El pequeño pueblo de Castellón de herencia árabe donde descansar entre playas y pequeñas calas

Moncofa, Castellón.

Edu Molina

1

En la costa de Castellón hay municipios que viven de cara al Mediterráneo sin quedarse solo en la postal de sus playas. Moncofa, en la comarca de la Plana Baixa, es uno de esos lugares donde el mar forma parte del día a día, pero no lo explica todo. Su casco urbano conserva huellas de otras épocas y ayuda a entender cómo ha ido cambiando el municipio con el paso del tiempo. Aquí, la vida gira en torno al litoral, aunque también se apoya en un patrimonio que aporta contexto y profundidad.

El origen árabe de Moncofa sigue presente en su identidad, junto a construcciones religiosas, restos defensivos y elementos de etapas posteriores. Murallas, torres de vigilancia y edificios vinculados al culto recuerdan que este enclave fue durante siglos un punto expuesto a los ataques llegados por mar. Esa convivencia entre historia y paisaje costero es, en buena medida, lo que despierta hoy el interés de quienes lo visitan.

La visita puede hacerse sin prisas ni grandes planes: basta con recorrer el núcleo urbano, acercarse al entorno del Grau y caminar por la costa. Moncofa combina playas de arena, tramos de grava, zonas más naturales, espacios adaptados para mascotas y pequeños rincones entre rocas y escolleras. A todo ello se suma el Sendero Azul Europeo del Belcaire, un recorrido junto al mar que permite descubrir el litoral paso a paso.

Playas, patrimonio y un sendero junto al Mediterráneo

Uno de los puntos clave del patrimonio local es la Iglesia de Santa María Magdalena, en la Plaza de la Iglesia. El edificio actual se construyó en 1698 sobre otro anterior de 1329 y está catalogado como Bien de Relevancia Local. Su arquitectura mezcla rasgos del barroco y del neoclásico valenciano. Se levanta junto a lo que queda del antiguo recinto amurallado y cuenta con una torre campanario del siglo XVIII, reformada posteriormente.

Ese campanario guarda además un detalle curioso: sus campanas tienen nombre propio. Se llaman Ángel de la Guarda, La Purísima, San Antonio Abad y Santa María Magdalena, esta última la de mayor tamaño. Dentro del patrimonio religioso también destaca la ermita de Santa María Magdalena, situada en el entorno del Grau, que completa el recorrido por los principales edificios históricos.

A pocos pasos se conservan los restos de las antiguas murallas de Moncofa, declaradas Bien de Interés Cultural. Se construyeron durante el reinado de Pere IV, entre 1330 y 1340, con una clara función defensiva frente a las incursiones de piratas berberiscos que asolaban la costa. El recinto llegó a tener dos accesos: el Portal de Nules, al norte, y el Portal del Mar, al suroeste, este último acompañado por una torre.

La vigilancia del litoral también dejó su huella en la Torre Santa Isabel de Carrillo, conocida como Torre Nova. Fue levantada entre 1613 y mediados del siglo XVII como parte del sistema de torres costeras destinadas a controlar el horizonte. Hoy solo se conservan restos de mampostería, pero aún permiten intuir su planta cuadrangular de forma piramidal. Alcanzó unos siete metros de altura y existe la hipótesis de que fue destruida por barcos ingleses en 1801, como ocurrió con otra torre cercana en Almenara.

El litoral es el otro gran eje de Moncofa. La playa de l’Estanyol, en el extremo sur y próxima a Xilxes, tiene unos 900 metros de longitud y cerca de 30 de anchura. Se encuentra dentro de una microrreserva de flora, lo que combina el uso turístico con la protección del entorno natural. Más al norte está Belcaire, una playa de unos 500 metros habilitada para quienes viajan con mascotas, situada junto a la desembocadura del río del mismo nombre y con un paisaje irregular que incluye una pequeña formación en el mar.

Playa Belcaire.

La playa del Grao es una de las más frecuentadas, junto a Masbo. Se trata de un tramo urbano de grava, con unos 1.200 metros de longitud y alrededor de 15 de anchura, muy vinculado al paseo y al ambiente familiar. Masbo, por su parte, se reconoce por la presencia de tamarindos y palmeras, y debe su nombre a un antiguo lago de agua dulce que ocupaba esta zona y que hoy está canalizado.

Al norte del término municipal se encuentra Pedraroja, llamada así por los guijarros de tono rojizo que caracterizaban esta parte de la costa. Este tramo completa un litoral variado, donde se alternan playas urbanas, zonas más abiertas y pequeños espacios entre rocas. Esa diversidad hace que Moncofa resulte atractiva tanto para familias como para quienes buscan paseos tranquilos junto al mar o rincones menos concurridos.

El Sendero Azul del Belcaire es la mejor forma de recorrer este paisaje a pie. Reconocido en 2017 por su valor ecológico, discurre junto al Mediterráneo a lo largo de varios kilómetros —entre cuatro y cinco, según el tramo— y conecta dunas, calas, acantilados y accesos a playas más vírgenes. Un itinerario que permite enlazar naturaleza y costa sin perder de vista el mar en ningún momento.

Moncofa ofrece una forma de acercarse al Mediterráneo que va más allá del baño y el descanso estacional. Su combinación de historia, paisaje y diversidad de playas permite entender el municipio como un espacio vivido y en transformación, donde el pasado defensivo, la tradición religiosa y el entorno natural siguen presentes.

Etiquetas
stats