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Todos los miércoles, el corresponsal de elDiario.es Andrés Gil explica las claves de lo que sucede en el EEUU de Donald Trump. Porque lo que pasa en Washington no se queda en Washington.

“Es más fácil abrir un centro de datos de la IA del tamaño de Manhattan que una cafetería”: la lucha contra los tecnoligarcas crece en EEUU

Los vecinos de San Marcos se manifiestan contra un proyecto de centro de datos de 1.500 millones de dólares, el 17 de febrero de 2026.

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Donald Trump presume del boom de la bolsa, como si fuera un indicador de la salud de su economía y, en particular, de la de sus votantes. Lo ha vuelto a hacer este martes, antes de partir hacia China, hablando de los índices del Dow Jones y el S&P para oponerlo al peor dato de inflación en EEUU en tres años recién publicado: los precios se han disparado hasta el 3,8% por su guerra en Irán y el impacto que está teniendo en la energía y la gasolina.

Pero a Trump lo que le importa es que su corte de tecnoligarcas, con Larry Ellison (Oracle) al frente, junto a Mark Zuckerberg (Meta) y su exnuevo mejor amigo Elon Musk (X y Tesla), entre otros. Son a ellos a los que recibe en cenas, a quienes les pide que se hagan con la CNN y la CBS para convertirlas en cadenas afines, a quienes les ruega que se queden con la división estadounidense de TikTok, para así sortear la orden de cerrar la aplicación en EEUU. Pero a él le va bien en TikTok, y no quiere que desaparezca en EEUU.

Eso es lo que más le importa a Trump, y no que el galón –3,78 litros– de gasolina haya pasado de 3,1 dólares de media en EEUU hace un año a los 4,5 dólares de ahora, lo que supone una subida del 50%, y todo a raíz de su guerra en Irán, lanzada sin justificación ni amenaza.

Y es contra esos tecnoligarcas y sus centros de datos en ingentes terrenos repartidos por el país contra quienes se está generando un movimiento comunitario y vecinal creciente en Estados Unidos.

Saul Levin, participante del movimiento contra la concentración del poder de las grandes empresas tecnológicas y presentador del nuevo podcast The Hum, en el que comparte “historias de personas de todo Estados Unidos que luchan contra la incursión de la IA y los centros de datos en todos los aspectos de nuestras vidas”, me contaba este martes: “La lucha contra los centros de datos de IA en EEUU es una lucha por quién controla nuestro futuro. No se trata de estar a favor o en contra de la inteligencia artificial, sino de si los multimillonarios de Silicon Valley deben controlar nuestros datos, nuestra privacidad, nuestra tierra y nuestra agua”.

Hace unos días hablé con ⁨⁨Matthew Rodríguez⁩⁩, miembro del colectivo Amanecer People’s Project en El Paso (Texas, 680.000 habitantes), y me contaba el caso que están viviendo en su comunidad. Actualmente, se están desarrollando tres gigantescos complejos de centros de datos en la región de El Paso: las instalaciones de Meta en el noreste de la ciudad; el Proyecto Júpiter, en Santa Teresa (Nuevo México) y, ahora, un complejo aún mayor proyectado en terrenos federales dentro de la base militar de Fort Bliss.

Rodríguez cuenta que en 2023 una empresa llamada Worldwide LLC se puso en contacto con el Gobierno municipal de El Paso para explicarles que iban a construir un centro de datos. No hace tanto de aquello, pero por aquel entonces no se sabía cómo ahora en qué consistían estos centros de datos, dedicados especialmente a la inteligencia artificial. “No explicaron que, en realidad, se dedicaría a la minería de datos, ni el enorme consumo de energía y agua que esto implicaría. Así que lo aprobaron y, al aprobarlo, concedieron una exención fiscal del 80% por un periodo de 25 años para ese proyecto en concreto. En aquel entonces, el proyecto estaba valorado en 800 millones de dólares”, explica Matthew Rodríguez⁩⁩.

Desde entonces, no hubo novedades significativas en ese proyecto hasta que se anunció otro, que técnicamente está en Nuevo México, pero se encuentra en el área metropolitana de El Paso: el Proyecto Júpiter (Santa Teresa, Nuevo México), un complejo de centros de datos con un presupuesto de 165.000 millones de dólares desarrollado por Stack Infrastructure, OpenAI y Oracle. Representa una de las mayores inversiones privadas de la historia de Estados Unidos, centrada en el entrenamiento de IA, la infraestructura de chips de alta tecnología y la capacidad energética a largo plazo.

“En cuanto se anunció ese proyecto, la gente empezó a interesarse más y a preguntarse: '¿Por qué se invierte tanto dinero en esto? ¿Por qué están solicitando todos estos permisos? ¿Qué son exactamente estas instalaciones?”, recuerda Rodríguez: “Y fue precisamente entonces cuando empezaron a confirmar que la empresa detrás del proyecto de El Paso era Meta, y se reveló que Meta tiene permiso para utilizar 1,5 millones de galones de agua al día”.

