Puerto de València: una brecha en la izquierda
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Oltra y Bernabé, Compromís y PSPV, en posiciones distintas
La ampliación portuaria, validada ahora por los jueces, marca un modelo de ciudad polémico
Una ciudad superturística y portuaria o una ciudad asequible y marítima. De manera muy simplificada, pero entendible, esta es la disyuntiva que se presenta para la València de un futuro bastante inmediato. Con las elecciones municipales a la vista en unos meses, las opciones de la izquierda de desbancar a la derecha del PP y Vox en el Ayuntamiento pasan por la dialéctica que esos dos marcos representan, con las capacidades movilizadoras que incorpora y todas sus repercusiones. Y en ella hay una brecha abierta entre lo que representan Mónica Oltra y Pilar Bernabé, Compromís y el PSPV, aunque la sensatez táctica lleve a las partes a no hacer leña con el asunto. Me refiero a la decisión del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana de validar el proyecto de ampliación norte del Puerto de València.
La sentencia llama la atención por el hecho de que el TSJ haya rechazado el criterio del perito judicial que designó la propia sección cuarta, que señalaba la necesidad de una nueva declaración de impacto ambiental, y haya 'comprado' en cambio los argumentos del Puerto de València para considerar legal la macroampliación. El fallo supone una derrota de los movimientos vecinales y ecologistas agrupados en la Comissió Ciutat-Port y una victoria, por supuesto, de la derecha y del lobby portuario. También, y sobre todo, del PSPV-PSOE, que es la fuerza que ha hecho posible esta apuesta por un gran muelle de carga y descarga de grandes buques de transporte de contenedores, que gestionará la multinacional MSC.
Aunque en sus orígenes en época de Rita Barberá había contado con la oposición del grupo municipal del PSPV, sin el impulso socialista las obras de la macroampliación no estarían en marcha. Fue un socialista, Aurelio Martínez (que paradójicamente estuvo en aquella oposición inicial) quien retomó desde la presidencia del Puerto el proyecto, paralizado desde 2012, lo modificó considerablemente y lo volvió a lanzar en 2018 con la misma declaración de impacto ambiental de 2007. Una operación que encontró rechazo ciudadano y del mismo alcalde, Joan Ribó, de Compromís. Tras algunas vacilaciones, al actual ministro de Transportes, Óscar Puente, le faltó tiempo para venir a València, en diciembre de 2023, poco después de tomar posesión, para anunciar la puesta en marcha de las obras con un brindis en compañía de la presidenta de la Autoridad Portuaria, Mar Chao; la alcaldesa María José Catalá; el entonces presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, y la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé. La apuesta por el modelo de ciudad portuaria fue contundente.
El otro día coincidieron Mónica Oltra y Pilar Bernabé en un “sopar a la fresca” en el Paseo Marítimo convocado por las asociaciones de vecinos para reivindicar el uso de los espacios de la ciudad para sus habitantes con la celebración masiva de una costumbre popular que un hostelero de la zona había calificado como “tercermundista” a ojos de los turistas. Pero la actitud de las dos candidatas que aspiran a la alcaldía no puede ser más distinta en relación con el paisaje de grúas que se extiende en el horizonte de la playa de El Cabanyal en que se celebraba la cena popular. Oltra ha estado en las manifestaciones contra la ampliación del puerto, sostuvo, cuando era vicepresidenta de la Generalitat, la eliminación de los diques de la prevista terminal del Puerto de València por sus efectos de erosión sobre las playas al sur de la ciudad y llegó a declarar que “la ampliación sería un error catastrófico”.
No es una brecha menor la que abre la opción por la “vía portuaria” frente la “vía marítima” entre las dos principales fuerzas de la izquierda valenciana, destinadas a entenderse si alcanzan el gobierno del Ayuntamiento. La historia política de las últimas décadas revela que ciertas batallas estratégicas acaban bien en València cuando los socialistas unen fuerzas con los movimientos ciudadanos. Por poner un ejemplo, El Cabanyal no fue destruido por el ímpetu urbanístico de la alcaldesa Barberá porque la añorada Carmen Alborch hizo valer su influencia sobre el Gobierno de Rodríguez Zapatero en la defensa del barrio como bien de interés cultural. Coincidió entonces, por cierto, Alborch con Oltra en la foto de las protestas de Salvem el Cabanyal frente a una abusiva represión policial.
Considerar que se trata de un episodio superado, digo de la ampliación portuaria, sería un error. Pase lo que pase en el Ayuntamiento, acaben en el gobierno local o en la oposición, Oltra y Bernabé, Compromís y el PSPV, que están destinados a volver a entenderse, verán aparecer, más pronto que tarde, la primera consecuencia de la opción portuaria: el acceso norte, un túnel subterráneo para la entrada y salida de camiones por la única playa urbana superviviente que el Puerto pretende ejecutar para dar utilidad a la gigantesca terminal que se está construyendo.
De momento, Acció Ecologista-Agró, que lleva la representación judicial del movimento ciudadano contra la ampliación portuaria, ha anunciado que recurrirá ante el Tribunal Supremo la sentencia y ha reiterado que las obras “están teniendo como efecto directo inmediato la regresión de las playas del sur”.
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