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El tributo de Zelenski a una unidad que mató a miles de polacos tensiona la alianza de Kiev y Varsovia contra Rusia

Funeral por las víctimas de las matanzas de Volinia, cuando decenas de miles de civiles polacos murieron a manos de grupos nacionalistas ucranianos en 1943.

Shaun Walker

Varsovia / Kiev —
7 de agosto de 2026 22:13 h

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La solidaridad que los polacos mostraron con los ucranianos después de que en febrero de 2022 Rusia comenzara la invasión a gran escala de Ucrania, figura entre los episodios más conmovedores de la guerra del Kremlin. Recordando su propia y trágica historia con Rusia, fueron millones de polacos los que se movilizaron entonces para dar comida, alojamiento y apoyo a los refugiados que llegaban por la frontera huyendo del conflicto en Ucrania.

Cuatro años después, ese aluvión de solidaridad y generosidad es solo un recuerdo lejano. Los dos países se encuentran enzarzados en una amarga disputa por la historia. En medio de una violenta retórica, se han intercambiado acusaciones y Polonia ha amenazado con impedir la entrada a la Unión Europea (UE) de Ucrania mientras Kiev no reconozca su responsabilidad histórica.

La disputa gira en torno a una de las ramas del Ejército Insurgente Ucraniano [UPA, por sus siglas en ucraniano], que en 1943 masacró a 100.000 polacos en Volinia, que entonces era una región de Polonia y ahora pertenece al oeste de Ucrania. El episodio, fuente de fricciones entre Kiev y Varsovia desde hace tiempo, ha vuelto a enfrentar a los dos países por la decisión de Volodímir Zelenski, el presidente ucraniano, de desoír las protestas polacas y bautizar a una unidad militar ucraniana en honor a los “héroes del UPA”.

En Ucrania, el UPA es especialmente recordado por su lucha contra el dominio soviético. Su participación en masacres de polacos y de judíos se minimiza o se presenta como un episodio más dentro de la serie de crímenes que muchas fuerzas cometieron durante el sangriento caos de la Segunda Guerra Mundial. Algunos ucranianos también exigen tener en cuenta las circunstancias históricas y las políticas discriminatorias que las autoridades polacas desplegaban contra sus antepasados ucranianos.

Pero de lo que no hay duda es de que los asesinatos se produjeron, calificados de genocidio en Polonia. “Alabar el genocidio, o hacer la vista gorda, es una invitación a nuevos genocidios”, dijo el presidente de Polonia, el nacionalista Karol Nawrocki, durante un discurso a mediados de julio por la celebración del aniversario de la masacre en un lugar cercano a la frontera con Ucrania.

También por esta disputa, Nawrocki retiró en junio a Zelenski una condecoración estatal polaca, provocando una enfurecida respuesta entre los dirigentes políticos ucranianos y haciendo que muchas autoridades en Kiev decidieran devolver las condecoraciones polacas con las que habían sido distinguidas.

“Nadie volverá a decirle nunca más a los ucranianos a qué héroes deben honrar, qué fiestas deben celebrar o qué historia deben estudiar”, escribió en la red social X el jefe de gabinete de Zelenski, Kyrylo Budanov. El gobierno en Kiev ha comunicado que seguirá adelante con la creación del “panteón” de héroes nacionales de Ucrania, que probablemente incluirá a miembros destacados del UPA.

Un “guerrero de la memoria” en el poder

Zelenski es un nacionalista insospechado. Se crio en una familia judía de habla rusa en el cinturón industrial del sureste ucraniano, lejos de la zona nacionalista del oeste del país, y ganó las elecciones de 2019 como un personaje “inclusivo” capaz de unir a los ucranianos. “De repente, un tipo que sabe perfectamente lo perjudicial que es homenajear al UPA, empieza a jugar con este nacionalismo”, dice Bartosz Cichocki, que representó a Polonia como embajador en Ucrania desde 2019 hasta 2023.

Hay quien dice que Zelenski lo hace para ganar legitimidad dentro de Ucrania, donde la sociedad se mantiene unida en la lucha contra Rusia y en busca de héroes nacionales. “Gana legitimidad interna, pero pierde algo mucho más importante, creo que les ha sorprendido la fortaleza de nuestra reacción”, añade Cichocki.

En Polonia, el escándalo le ha venido como anillo al dedo al presidente Nawrocki. En sus funciones anteriores como historiador, ya se había centrado en los temas del sufrimiento y del heroísmo polacos. El programa con el que el año pasado venció al candidato progresista en las elecciones presidenciales incluía un discurso antiucraniano.

