BOTÓN DE ANCLA
Yo, con los profes
PP y Vox despidieron el mes de abril, en les Corts, por todo lo alto: votando en contra de que las VPO se adjudiquen por sorteo. Después del escándalo de Alicante —un funcionario llegó a admitir en sede judicial que el 'decreto Mazón' permitía adjudicar esos pisos a quien no cumpliera los requisitos— hay que tener cuajo para defender este atropello. En la mayor parte de los medios, la noticia ha pasado de tapadillo. Algunos dicen que es por las subvenciones que mojan, pero hay más: esos privilegios forman parte del modelo de sociedad del que depende su cuenta de resultados. Los que no llegan a fin de mes no consumen publicidad, así que son como el coronel, no tienen quien les escriba. Y eso que algunos de los que escriben ahí, defendiendo a sus verdugos, no llegan a fin de mes. Cornuti contenti como decían en Uno de los nuestros.
¿Y qué tiene que ver esto con la huelga indefinida en educación que comenzará, si nadie lo evita, el próximo 11 de mayo? Todo. Es otro frente de batalla en la lucha por los privilegios de una clase que se hace llamar media pero es alta, y cada vez más. Los de clase media (aspiracional o no, da igual) son los que no hacen caso a la realidad, que se empeña en recordarles que ha llegado su hora. Creen que votando a la derecha, haciendo que sus hijos tomen la comunión o aparcando el SUV en segunda fila cuando van a recoger a sus retoños al cole subvencionado, se van a librar. Ilusos. Son los siguientes.
No entienden nada. Estamos en época de Saturno devorando a sus hijos: los que más tienen, van a tener más; y los que menos tienen, cada vez serán más pobres. Los de ‘en medio’ de hoy son los ‘de abajo’ de mañana. Lo que va a pasar en los próximos años lo vio venir el malogrado conspiranoico Michael C. Ruppert con su 'teoría del oso': cuando te persigue un plantígrado no se salva el más rápido, sino que muere el más lento. Pero, como en el juego de las sillas, cada vez hay que ir más rápido. Tarde o temprano, cuando el más rápido sea el único que queda, acabará como los emparedados del oso Yogui: en el estómago de su depredador. Para sobrevivir, una parte de la sociedad necesita que el Estado —del que tanto rajan—mantenga sus privilegios, y que la escuela deje de ser el ascensor social que es (si aún lo es) supone, junto a la sanidad, la joya de la corona. Ese es el quid, quieren que les paguemos sus privilegios.
Por supuesto, hay quien presenta las reivindicaciones de los profesores y maestros como un ejercicio de caradurismo. Solo hay que ver cómo algunos periódicos —que sin ayudas públicas (a veces, difíciles de justificar) no sobrevivirían— se empeñan en presentar sus reivindicaciones como una cuestión meramente crematística: quieren un aumento de entre 300 y 500 euros mensuales. Tras 18 años con los sueldos congelados, y una pérdida de poder adquisitivo del 20%, habría que ver si es mucho o poco, pero tampoco hay que ser Einstein para saber que, en una negociación, pides el oro y el moro (lo nacionalizas y le das paguita para que vote Perro Xánchez) y luego vas bajando. Al igual que la conselleria, que dirá no a todo y luego cederá en algo. Es la liturgia.
Pero sus reivindicaciones van mucho más allá. No piden solo por ellos: gran parte de sus reivindicaciones son en nombre del alumnado, nuestros hijos e hijas. También piden bajar las ratios, más puestos de trabajo para hacer frente a una carga de trabajo insostenible (la de horas que se pierden en burocracia), refuerzos en atención para menores con necesidades especiales, mejora de infraestructuras (pedir aire acondicionado en las aulas es de justicia), cubrir las bajas cuando se produzcan (como ocurre con los docentes de mitología cristiana, que pagamos entre todos), etc. Pero qué le voy a contar a la consellera María del Carmen Ortí, si es maestra. Seguro que ella mejor que yo entiende a sus compañeros.
Por su parte, y aquí está el truco, la conselleria recuerda que nada es gratis. Y la perogrullada nivel pro. Acceder a todas esas reivindicaciones, dice, supondría entre 400 y 675 millones de euros al año. El cálculo lo han debido de hacer con los dados, ya que la diferencia es de un 40%, pero vamos a asumir que la cifra exacta es la segunda. Para que el guarismo tenga sentido hay que añadir a quién beneficia: hay más de 800.000 alumnos en colegios públicos en la Comunitat Valenciana (entre el 65 y el 70% de las familias optan por esta opción). Por lo visto, para ellos no hay dinero, pero para reducir los impuestos de patrimonio, sucesiones y donaciones a unos 26.700 valencianos, el dinero nunca fue un problema. En total, la broma nos salió por 551 millones al año. Así corren más ligeros cuando les persigue el oso. Yo propongo que se suba el doble de lo que se bajó y verás tú si hay pasta.
Si yo tuviera un colegio y una mina de carbón, alquilaba el colegio y me iba a picar carbón. Así, descansaba
Durante unos 15 años fui redactor de Educación, labor por la que pasé sin pena ni gloria, pero aprendí algo que, ahora que tengo hijos y van a un colegio público (no como yo, que fui a la privada hasta que dejé la universidad), lo tengo más claro que antes: si yo tuviera un colegio y una mina de carbón, alquilaba el colegio y me iba a picar carbón. Así, descansaba.
Lo dicho. No es una huelga de profesores y maestros, es una batalla más por un modelo de sociedad mejor. O derechos para todos o privilegios para algunos. Yo, con los docentes.