A partir de ahí, Meta redobló la apuesta y anunció que la inversión sería de 1.500 millones de dólares, manteniendo la exención fiscal. Así que ahora se trataba de una exención fiscal del 80% sobre un proyecto de 1.500 millones de dólares. “Fue en ese momento cuando realmente comenzamos a organizarnos”, explica Rodríguez: “Empezamos a celebrar reuniones comunitarias, asambleas ciudadanas, movilizamos a la gente y presionamos al Ayuntamiento en un momento en que la situación resultaba increíblemente impopular y en el que el alcalde y todos los miembros de la corporación municipal, salvo dos, son nuevos, por lo que reconocían que era un mal acuerdo pero añadían: 'Meta nos demandará y llevará a la ciudad a la bancarrota. Así que, básicamente, estamos siendo rehenes de Meta”.

“Personas de todos los ámbitos de la vida y de todas las tendencias políticas están alzando la voz porque las empresas, con sus propios beneficios en mente, están imponiendo la instalación de centros de datos de IA en sus ciudades”, explica Levin: “Las empresas tecnológicas se benefician, mientras que el resto de la población se queda con facturas de electricidad elevadas, escasez de agua, ruido de drones y tierras en barbecho. En este país es más fácil abrir un centro de datos de la IA del tamaño de Manhattan que abrir una cafetería”.

Levin llama a su podcast The Hum. Según el Instituto de Estudios Medioambientales y Energéticos (EESI), los centros de datos emiten sonidos en una amplia gama de frecuencias, tanto altas como bajas. Las frecuencias más bajas, especialmente aquellas por debajo del umbral de audición humana, son particularmente difíciles de detectar sin un equipo fiable, lo que complica especialmente la evaluación del ruido para las comunidades locales. Y a ese zumbido que no se oye casi se le llama en EEUU hum.

Según denuncian los activistas, las personas que viven cerca de los centros de datos de IA en Estados Unidos señalan que tienen con cada vez más frecuencia enfermedades provocadas por un zumbido casi imperceptible. El infrasonido, que en algunos casos se siente más que se oye, “está provocando que las personas que viven en las inmediaciones de varios centros de datos enfermen con síntomas como dolores de cabeza, insomnio, náuseas y ansiedad”, denuncian, y alertan de que quienes viven cerca de determinados centros de datos han informado de niveles de ruido que se acercan a los 100 dB, las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Filas de servidores llenan la sala de datos B del centro de datos de Facebook en Fort Worth, Texas.

Arrasando con el agua y la energía

Rodríguez, por su parte, cuenta que el centro de datos de El Paso consumiría más agua que todas las escuelas juntas y requeriría más energía que la totalidad de las viviendas y edificios residenciales de la ciudad: “Para alimentarlo energéticamente, están construyendo una central eléctrica privada a gas, con generadores convencionales funcionando de manera ininterrumpida, lo cual generaría más contaminación atmosférica que todo El Paso y Juárez combinados”.

¿Y cuánto empleo aportará a la ciudad? “En ese acuerdo fiscal que firmaron en 2023, parte de las obligaciones estipuladas se referían a los empleos, y lo único que se le exige a Meta —en el sentido de que sea legalmente vinculante— son 50 empleos a tiempo completo. Tiempo después, se comunicó que la inversión de Meta ascendería a 10.000 millones de dólares, en lugar de los 1.500 millones previstos inicialmente.

“Texas no tiene esa clase de agua, ni energía. Faltan ambas cosas. Simplemente, no hay suficiente; no tiene ningún sentido. No tiene ni pies ni cabeza. Hemos escuchado a representantes de ambos partidos —tanto republicanos como demócratas— y nadie está contento con esto. Nadie está entusiasmado con los centros de datos”, argumenta Rodríguez: “La pregunta es: ¿para quién son? Lo siguiente que veremos, debido a la gran oposición por parte de la comunidad, es que intentarán ubicarlos en bases militares, para así no tener que someterlos a la aprobación de ningún organismo gubernamental. El Departamento de Defensa podría simplemente aprobarlos como proyectos militares e instalarlos en terrenos pertenecientes a las bases”.

La lucha contra los centros de datos se está extendiendo por todo EEUU. Un caso cercano a El Paso es el de Tucson, en Arizona, donde se paró un proyecto de Amazon valorado en 1.500 millones de dólares. En San Marcos, situada justo entre Austin y San Antonio, se ha cancelado otro proyecto. Y en Nuevo México, ante el Proyecto Júpiter, la comunidad ha interpuesto demandas.

El centro de datos Sabey en Round Rock, Texas, el 11 de agosto de 2025.