Despojar a Zelenski de la más alta distinción civil que otorga el Gobierno polaco ha sido una medida sorprendente. Se trata del mismo galardón que Polonia concedió, y nunca retiró, al dictador italiano Benito Mussolini y al excanciller alemán Gerhard Schröder, abiertamente prorruso.

Está claro que en Polonia una postura dura respecto a Ucrania reporta beneficios políticos. Según una encuesta reciente del medio polaco Onet, el escándalo ha disparado la popularidad de Nawrocki. El índice de aprobación del actual presidente de la república aumentó en un 8% solo en un mes, llegando al máximo histórico de 55%.

“Polonia tiene en el poder a un guerrero de la memoria que usa la historia como instrumento para las luchas partidistas”, dice el historiador ucraniano Yaroslav Hrytsak. “Por un lado, tenemos a un presidente al que le importa demasiado la historia, y por otro a un presidente al que le importa muy poco la historia”, añade Hrytsak en alusión a Nawrocki y a Zelenski.

Los campos de girasoles y los bosques cubren por completo lo que antes eran los pueblos de Ostrówki y Wola Ostrowiecka, hogar de más de un millar de personas de etnia polaca hace más de 80 años, en la región noroccidental ucraniana de Volinia.

Liderada por el primer ministro Donald Tusk, la coalición que gobierna Polonia está en clara oposición a Nawrocki. Algunos de los miembros del gobierno han buscado un tono más conciliador con Ucrania, pero también se indignan por el anuncio sobre el UPA. Las elecciones parlamentarias están programadas para 2027 y a nadie se le escapa lo que pueden perder si parecen blandos con Ucrania.

El pasado fin de semana, Tusk sugirió que Ucrania no tenía cabida en la UE hasta que fuera capaz de afrontar su propia historia y anunció la creación de un “muro de la memoria” para grabar el nombre de todas las víctimas conocidas de la masacre. “La reconciliación en Europa tras la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias a la verdad y a la capacidad de hablar con honestidad sobre el pasado”, dijo el primer ministro polaco. “Los que quieran unirse a esta comunidad deben estar preparados para esa verdad”.

Viejas tensiones

El quiebre en las relaciones entre Ucrania y Polonia tal vez sea algo nuevo, pero viene de un descontento que lleva tiempo gestándose. La unidad había prevalecido por el interés de los dos países. Ucrania no podía permitirse distanciarse de un aliado clave y Polonia sabía que las fuerzas armadas de Ucrania se interponían entre su territorio y una Rusia expansionista. Pero la relación era más compleja que eso, y así lo demostraban incidentes como el bloqueo que camioneros polacos protagonizaron a finales de 2023 contra camioneros ucranianos.

Actualmente, viven en Polonia más de un millón de ucranianos, un dato que ha sido aprovechado por políticos nacionalistas polacos para generar resentimiento contra ellos, ignorando el hecho de que los ucranianos son contribuyentes netos a la economía polaca.

Los ucranianos, por otro lado, tienen la sensación de ser menospreciados por los polacos, y sienten que no se valora el sacrificio que hacen para proteger de Rusia al resto de Europa. Muchos ucranianos expresan su enfado por el trato humillante que reciben en los pasos fronterizos con Polonia, una de las únicas formas que tienen de salir de Ucrania (desde la invasión a gran escala en 2022, son pocos los vuelos a otros países). La guerra ya lleva cuatro años y las instalaciones en la frontera siguen siendo mínimas, con guardias fronterizos agresivos y largas colas al aire libre de personas mayores y niños también, todos obligados a esperar horas bajo el sol, la lluvia o la nieve.

“Cada vez que entro en Polonia siento que todo mi cuerpo tiembla de rabia por la forma en que nos miran, por la forma en que nos tratan”, dice Olha, que en Kiev trabaja como diseñadora gráfica y pide que no se publique su apellido.

Los colectivos judíos también llevan años expresando su preocupación por la veneración que en Ucrania se profesa a ciertos miembros del UPA, cuyos seguidores fueron cómplices del Holocausto. En 2010, el historiador estadounidense Timothy Snyder criticó al expresidente ucraniano Víktor Yúshchenko por rendir homenaje a Stepan Bandera, líder de una de las facciones del UPA. “Una dictadura fascista de partido único y sin minorías nacionales”, dijo Snyder que era el objetivo político de Bandera. Sin embargo, por toda Ucrania hay calles con el nombre de Bandera. En los cafés de moda de Kiev sus citas pueden encontrarse escritas en la pared.

