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‘Cumbres borrascosas’ y la ambigüedad racial de Heathcliff: el cine transforma la crítica social en un producto romántico

Jacob Elordi es Heathcliff en la película 'Cumbres borrascosas'

Alba Pastor

23 de febrero de 2026 22:45 h

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En 1847, Emily Brontë publicó Cumbres borrascosas, un libro revolucionario para la época, tanto en forma como en contenido, y la única novela que escribió antes de morir de tuberculosis un año después. La recepción de la obra escandalizó a la sociedad por considerarse un ataque frontal contra la moral victoriana y los convencionalismos de la época. Las cuestiones de raza, clase y género que Emily Brontë retrató en su obra, siempre mezcladas con el miedo a lo desconocido, la amenaza del otro, fueron absolutamente innovadoras. Cuestiones que la película de Emerald Fennell, estrenada 179 años después, ha eliminado de la historia, dejando únicamente la carcasa formada por el amor obsesivo de los protagonistas.

La historia de Heathcliff comienza así: al regresar de un viaje a Liverpool, el señor Earnshaw (padre de Catherine y Hindley) rescata de las calles de la ciudad a un niño, a quien cría en el hogar familiar junto a sus hijos sin que sepamos nada más acerca de su procedencia. A lo largo de la novela se menciona su tez oscura sin llegar a concretar en ningún momento su origen racial, refiriéndose a él también como el hijo de un láscar, nombre que recibían los marinos del subcontinente indio al servicio de los barcos ingleses. En la novela, Heathcliff es caracterizado y descrito como alguien diferente, que no pertenece a la misma sociedad que Catherine ni el resto de personajes, y es esa otredad la que hace sentir incómodos a los habitantes de los páramos y a los lectores de la novela.

Tendría sentido que las hermanas Brontë hubieran estado expuestas a las teorías abolicionistas por influencia de su padre, Patrick Brontë, un pastor de la Iglesia anglicana que participó en el movimiento antiesclavista. Esto explicaría que tanto Charlotte como Emily Brontë incluyeran en sus obras ideas afines a esa corriente de pensamiento. Además, la cercanía de Haworth, hogar de las hermanas, a Liverpool, uno de los puertos de esclavos más importantes de Europa, habría facilitado el contacto con personas racializadas que llegaron a Inglaterra para trabajar en el campo o en las casas de los terratenientes. El origen irlandés de su padre plantea también otro dilema. 

Jaco Elordi y Margot Robbie en la reimaginación del clásico de Emerald Fennell

El uso de la palabra “gitano” para referirse a Heathcliff podría haberse dado por tratarse del término más próximo que la autora encontró para referirse a alguien diferente a los habitantes de los páramos de Yorkshire, aunque también suponía una manera despectiva de dirigirse a los inmigrantes irlandeses, un desprecio que hundía sus raíces en el racismo hacia las costumbres de los gitanos irlandeses. “Para las hermanas Brontë, ser criadas en un entorno tan aislado y hermético fue determinante”, dice Olenka Silva Pérez, autora de la newsletter Diario de Libros. “La otredad estaba representada por alguien esclavo, de tez oscura, alguien que podría vincularse a lo diabólico, que es con lo que realmente se relaciona a Heathcliff”, añade. El temperamento colérico, vengativo y salvaje que caracteriza al Heathcliff de la novela presenta una dualidad en la naturaleza del personaje y sus experiencias vitales.

Una de las traducciones al castellano más valoradas y reconocidas, la de Carmen Martín Gaite, describe a Heathcliff como un “gitano andrajoso” que debía ser aceptado por la familia Earnshaw como un don del cielo aunque estuviese “tan renegrido como si saliera del mismo infierno”. Quizá por esa condición de regalo, Catherine Earnshaw se obsesiona con el recién llegado, como una niña que reacciona ante un nuevo juguete con el que divertirse. De la misma manera, Heathcliff se siente fascinado por ella y, poco a poco, la imposibilidad de consumar ese amor (por raza y condición social) se convertirá en la causa que justifique la maldad de un personaje dispuesto a cualquier cosa para llevar a cabo su venganza.

