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La leve muerte de César Millán

Me alegra poder aclararlo, ¡César Millán está vivo!

El pasado 3 de Diciembre de 2014, empezó a difundirse en Internet a través de redes sociales e incluso portales de noticias, el bulo sobre la muerte de César Millán. Muy conocido por su programa de televisión, “El encantador de perros”. Cada cierto tiempo se repite el “asesinato virtual” de algún personaje conocido.

El contenido del falso documento no tiene desperdicio. Escrito en un castellano neutro aporta datos reales sobre la vida de César, combinados con un ficticio comunicado de prensa de su desconsolada viuda y la referencia a unos supuestos informes médicos del centro hospitalario.

El famoso “Encantador de Perros” Cesar Millán, falleció esta mañana tras sufrir un fulmínate paro cardíaco.

Debe ser sorprendente leer la crónica de tu propia muerte con ese lujo de detalles. El comunicado tiene todos los ingredientes necesarios para conseguir el engaño. Muchos de los seguidores del querido Cesar Millán han colaborado inocentemente, aportando comentarios y reenviando la “triste” noticia.

Y César Millán ha reaccionado de la mejor forma, con humor. Ha utilizado las redes sociales para contestar por medio de la foto de “Junior”, uno de sus queridos perros, al que le otorga la capacidad de hacer unas divertidas declaraciones:

“Los informes sobre el deceso del líder de mi manada son extremadamente exagerados. Felizmente puedo informar que está a salvo, feliz y saludable. También puedo contarles que me mantuvo despierto toda la noche con sus ronquidos, mi desayuno fue un poco tarde y que tuve una gran caminata durante la mañana. Como César siempre me dice: Ejercicio. Disciplina. Afecto. ¡Las claves para una vida larga y saludable!”

¿Qué es un “hoax”?

Un bulo o noticia falsa, es un intento de hacer creer a la gente que algo falso es real. (No, no me refiero a los políticos). El término en inglés “hoax” se ha popularizado en castellano al referirse a engaños masivos por internet a través de webs, foros, blogs, portales de noticias y redes sociales. O cualquier otro tipo de comunicación electrónica. E-mail, SMS, whatsapp, etc.

Una vez recibido el falso mensaje, con apariencia seria y fiable, sus receptores lo reenvían voluntariamente a nuevos receptores. Si ante tanto ruido algún medio de comunicación de prestigio se hace eco de la noticia entonces el “hoax” puede llegar a ser muy dañino.

La Asociación de Internautas ha realizado un estudio en el que demuestra que el 70% de los usuarios no saben distinguir entre una noticia verdadera, un rumor, o un bulo. Es una muestra clara de nuestra inmadurez digital. Leemos en Internet sin ninguna precaución, desconociendo en muchas ocasiones la autoría de la información.

Todos somos víctimas pero perjudica especialmente a las personas más cándidas e inocentes. ¿Cómo podemos proteger a los niños de tantos embustes? Podemos empezar el camino analizando las características más comunes de los bulos.

¿Cómo distinguir los “hoaxes”?

Los bulos necesitan captar la atención con una foto o un título exagerado o morboso. Por ello recibimos todo tipo de alertas sobre virus intratables, impactantes noticias ficticias sobre personas famosas, cadenas de solidaridad, cadenas de la suerte, métodos para hacerse millonario en cinco minutos, regalos de grandes compañías o leyendas urbanas.

Normalmente los autores evitan poner una fecha para que parezca actual en el momento de ser leído con posterioridad. Además evitan utilizar expresiones locales para conseguir la máxima difusión internacional.

Generalmente un “hoax” es anónimo aunque también puede utilizar una falsa identidad. Si el mensaje es gráfico, puede tener la apariencia simulada de algún diario conocido. No citan las fuentes porque no existen pero pueden apuntar a un enlace roto o a otro medio desconocido. Como necesitan de la viralidad suelen contener una petición directa de reenvío.

Los creadores de bulos pueden tener diferentes objetivos. Como obtener direcciones de email y números de teléfono para enviar posteriores informaciones o publicidad (Spam). Puede ser un medio para expandir un virus o conseguir contraseñas. O en general confundir y manipular a la opinión pública por motivos sociales, empresariales, políticos, religiosos o privados.

Hay muchos ejemplos. Son muy conocidos los casos de mensajes que te prometen entrar en el sorteo de un iphone. Y las tarjetas regalo de Zara y otras falsas promociones de conocidas tiendas.

Otros bulos se utilizan para perjudicar a algunas marcas relevantes. Se envían mensajes, fotos trucadas o vídeos. Latas de Coca-Cola con orín de rata que te matan. Supuestos “tropezones” encontrados en una hamburguesa de McDonals. Y otras lindezas.

Los mensajes de tipo sexual consiguen captar el interés con títulos e imágenes sugerentes. El reenvío se consigue aprovechándose de las debilidades humanas. También son muy comunes. Lo importante es que el anzuelo sirva para “viralizar”.

