de aplicaciones vetadas, pero no hace falta mucha imaginación para saber que afectará a TikTok e Instagram sobre todo. La responsabilidad será de las plataformas. que deberán establecer sistemas de verificación de la edad de las personas usuarias. La ley también prohíbe el uso de móviles en los institutos.

La Comisión Europea está trabajando en su propia normativa para regular las RRSS en toda Europa

¿Y qué pasa con España?

Aquí se fijará el límite en los 16 años siguiendo las recomendaciones del grupo de personas expertas en infancia y entornos digitales. Será la Ley de Protección de Menores en Entornos Digitales del Ministerio de Juventud e Infancia, cuya votación se prevé para otoño.

Un país más que entrará en la Coalición de los Dispuestos Digitales (Digital Coalition of the Willing),un grupo de países europeos (como España, Alemania, Grecia, Noruega e Italia) cuyo objetivo es coordinar regulaciones estrictas sobre las grandes plataformas tecnológicas a nivel multinacional y proteger a la infancia y adolescencia en internet, es decir regularizar de manera conjunta los controles tecnológicos. Esta coalición aplicará a nivel multinacional una regulación más estricta, rápida y eficaz de las plataformas sociales. Su meta principal es evitar que las grandes tecnológicas ignoren las leyes nacionales, protegiendo a la infancia y adolescencia de los riesgos de los contenidos dañinos y la adicción a las plataformas. Aplicación de tolerancia cero frente al abuso que las RRSS hacen de las personas menores de edad, por ejemplo, con el scroll infinito para engancharlas por medio de un diseño adictivo. ¿Cómo lo hacen? Cargando contenido nuevo de forma automática a medida que se baja por la página. Si te detienes en algo el sistema te ofrece más contenidos similares y así funciona el circuito: me gusta – interactúo – más contenido similar – más tiempo de conexión – más datos obtenidos – más personalización. Un bucle sin fin de dopamina que detiene la noción del tiempo, que elimina el autocontrol y genera un consumo pasivo de “información” susceptible de agradar, de entretener a la persona usuaria y engancharla para que no se despegue de la pantalla. El cerebro de las personas adolescentes es muy sensible a la sobreestimulación que desencadena los perversos algoritmos.

Es bastante sencillo que sus cerebros desarrollen un uso compulsivo de internet y las redes sociales porque estas plataformas conectan con mecanismos psicológicos muy bien elucubrados. Las áreas relacionadas con la identidad y el entorno social, el autocontrol, la autorregulación, la valoración de consecuencias de lo que se está haciendo de manera inmediata están todavía formándose en la infancia y adolescencia. La corteza prefrontal, que regula la toma de decisiones, está en desarrollo. En cambio, el sistema límbico es muy reactivo a esa edad y responde intensamente a los estímulos y a la búsqueda de recompensas que esas plataformas ofrecen: la novedad, la gratificación inmediata (sobre todo gracias al consumo de contenidos muy cortos) y para la adolescencia también la necesidad de pertenencia, la aprobación de su entorno, (quién te sigue, qué hacen los otros… ). Y como la recompensa es imprevisible, se sigue buscando a ver si lo siguiente es igual de atractivo (¡no sea que me lo vaya a perder!). El FOMO (Fear of Missing Out), la ansiedad por la hipervigilancia que genera el miedo a quedarse fuera de onda que incapacita para desconectar.

En las chicas, sobre todo, está también querer ser como la/s otra/s, tener ese cuerpo, esa nariz, esos labios, ese éxito… sin comprender que todo es mentira, que todo es edición. Se trata de una comparación social altamente destructiva con imágenes distorsionadas por medio de filtros y de consecuencias fatales como baja autoestima, trastornos de la conducta alimentaria, obsesión por el peso y la imagen corporal.

Un uso frecuente se convierte en intensivo y degenera en problemático interfiriendo en el sueño, los estudios, las relaciones familiares, en las amistades y en la actividad física. Se pierde el control del tiempo, que se entrega sin medida a la plataforma, y la dependencia desemboca en irritabilidad y angustia por separación, un auténtico síndrome de abstinencia.

Entonces, ¿prohibir es la (única) solución?

Cada país tiene la competencia para fijar la edad mínima (13, 14, 15 o 16 años), pero no puede imponer a las plataformas que se salgan del marco de la Ley de Servicios Digitales (DSA) europea.

