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“Enseñe a su hija a hablar polaco”: crece la xenofobia y se hunde el apoyo a la acogida de refugiados ucranianos en Polonia

Imagen de archivo de manifestantes de extrema derecha en la movilización del día de la Independencia de Polonia en 2020

Shaun Walker

Varsovia, Polonia —
9 de enero de 2026 22:11 h

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Valeriia Kholkina estaba comprando helados con su marido y su hija de cuatro años cuando un hombre oyó que hablaban en ucraniano. “Enseñe a su hija a hablar polaco”, les espetó. A continuación, agredió físicamente a la pareja.

El incidente, que tuvo lugar en la ciudad de Szczecin, en el noroeste de Polonia, refleja el ambiente cada vez más hostil que se respira para los ucranianos en el país, un cambio radical con respecto al estado de ánimo que se vivía en 2022. En ese momento, tras la invasión a gran escala de Rusia, cientos de miles de polacos mostraron su apoyo y hospitalidad hacia sus vecinos, ofreciéndose como voluntarios en la frontera y acogiendo a refugiados en sus hogares.

Ahora, esa muestra de buena voluntad se está agotando, a medida que la guerra se acerca a su cuarto aniversario, y las encuestas muestran una percepción cada vez más negativa de los ucranianos en Polonia, alimentada por un debate político que se ha escorado hacia la derecha en materia de migración y por el resurgimiento de agravios históricos.

Según estadísticas de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) de septiembre, hay alrededor de un millón de refugiados ucranianos en Polonia. Kholkina no es uno de ellos; como casi medio millón de ucranianos, ella ya vivía en Polonia antes de que estallara la guerra en 2022. De hecho, hace más de diez años que Kholkina vive en el país. “Ya soy más polaca que ucraniana... pero nunca pensé que alguien me daría lecciones sobre qué lengua utilizar con mi familia”. Desde la agresión, sufre ataques de pánico y le ha pedido a su hija que nunca hable ucraniano en público.

Si bien su experiencia fue extrema —y el agresor ha sido condenado a 14 meses de prisión—, hablar ucraniano en público se ha convertido en un motivo recurrente de hostigamiento.

En la mayoría de los países, mostrar hostilidad hacia los ucranianos implica ser prorruso, pero no en Polonia. Porque nuestras relaciones con Ucrania están cargadas de historia, resentimientos y desacuerdos

Piotr Buras European Council on Foreign Relations

“La situación actual es más tensa”, afirma Aliona, una empresaria ucraniana de 39 años que vive en un pequeño pueblo del oeste de Polonia. “Cuando salimos, los niños susurran: 'Mamá, hablemos en polaco'. Antes no era así. Nadie hacía comentarios. Aunque se percataran de mi acento, sonreían”, explica.

Es difícil cuantificar la magnitud de las agresiones verbales y físicas contra los ucranianos, ya que es poco probable que muchos denuncien los incidentes a la policía. Sin embargo, las encuestas realizadas a los polacos muestran que el cambio de ambiente es más que anecdótico. Una encuesta muestra que el apoyo a la acogida de refugiados ucranianos ha descendido del 94% registrado poco después de la invasión al 48% actual. Otra encuesta muestra que el apoyo polaco a la adhesión de Ucrania a la UE ha bajado al 35%, desde el 85% en 2022.

“Se ha instalado en la sociedad la idea de que ya no se le debe nada a Ucrania”, afirma Piotr Buras, director de la oficina de European Council on Foreign Relations en Varsovia.

Son muchos los factores que han propiciado este cambio de opinión. El resentimiento se ha visto avivado por la desinformación y los vídeos virales en Internet. Además, la elección del populista de derechas Karol Nawrocki como presidente en junio de 2025 fue precedida de una campaña acalorada que desplazó todo el debate político hacia la derecha. A menudo se presenta a los ucranianos como desagradecidos y excesivamente dependientes de las ayudas públicas, pese a que los datos económicos muestran que aportan más a la economía polaca de lo que reciben.

Ultranacionalistas polacos celebran el día de la Independencia en Varsovia en 2024

Otros países europeos están experimentando un viraje similar. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha declarado que ha hablado por teléfono con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, sobre el aumento de jóvenes ucranianos que viajan a Alemania. Merz afirmó que, durante la conversación telefónica con Zelenski, le pidió que se asegurara de que los jóvenes ucranianos —especialmente los hombres entre 18 y 24 años— “no vinieran a Alemania en grandes cantidades, sino que se quedaran en su país donde se les necesita”. El Gobierno alemán está trabajando en un proyecto de ley que restringiría el acceso a las ayudas públicas a los refugiados ucranianos.

En Polonia, el presidente Karol Nawrocki se posicionó en agosto contra un proyecto de ley del Gobierno que ampliaba el apoyo financiero a los refugiados ucranianos y defendió una legislación alternativa que condicionaba las prestaciones a la inserción laboral. Finalmente, se aprobó un texto de compromiso.

