¿Qué se esconde bajo el corazón de la Antártida? Una perforación científica ha llegado hasta la roca más profunda registrada

Los investigadores lograron abrir una vía bajo la superficie blanca para entender qué ocurrió hace millones de años

Héctor Farrés

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El destino de una gran masa helada depende de cómo responde al aumento de la temperatura del planeta. Cuando ese hielo empieza a perder volumen, el deshielo se convierte en uno de los grandes problemas ambientales porque altera la línea de costa y condiciona la vida en ciudades y puertos.

La capa de hielo de la Antártida Occidental concentra suficiente agua congelada como para cambiar varios metros el nivel del mar si llegara a fundirse por completo, y esa posibilidad ha puesto el foco en su estabilidad. Además, las mediciones por satélite muestran que esa superficie pierde masa a un ritmo cada vez mayor, aunque todavía no está claro qué incremento térmico puede desencadenar una retirada rápida. Esa incertidumbre obliga a buscar pruebas en el pasado para entender el destino de la capa de hielo y medir el alcance real del deshielo como uno de los grandes problemas ambientales.

Los investigadores lograron abrir una vía bajo la superficie blanca para entender qué ocurrió hace millones de años

Un equipo internacional de 29 científicos, perforadores e ingenieros consiguió atravesar 523 metros de hielo en Crary Ice Rise y extraer un cilindro de sedimentos de 228 metros bajo la capa helada de la Antártida Occidental. Según Earth Sciences New Zealand, la operación permitió recuperar el registro más largo obtenido hasta ahora bajo una masa de hielo, con capas que se remontan hasta 23 millones de años.

El proyecto SWAIS2C, dedicado a analizar la sensibilidad de esta región a un calentamiento de 2°C, completó así su tercer intento después de dos campañas fallidas. El objetivo es reconstruir cómo se comportó esta parte del continente cuando la temperatura global fue más alta que hoy y estimar cómo podría reaccionar en las próximas décadas.

El material extraído no presenta una composición uniforme. El equipo encontró desde lodos finos hasta capas más compactas con gravas y bloques incrustados, que suelen formarse bajo una masa helada como la actual. Sin embargo, también aparecieron fragmentos de conchas y restos de organismos marinos que necesitan luz, un indicio de que en ciertos periodos no había hielo encima.

Los restos marinos aparecieron donde hoy solo hay una plancha helada de cientos de metros

Molly Patterson, profesora asociada de Ciencias de la Tierra en Binghamton University y co-jefa científica del proyecto, explicó que “vimos material más típico de un océano abierto o de una plataforma flotante sobre el mar”. Esa presencia aporta una prueba de que en algún momento hubo agua libre en una zona que hoy está cubierta por cientos de metros de hielo.

Las observaciones por satélite ya habían mostrado que la capa pierde masa de forma acelerada, pero quedaba la duda de qué subida térmica puede activar una retirada rápida. Los modelos se apoyaban hasta ahora en registros obtenidos en los bordes del continente, bajo plataformas flotantes o en mar abierto, lejos del interior.

Huw Horgan, co-jefe científico vinculado a Victoria University of Wellington y a ETH Zurich, afirmó que “este registro nos dará información sobre cómo es probable que respondan la capa de hielo de la Antártida Occidental y la plataforma de Ross a temperaturas superiores a 2°C”. Con este nuevo archivo geológico, los investigadores podrán contrastar las simulaciones con datos extraídos del propio corazón de la zona afectada.

El equipo superó fallos previos y trabajó sin descanso

El éxito no estaba garantizado. Las dos primeras campañas de SWAIS2C se toparon con problemas técnicos y el equipo sabía que perforar tan profundo y tan lejos de una base principal suponía un riesgo alto.

Para acceder a los sedimentos, primero fundieron el hielo con agua caliente y después descendieron más de 1.300 metros de tuberías hasta alcanzar el fondo. Los turnos se organizaron durante las 24 horas para aprovechar cada jornada en un campamento instalado sobre la nieve.

El doctor Ed Gasson, profesor asociado en la University of Exeter y miembro del equipo científico, señaló que “fue impresionante ver cómo el equipo de perforación superaba los retos para recuperar este registro”.

El nuevo núcleo amplía de forma clara lo que se sabía

La capa de hielo de la Antártida Occidental contiene suficiente agua congelada como para elevar el nivel global del mar entre cuatro y cinco metros si desapareciera por completo. Según Earth Sciences New Zealand, el nuevo núcleo supera ampliamente los menos de 10 metros que alcanzaban las perforaciones anteriores bajo una masa helada.

Molly Patterson subrayó que “superamos nuestro objetivo de 200 metros y lo hicimos a 700 kilómetros de la base más cercana”. Ese espesor aporta un archivo continuo de condiciones ambientales que ayuda a identificar cuándo se produjeron retiradas del hielo y con qué temperaturas oceánicas se asociaron.

La logística internacional permitió trasladar el material tras semanas de retrasos por la niebla

El traslado del material también exigió una operación compleja. Antarctica New Zealand remolcó el sistema de perforación y los suministros 1.100 kilómetros a través de la plataforma de Ross y gestionó el campamento durante casi diez semanas. La National Science Foundation, mediante el United States Antarctic Program, facilitó vuelos y apoyo logístico adicional, aunque la niebla helada retrasó durante semanas la llegada de personal.

Los tubos con sedimentos ya han llegado a Scott Base y desde allí viajarán a Nueva Zelanda antes de distribuirse entre laboratorios de distintos países, donde se aplicarán análisis isotópicos y otras técnicas para precisar la edad y las condiciones climáticas registradas en cada capa.

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