La intencionada ambigüedad de Emily Brontë a la hora de relacionar a Heathcliff con la oscuridad y el mal, y cómo su arco de personaje va dibujando la trayectoria del maltratado que acaba siendo maltratador, hace que sea imposible no fijarse en esa lectura. ¿Es Heathcliff un ser abyecto por su naturaleza o por el maltrato al que fue sometido desde la infancia? Esta es una de las principales preguntas que nos plantea la novela y que a menudo se diluye en sus adaptaciones al cine. “Esto tiene que ver con lo que comenta Thomas Szasz en su libro La fabricación de la locura, dice Cristina Sánchez-Andrade, traductora de Cumbres borrascosas. ”El hombre social teme al Otro (el que es distinto por raza o condición social) e intenta destruirlo. Pero, paradójicamente, también necesita a ese Otro. Por ello, lo crea“.

‘Whitewashing’ y mercado

Con motivo del estreno de la última adaptación al cine de Cumbres borrascosas, la directora Emerald Fennell aclaraba en una entrevista para The Hollywood Reporter su aproximación a la historia, más cercana al fanfiction que al texto victoriano. La cineasta justificaba su decisión de elegir a un actor blanco para el papel de Heathcliff basándose en el imaginario que ella misma creó en su fuero interno cuando leyó la novela de adolescente: “Todo el que ha leído el libro establece su propia relación personal con la historia, así que solo es posible crear la película que de alguna manera imaginaste en tu cabeza cuando la leíste. Creo que cuando la leí, me centré principalmente en los elementos casi masoquistas de la historia”.

Jacob Elordi y Margot Robbie en 'Cumbres borrascosas'

La decisión de Fennell de elegir a Jacob Elordi como Heathcliff borra la identidad racial inherente al personaje, un hecho significativo pero no poco habitual: no es la primera vez que la industria del cine opta por un actor blanco antes que por uno racializado para interpretar a este personaje en concreto, evidenciando el whitewashing de las producciones más comerciales. “Desde un punto de vista de venta, creo que es más fácil para la industria vender una historia de amor que la de una obsesión que deshumaniza al personaje de Heathcliff y a la propia Catherine, y para eso también ayuda la decisión de elegir al actor de moda, que en este caso es Jacob Elordi”, dice Olenka Silva Pérez.

En la pantalla, Heathcliff ha sido interpretado, entre otros, por Laurence Olivier en la versión de William Wyler, estrenada en 1939; por Richard Burton en la serie de televisión de 1958; y por Ralph Fiennes en 1992. En total, la novela cuenta con seis adaptaciones y solo en la de Andrea Arnold, en 2011, se respetó el origen racial de Heathcliff al seleccionar a James Howson para el papel. “Para la época resultaba sumamente grave que una chica de un pueblo del páramo, de tez blanca, esté tan obsesionada y se sienta parte de la identidad de este ser que es tan distinto a ella. Las adaptaciones cinematográficas venden esta historia como la historia de amor más grande de la historia, dejando de lado las diferencias raciales y desdibujando los motivos del propio Heathcliff para cometer todos esos actos demoníacos que lleva a cabo. Necesitamos esa motivación para entender hasta qué punto el personaje es disruptivo”, explica Olenka Silva Pérez. 

La otredad se presenta en Heathcliff a través de su condición de extranjero, por lo que despojarlo de su origen racial es omitir el conflicto sobre el que se construye Cumbres borrascosas y, en definitiva, dejar de lado el tema principal que interesaba a Emily Brontë: lo que nos une y nos diferencia como seres humanos. Quizá por eso cada nueva adaptación de Cumbres borrascosas funciona como un termómetro de su tiempo. En 1847, Emily Brontë incomodó al retratar un deseo atravesado por la raza, la clase y la violencia. Hoy, cuando la industria insiste en convertir la novela en una historia de amor desaforado y estético, el gesto aparentemente inocente de blanquear a Heathcliff no es solo una elección de casting, sino una forma de suavizar aquello que todavía resulta incómodo para la sociedad.

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