Oleksandr Pestrykov, director de la Casa Ucraniana en Varsovia —una organización cívica y cultural que apoya a la comunidad ucraniana en Polonia— afirma que la hostilidad hacia los ucranianos apareció por primera vez en Internet en 2023, cuando cualquier noticia relacionada con Ucrania en los medios de comunicación polacos se veía inmediatamente inundada de comentarios negativos. Algunos han acusado a los bots rusos de avivar los prejuicios en Internet, y durante un tiempo el odio en la red no pareció trasladarse al mundo real. Sin embargo, cree que la situación está cambiando.

“Hasta el verano de este año, esta negatividad rara vez salía de los límites de Internet; las quejas que recibíamos de los ucranianos eran esporádicas y similares a la situación anterior a la guerra. Sin embargo, desde el verano hemos registrado un número considerable de denuncias por agresiones, que afortunadamente han sido en su mayoría verbales”, afirma.

La compleja historia entre Polonia y Ucrania es otro factor que influye, ya que la masacre de más de 100.000 polacos entre 1943 y 1945 a manos de nacionalistas ucranianos que intentaban evitar que la región de Volinia pasara a formar parte de Polonia es un tema de conversación recurrente. Ucrania ha dado finalmente su autorización a Polonia para exhumar los cuerpos de las víctimas, pero los trabajos avanzan lentamente y el asunto sigue siendo profundamente sensible para amplios sectores de la sociedad polaca.

Hasta el verano de este año, esta negatividad rara vez salía de los límites de Internet; las quejas que recibíamos de los ucranianos eran esporádicas y similares a la situación anterior a la guerra. Sin embargo, desde el verano hemos registrado un número considerable de denuncias por agresiones, que afortunadamente han sido en su mayoría verbales

Oleksandr Pestrykov director de la Casa Ucraniana en Varsovia

“El (elevado) nivel de apoyo a Ucrania en 2022 fue una anomalía; ahora estamos volviendo a la normalidad”, afirma Buras. Este contexto histórico es lo que permite que gran parte de la sociedad polaca se vuelva contra los ucranianos, al tiempo que sigue afirmando ser firmemente antirrusa. “En la mayoría de los países, mostrar hostilidad hacia los ucranianos implica ser prorruso, pero no en Polonia. Porque nuestras relaciones con Ucrania están cargadas de historia, resentimientos y desacuerdos”, explica.

El punto álgido se produjo cuando se viralizaron las imágenes de personas ondeando una bandera nacionalista ucraniana de tiempos de guerra durante el concierto de un rapero bielorruso en un estadio de Varsovia. La visión de la bandera roja y negra, muy extendida en Ucrania pero considerada ofensiva en Polonia, provocó enfrentamientos en el estadio y acabó con la deportación de 63 personas, 57 de ellas ucranianas. Cada vez más, el discurso de la derecha sobre los males de la migración ha comenzado a incluir a los ucranianos, mientras que en 2022 y 2023 se les solía contrastar positivamente con los refugiados no europeos que intentaban cruzar al país desde Bielorrusia.

No todos los ucranianos en Polonia tienen experiencias negativas. En una encuesta publicada a finales del año pasado, el 58% de los ucranianos dijeron que esperaban que sus hijos residieran en Polonia “durante muchos años”. Y la discriminación no se siente de forma generalizada, especialmente entre quienes viven en las grandes ciudades.

Anastasiia Zhelezniak, de 39 años, psicóloga infantil de la ciudad ucraniana de Kryvyi Rih se mudó a Varsovia con sus dos hijos en el verano de 2023, tras decidir que su ciudad natal, sometida a ataques rusos constantes, se estaba convirtiendo en un lugar demasiado peligroso para criar a sus hijos. Eligió Varsovia porque su sobrina ya se había mudado a esta ciudad.

Desde entonces, ha aprendido polaco en cursos de idiomas patrocinados por el Gobierno, se ha reciclado como masajista y recientemente ha abierto su propio salón en el centro de Varsovia. “Personalmente, solo he tenido buenas experiencias en Polonia”, afirma. Cuando sus hijos, ahora de 10 y 15 años, empezaron el colegio en Varsovia, los profesores y otros padres se esforzaron por ayudarles, cuenta. “En una reunión de padres, todos preguntaban cómo podían ayudar. Casi me hicieron llorar”, recuerda.

Solo ha tenido malas experiencias en Internet. Cada vez que abre Facebook u otras redes sociales, se ve bombardeada con comentarios negativos sobre los ucranianos. “Estoy optando por no mirar”, afirma. Explica que, aunque muchos de sus amigos ucranianos han empezado a marcharse, alegando el cambio de ambiente y el aumento del coste de la vida, ella aún confía en poder labrarse un futuro en Polonia. “Creo que sería mejor para mis hijos y les daría más oportunidades que volver a casa”, señala.

Traducción de Emma Reverter

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