En España no se va a prohibir ninguna red social específicamente, pero la ley afectará de forma general a TikTok, Instagram, Facebook y X.

Está claro que es indispensable limitar la exposición de las personas menores de edad a las RRSS, pero no creemos que la prohibición sea la única solución, aunque pueda formar parte de ella. Ya que hay atajos que la circundan, por ejemplo, por medio de la descarga de aplicaciones VPN. En Australia, donde se implantó la prohibición con la consiguiente eliminación de millones de cuentas en RRSS, la descarga de aplicaciones VPN aumentó en torno a un 400%. Una aplicación VPN oculta la dirección IP real, protegiendo la privacidad en redes Wi-Fi públicas y permitiendo cambiar de ubicación virtual. Estas aplicaciones pueden utilizarse para saltarse los controles parentales, sortear bloqueos escolares y eludir restricciones o verificaciones de edad en RRSS y páginas web. Además, se puede recurrir a herramientas de IA para falsear la edad en los sistemas de verificación.

Ahora bien, el sistema de verificación de la identidad ¿no puede poner en riesgo la privacidad? ¿Dónde queda la protección de datos? ¿Y qué pasa con el seguimiento de la actividad de las personas usuarias?

Prohibir puede ser una de las puertas para proteger a la infancia y adolescencia, pero como los progenitores y tutores no tengan una alfabetización digital crítica no haremos nada. Entender los sesgos detrás de la tecnología detectando la desinformación y reflexionando sobre el propio comportamiento en RRSS y fomentando la libertad de elegir y la autonomía frente al consumo pasivo.

Los algoritmos se alimentan de la propia actividad en RRSS donde los influencers dirigen y condicionan la vida de l@s seguidor@s. Y todo esto va también para las personas adultas porque si se queden “empanad@s” con el scroll y hacen uso del sharenting – de share, compartir, y parenting, crianza - esa nociva costumbre de publicar fotos, videos y datos personales de sus hij@s en Internet y las RRSS ¿cómo se pretende que esos niños y niñas alcancen la madurez suficiente para autoprotegerse frente a los abusos de internet? Buenas prácticas y estilos de vida saludables más que prohibiciones es lo que hace falta. Sobre todo, no culpabilizarles.

Como declara Agnès Callamand, secretaria general de Amnistía Internacional, “en lugar de imponer prohibiciones generales, las iniciativas deberían centrarse en obligar a las plataformas a abandonar su búsqueda implacable de beneficios en detrimento de los derechos humanos”. En efecto, las prohibiciones en sí mismas no pueden solucionar los problemas que causan las RRSS, sino la modificación de los algoritmos y las funciones adictivas de las mismas. Las recomendaciones del Panel Especial de la UE sobre Seguridad Infantil Online son seguramente más efectivas. Como el hecho de que no es solo el factor de la edad lo que acarrea riesgos sino el género, la discapacidad o el entorno socioeconómico. De igual manera, el Panel aboga por una mayor inversión en alfabetización digital, educación mediática y seguridad en línea ayudando a l@s jóvenes a identificar la desinformación, reconocer los contenidos generados por la IA y desarrollar hábitos digitales saludables.

Mantener seguro a este sector de la población requiere la acción de todos para que sean capaces de reconocer los riesgos en línea y saber dónde obtener ayuda, para que tengan especial cuidado con los extraños y los mensajes sospechosos y reporten comportamientos dañinos, porque deben aprender a utilizar la configuración de privacidad y seguridad y proteger su información personal.

Estos chicos y chicas son nativos digitales, pero necesitan herramientas de protección. ¿Cerrar puertas es la solución? No.

El conflicto entre la protección de l@s niñ@s y adolescentes y sus derechos digitales de información y participación, que los tienen, no se puede zanjar prohibiendo sino teniendo presentes las obligaciones que corresponden a las familias, a los centros educativos, a las plataformas y a los poderes públicos.

Una sinergia entre educación digital y alfabetización mediática, acompañamiento familiar e institucional, mecanismos de denuncia efectivos y, por supuesto, responsabilidad de las plataformas. Fomentar el pensamiento crítico, que puede cuestionar lo que se ve, y la promoción de alternativas en el mundo real que refuercen las relaciones sociales “de verdad”.

  • Emma Sopeña Balordi es filóloga y coordinadora de comunicación de Amnistía Internacional Valencia.