¿Por qué los neandertales de lo que hoy es España guardaban dientes de rinoceronte? El hallazgo cambia lo que parecía un simple resto animal

Los cazadores paleolíticos arriesgaban la vida frente a grandes herbívoros

Héctor Farrés

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Las lanzas no bastaban para derribar animales enormes que podían embestir, romper huesos y escapar incluso después de recibir varias heridas. Los grupos neandertales necesitaban acercarse mucho a sus presas y coordinar movimientos rápidos para rodearlas, agotarlas o dirigirlas hacia zonas donde perdieran movilidad.

Los grandes herbívoros ofrecían carne, grasa y pieles durante semanas, de modo que el riesgo merecía la pena cuando la captura salía bien. Después de la caza empezaba otra tarea larga, porque el despiece exigía separar tendones, abrir articulaciones y aprovechar partes duras que podían servir para fabricar objetos útiles.

Las herramientas de piedra cortaban carne y raspaban pieles, aunque también hacía falta golpear, sujetar y fracturar materiales resistentes para sacar partido a cada animal. Ese trabajo dejaba señales en huesos, cuernos y otras piezas que miles de años después todavía permiten reconstruir parte de aquellas actividades.

Los especialistas descartaron daños causados por sedimentos o mordeduras

Un estudio publicado en Journal of Human Evolution plantea que los neandertales aprovecharon dientes de rinoceronte para fabricar y mantener herramientas de piedra, según recogen varias investigaciones realizadas en España y Francia.

Alicia Sanz-Royo, investigadora de la Universidad de Aberdeen, dirigió un trabajo centrado en restos hallados en yacimientos como El Castillo y Pech-de-l’Azé II. Los investigadores analizaron cientos de piezas dentales y encontraron daños que no encajaban con el desgaste natural ni con la alimentación de los animales. El estudio plantea que esas marcas aparecieron cuando los dientes ya formaban parte de actividades humanas.

Alicia Sanz-Royo dirigió pruebas sobre piezas halladas en cuevas europeas

El equipo revisó 281 dientes fósiles y detectó surcos, raspaduras, muescas y fracturas en zonas muy concretas del esmalte. Para comprobar si esas señales podían proceder de procesos naturales, los especialistas utilizaron microscopía y análisis tafonómicos destinados a descartar presión del sedimento, roturas accidentales o mordeduras de otros animales.

Las marcas aparecían en áreas similares y seguían patrones repetidos, una circunstancia que llevó a los investigadores a relacionarlas con golpes y contactos continuos contra materiales duros. El trabajo también descartó que esos daños se hubieran producido mientras los rinocerontes seguían vivos.

El Castillo reunió decenas de restos usados durante trabajos repetidos

La acumulación de dientes en varios yacimientos llamó especialmente la atención de los investigadores. En El Castillo aparecieron 202 dientes de rinoceronte y 25 conservaban señales de uso. El patrón se repetía en distintos enclaves de Francia y España, una circunstancia difícil de explicar si aquellas piezas solo fueran restos abandonados después del consumo de carne.

Los especialistas creen que algunos grupos pudieron guardar esos materiales porque las rocas disponibles en determinadas zonas no ofrecían buena calidad para ciertas tareas. Los entornos boscosos también complicaban el acceso a otras materias primas y eso pudo favorecer el reaprovechamiento de piezas animales resistentes.

Los molares antiguos soportaban impactos fuertes durante tareas precisas

El esmalte dental explicaría parte de ese interés. Los investigadores recuerdan que se trata del material biológico más duro entre los mamíferos y detallan que contiene aproximadamente un 97% de hidroxiapatita, un 1% de colágeno y cerca de un 2% de agua. Esa estructura soporta golpes intensos y resiste fracturas repetidas. Los molares de rinoceronte podían alcanzar 380 gramos y algunos ofrecían superficies planas que facilitaban trabajos precisos.

Los neandertales aprovechaban materiales resistentes cuando faltaban buenas rocas

El estudio también señala que muchos dientes pertenecían a animales viejos. Los investigadores creen que esos ejemplares resultaban más fáciles de cazar y además tenían piezas dentales más desgastadas, una característica útil para apoyar golpes o manipular otras herramientas.

Los investigadores probaron piezas modernas sobre sílex, cuarzo y cuero

Para comprobar si aquellas piezas podían funcionar realmente como instrumentos de trabajo, los investigadores utilizaron dientes de rinocerontes modernos procedentes de animales muertos de forma natural en reservas zoológicas.

El equipo empleó esos molares para retocar útiles de sílex y cuarzo, además de cortar fibras vegetales, cuero y pieles. Después compararon las señales producidas en el laboratorio con las observadas en los fósiles. Los daños coincidían en muchos aspectos, sobre todo en las fracturas del esmalte y en los hoyuelos generados por impactos repetidos.

Los especialistas comprobaron además que aquellos dientes no servían bien para producir grandes lascas, aunque sí resultaban eficaces como pequeños yunques y herramientas de percusión.

Alicia Sanz-Royo explicó que “este estudio es importante porque abre la posibilidad de que, además de huesos y astas, los dientes también fueran muy útiles”. El trabajo amplía además la imagen conocida sobre los neandertales, porque muestra grupos capaces de elegir materiales según sus propiedades y adaptarlos a tareas distintas.

Los investigadores describen una tecnología desarrollada mediante observación y aprendizaje acumulado durante generaciones, algo que aparece reflejado incluso en la elección de piezas gastadas y más estables para ciertos trabajos.

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