Esto no significa que la sociedad ucraniana esté dominada por el fascismo, como insiste la propaganda del Kremlin desde hace tiempo. La aceptación generalizada del UPA forma parte de un proceso mayor de consolidación nacional, donde muchos ucranianos se unen frente a la amenaza rusa acogiendo con entusiasmo a diversas figuras de su pasado.

“Antes, Ucrania estaba muy dividida respecto al UPA, y aproximadamente la mitad de los ucranianos los consideraba unos bandidos o unos colaboracionistas”, dice el historiador Hrytsak. “Desde que comenzó la guerra, se ha llegado al consenso inmediato de que fueron defensores de la libertad”.

Hrytsak también dice que en Ucrania impera la “ignorancia y la falta de sensibilidad” con relación al legado más polémico del UPA. Muchos ucranianos solo saben de la lucha contra el poder soviético de aquel movimiento nacionalista, dice, y les ha sorprendido y ofendido la fuerte reacción polaca.

Un proceso “que llevará tiempo”

La presidenta de la Asociación de Reconciliación Polaco-Ucraniana, Karolina Romanowska, rodó en 2023 una película sobre la masacre de Volinia (su abuelo fue uno de los supervivientes). Romanowska, que se siente “triste y decepcionada” por la reciente retórica de los políticos ucranianos, ha viajado en numerosas ocasiones a Ucrania, donde ha organizado talleres en los mismos lugares donde ocurrió la masacre. “A menudo, la gente se quedaba completamente conmocionada por lo que oía”, dice. “Era la primera vez que escuchaban hablar sobre lo que había ocurrido en los lugares donde vivieron”.

En este momento, los intentos de reunir a historiadores de los dos países para llegar a un entendimiento parecen condenados al fracaso. En los debates son los políticos los que llevan la voz cantante y las voces conciliadoras no son escuchadas. En la ceremonia de homenaje a las víctimas celebrada en julio en Volinia, el máximo representante diplomático polaco en Ucrania quiso llamar la atención también sobre las “víctimas ucranianas de la violencia polaca”. Sus palabras desataron la ira en Polonia, así como peticiones de dimisión.

Ucrania tiene que ganar la guerra, o como mínimo sobrevivir; solo después de eso podremos empezar a abordar estas cuestiones tan complicadas

Yaroslav Hrytsak Historiador ucraniano

No se espera que haya una distensión en breve, con las elecciones en Polonia programadas para 2027 y la posibilidad de elecciones también en Ucrania en cuanto la situación militar lo permita. En un intento por bajar la tensión, Zelenski y Nawrocki mantuvieron una conversación de una hora durante la cumbre de la OTAN celebrada en Turquía, pero no llegaron a ningún acuerdo.

Cichocki cree que la relación se recuperará en algún grado, solo que sin calidez ni compromiso genuino y solo porque la mayoría de los polacos son conscientes de que Varsovia y Kiev se enfrentan al mismo enemigo: Rusia. “Se limitará al interés mutuo, en cosas donde veremos beneficiarse tanto a los polacos como a los ucranianos”, dice. “Ya no habrá romanticismo ni ingenuidad, y Polonia se mostrará muy estricta en lo que se refiere a la integración de Ucrania en la UE”.

Según el historiador Hrytsak, cualquier proceso de reconciliación llevará tiempo y bloquear el camino de Ucrania hacia la integración europea es contraproducente: “Todas las reconciliaciones nacionales que se han dado en Europa se produjeron después de guerras, no durante ellas; Ucrania tiene que ganar la guerra, o como mínimo sobrevivir; solo después de eso podremos empezar a abordar estas cuestiones tan complicadas”.

Teniendo en cuenta la larga y compleja historia entre los dos países, Hrytsak considera “una especie de milagro” que hayan mantenido la relación durante tanto tiempo tras la caída del comunismo. Muchos predecían entonces que un conflicto entre ellos era inevitable, pero los dos países tomaron otro camino. Ahora, esa buena voluntad tan difícil de lograr se está desvaneciendo a toda velocidad. “El milagro se ha hecho añicos”, dice Hrytsak. “Lo que pueda suceder a partir de ahora podría ser muy peligroso”.

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