Algunos “hoaxes” son bromas más o menos divertidas. En un vídeo que ha circulado en todo el mundo, un iPod carga la batería gracias a una cebolla. Parece difícil de creer pero consiguió su objetivo viral y que mucha gente lo intentara. ¡Me lo puedo imaginar!

Otra modalidad de bulo inofensivo es el que solo pretende entretener y subir el ego de su creador mostrando su talento en todo el mundo. Se extendió por la red, un vídeo en el que se ve un águila que agarra un niño y lo levanta unos metros. Felizmente el águila suelta el niño enseguida.

El vídeo es muy realista pero solo es un montaje bien realizado por unos estudiantes de animación en Canadá.

También podemos encontrar noticias con más trascendencia. En 1999 la policía de Carolina del Norte detuvo al autor de un bulo en Internet que afectó a la bolsa. El joven Gary Dale Hoke, de 25 años y empleado en una compañía informática inventó una noticia falsa, diseñó los mensajes y los envió a varios medios de Internet. El bulo provocó la subida del precio de las acciones de la empresa en un 30%.

Este tipo de delitos ya habían ocurrido en muchas ocasiones en el panorama bursátil pero era la primera vez que se planeaba en Internet.

Los bulos han existido siempre. En el mundo del periodismo y cuando aún el papel era el rey, fue un escándalo el caso de Janet Cooke en Estados Unidos. La periodista de The Washington Post tuvo que devolver en 1980 el prestigioso Premio Pulitzer. Su reportaje, “El mundo de Jimmy”, contaba el caso de un niño de solo 8 años que se inyectaba heroína con la complacencia de su madre.

Pero ese niño no existió nunca. ¡Janet Cooke se lo había inventado!

¿Qué ha cambiado? El nacimiento de Internet ha hecho posible que cualquier persona pueda fabricar un bulo y propagar la información a gran velocidad por todo el mundo. ¡Y es demasiado fácil!

El prestigio y la calidad frente al anonimato.

Quizás sea una actitud nostálgica, una foto idealizada, no lo niego. Me sigue cautivando la idea de comprar el periódico. Pasar las hojas, sentado y tranquilo, al lado de una taza de café. Saborear cada noticia plácidamente, dejando espacio a la reflexión. Más tarde, frente al ordenador, visitaré con interés los medios digitales.

En las autopistas de la información nos perdemos el paisaje. Circula una inmensa masa de información a gran velocidad y de muy baja calidad. Nos golpea tan fuerte, tan rápido y tantas veces. Quedamos tan atontados que no recordamos los detalles de las noticias, ni en que medio las hemos leído, ni si los autores eran fiables. ¿No te ocurre?

¿Qué proporción de lo que leemos en Internet es información veraz? En mi casa nos educaron en la creencia de que la palabra de una persona es un valor esencial. Tanto como el respeto. Pero por algún extraño motivo se utiliza internet y el anonimato para engañar y lanzar negatividad.

Me viene al recuerdo el caso de una política que fue asesinada. Los comentarios en las redes sociales fueron de una crueldad y de un cinismo espeluznante.

No me extraña que cada vez surjan más voces que piden una defensa clara para las personas o entidades que sufren la propagación por medios digitales de grandes mentiras, insultos, denigraciones y bulos.

El todopoderoso Google también colabora como altavoz. Los infundios, suelen tener títulos morbosos que provocan reenvíos, visitas y que muchas otras páginas los enlacen. El motor de búsquedas destacará la información perjudicial situándola en la mejor posición del orden de aparición de resultados.

En los albores de Internet teníamos la esperanza de que fuera un medio para potenciar la libertad de información. ¿Está siendo así? La cantidad parece peleada con la calidad. Y el anonimato es el catalizador perfecto para tanto desperdicio mediático.

No es posible que la Wikipedia sea una referencia para los estudiantes. No es posible que leamos en Internet cuestiones de salud médica sin conocer el autor. No es posible que consultemos dudas técnicas o comerciales en foros llenos de personajes y mensajes fabricados por intereses espurios.

Necesitamos saber distinguir entre un autor anónimo y la credibilidad de los profesionales en diarios digitales. Seamos sensatos. ¿Qué objetivo tiene el anonimato?

Estamos pagando los errores propios de la adolescencia de Internet. Pero estoy seguro de que el tiempo nos proporcionará la madurez suficiente para saber tamizar la información digital. Lo añadiré a mi lista de deseos navideños.

“Los informes sobre el deceso del líder de mi manada son extremadamente exagerados…”

Necesitamos más verdad

Me alegra poder aclararlo, ¡César Millán está vivo!

El pasado 3 de Diciembre de 2014, empezó a difundirse en Internet a través de redes sociales e incluso portales de noticias, el bulo sobre la muerte de César Millán. Muy conocido por su programa de televisión, “El encantador de perros”. Cada cierto tiempo se repite el “asesinato virtual” de algún personaje conocido.