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Qué pasó con Gorgui Lamine, el héroe 'sin papeles' del incendio de Dénia

Raquel Ejerique

22 de agosto de 2026 21:56 h

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Gorgui Lamine vive con su mujer, Gana, y sus cuatro hijos en un piso en el barrio periférico de La Torre (València). Baja vestido de azul brillante, con un traje africano parecido al que llevaba puesto en diciembre de 2019, cuando vendía pulseras y collares en la localidad turística de Dénia (Alicante), y donde un día de diciembre que iba caminando vio salir un humo muy negro de un balcón.

“No lo pensé, simplemente subí porque había gritos y decían que había un hombre dentro, no pude aguantar”, cuenta este senegalés. Una vez pudo rescatarlo —con dificultad, porque el hombre iba en silla de ruedas y tenía problemas de movilidad— bajó a la calle, cansado, satisfecho de haber salvado una vida gracias a una escalera que alguien proporcionó, pero un poco en shock. “Los vecinos me dejaron agua para lavarme y vi una mujer grabando”.

“Empezaron a decirme que qué había hecho, que eso no se podía hacer así, que me había arriesgado, que era peligroso”. Gorgui, que había llegado a España en 2017, después de una travesía internacional por la que una mafia le había cobrado un dineral que había conseguido de la venta de un piso en su país, pensó inmediatamente que le iban a detener o deportar. “Tuve miedo, entendí que había hecho algo que estaba prohibido por la ley o algo así y que podía buscarme problemas con la policía, así que cogí mis cosas y me fui”.

Gorgui, que en ese momento no tenía papeles de residencia y estaba en situación de irregularidad, cogió el bus de vuelta a Gandia, la localidad en la que vivía en una habitación con su mujer y su bebé. “Pensé que mejor si no iba por Dénia unos días, y me fui a Castellón a vender”.

En la localidad alicantina, efectivamente, la policía le buscaba, el alcalde le buscaba, la persona a la que había salvado le buscaba. Para darle las gracias y hacerle un reconocimiento. Finalmente, a través de amigos y conocidos dieron con él. “Me llamó un policía para que fuera a Dénia, me dijo que necesitaban a hablar conmigo”. Gorgui ni fue ni volvió a coger el teléfono, aterrorizado con una detención. “Cuando volví a casa, había cámaras de televisión, me explicaron todo, que no me iba a pasar nada malo, y ahí ya sí fuimos a Dénia”.

En la localidad fue considerado un héroe, le paraban por la calle, salió en las noticias e incluso en medios internacionales como The Guardian. El Ayuntamiento (entonces en manos del PSOE) le hizo una recepción oficial el 13 de diciembre y el alcalde, Vicente Grimalt, anunció que se le haría un homenaje en el Día de la Policía Local: “Gorgui demostró al jugarse la vida sin pensárselo dos veces para salvar la de otra persona. Y la que todas y todos deberíamos tener con tantas y tantas personas que como él y su familia llegan a nuestro país en busca de un buen futuro al que tienen derecho”, dijo en su discurso.

El Gobierno tramitó sus papeles de manera “excepcional” a petición del Ayuntamiento. Los consiguió a los seis meses, lo que le ha permitido trabajar de manera intermitente como “carretillero, en carga y descarga en almacenes, de peón... También en el campo, pero ahí es muy duro porque hay intermediarios y te acaban engañando”. Cuenta que en el consistorio le prometieron trabajo y una vivienda, “pero nunca supe más”, dice Gorgui mientras toma una tónica en una cafetería. El Ayuntamiento de Dénia asegura que se le “proporcionó un trabajo y residencia fuera de Dénia”, pero no ha dado detalles para poder confirmarlo a las repreguntas de elDiario.es.

Este senegalés, que viajó con “una mafia” siendo menor de edad por medio mundo, vivió en Madrid, en Gandia y recaló en València en 2020 con su familia para intentar tener más ingresos, ya que la venta de pulseras no da para alimentar a sus cuatro hijos (hoy de 7, 6, 3 años y una bebé de 5 meses). Acabó en el barrio de La Torre, uno de los más baratos entonces para vivir, en una de las ciudades de España donde más rápido se ha tensionado el mercado de la vivienda (con subidas del 45% desde la pandemia).

El 29 de octubre de 2024, Gorgui y su familia estaban en la plaza de este barrio del sur cuando empezaron a ver bajar el agua. “Subimos rápido, afortunadamente vivimos en un primer piso y pudimos salvarnos, solo se inundó un poco la entrada. A la mañana siguiente todo era barro y destrucción”. Pero tampoco estar en una zona inundable ha moderado los precios.

“Pagaba 550 y ahora me lo han subido a 610 euros al mes”, cuenta sobre su casa, una modesta vivienda de unos 60 metros sin ascensor con dos estancias para seis personas y camas en el salón. “Aun así, el dueño tiene mucha paciencia, porque a veces no puedo pagar, o me ayuda con el alquiler una amiga que también me ha pagado el carné de conducir para que pueda buscar mejores trabajos. El dueño podría echarnos y sacar más dinero aún”, admite.

Aunque su vida ha mejorado respecto al día que salvó a aquel hombre, ya que ahora no lo pueden detener ni deportar y tiene la documentación para trabajar, Gorgui sobrevive como puede, con la vista puesta en lo laboral. “Aquí está muy duro conseguir trabajo bueno, a veces no tenemos más que para pagar el piso. Me gustaría cambiar mi vida, trabajar en el puerto por ejemplo ahora que tengo carné de conducir, para tener mi vida bien y mantener a mis tres niñas y mi niño en España, un trabajo que sea estable”. No descartan volver a Senegal, aunque España es un lugar donde han encontrado oportunidades “y gente muy buena”.