“En esencia, un centro de datos no es más que una inmensa superficie de terreno, un espacio vacío, desprovisto de personas, ocupado únicamente por máquinas que consumen energía y agua. Eso es todo lo que hacen; es decir, no generan empleos. No aportan nada, solo necesitan mucho espacio”, señala Rodríguez: “Y por eso nadie está haciendo nada al respecto; ni siquiera los sindicatos, porque por lo general se trata de un centro de datos gigantesco, que tal vez genere cien empleos permanentes como máximo. La mayoría de los puestos son de construcción, pero esos no son permanentes. Una vez construido, quedan muy pocos empleos permanentes. Los llaman 'personal de mantenimiento'. Implica un gran consumo de agua, contaminación atmosférica y una cantidad de empleos insuficiente para elevar de manera significativa los salarios de los habitantes de El Paso”.

Según Rodríguez, estos centros generarán una demanda eléctrica de casi 6,5 gigavatios, cuando El Paso Electric cuenta con una capacidad de generación de unos 2,9 gigavatios, y la demanda máxima que la compañía eléctrica ha logrado satisfacer simultáneamente en toda su historia ha sido de aproximadamente 2,3 gigavatios. “Por lo tanto, para abastecer de energía a tan solo tres centros de datos, estamos hablando de suministrarles el doble de electricidad que la que consumen, en conjunto, todos los hogares y negocios que se extienden desde Hatch (Nuevo México) hasta Van Horn. Estas inversiones podrían poner en riesgo los recursos hídricos de la región y generan cantidades astronómicas de contaminación atmosférica; todo ello con el fin de dar soporte a una tecnología de inteligencia artificial que, muy probablemente, traerá consigo cambios trascendentales para nuestro mundo: cambios que a algunos les resultan inquietantes y a otros, prometedores”.

Bernie Sanders da la voz de alarma

Hace unas semanas estuve en un acto organizado por Bernie Sanders en el Senado de EEUU sobre las amenazas de la IA. Sanders, junto con la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, ha lanzado diversas iniciativas legislativas y políticas para alertar de los riesgos de la IA, reclamar su regulación y apostar por una transición que tenga en cuenta las repercusiones en el mercado laboral de su extensión.

La mesa redonda, sobre amenazas existenciales de la IA, contaba con la participación de expertos como Max Tegmark (MIT), David Krueger (Universidad de Montreal) y los investigadores chinos Xue Lan (Universidad de Tsinghua) y Zeng Yi (Instituto de Pekín para la Seguridad y la Gobernanza de la IA).

Allí, Sanders defendió la importancia de la cooperación internacional en la regulación de la IA. Mientras las startups y los gigantes tecnológicos, sobre todo en Silicon Valley y Pekín, compiten por avanzar y ampliar su inteligencia artificial, el senador por Vermont, referente progresista estadounidense, se ha situado entre quienes abogan por medidas de protección, expresando su preocupación por las posibles implicaciones derivadas del uso generalizado de la IA, entre ellas la desinformación, la pérdida de la privacidad de los datos y el aislamiento social entre los adolescentes que dependen de los chatbots.

Sanders, junto con Ocasio, también ha expresado su alarma por los riesgos que la automatización puede suponer para la sociedad estadounidense, como el posible aumento del desempleo si las empresas prefieren la mano de obra automatizada a los trabajadores humanos.

“Las personas más ricas y poderosas del mundo están construyendo ahora un tren descontrolado sin frenos. Reconocen que no entienden cómo funciona y que no saben hacia dónde se dirige”, dijo Sanders en el acto, donde abogó por un tratado internacional similar al pacto nuclear de la era de la Guerra Fría: “Necesitamos cooperar. Necesitamos diálogo”.

En marzo, Sanders y Ocasio anunciaron un proyecto de ley que, de aprobarse, detendría la construcción de nuevos centros de datos de IA: “La IA y la robótica están creando la revolución tecnológica más radical de la historia de la humanidad. La escala, el alcance y la velocidad de ese cambio no tienen precedentes. El Congreso está muy por detrás de donde debería estar en cuanto a la comprensión de la naturaleza de esta revolución y sus repercusiones”.

La congresista Alexandria Ocasio-Cortez (D-NY) y el senador Bernie Sanders (I-VT) celebran una rueda de prensa para presentar la Ley de Moratoria sobre Centros de Datos de Inteligencia Artificial en el Capitolio de los Estados Unidos, el 25 de marzo de 2026 en Washington, DC.

“En 2025, unos 48 proyectos de centros de datos, con un valor estimado de 156.000 millones de dólares, fueron bloqueados o paralizados por la oposición local. Todo apunta a que 2026 será un año aún más importante para la resistencia a la IA”, explica Saul Levin en un artículo publicado en The Guardian con Astra Taylor, escritora y documentalista, además de cofundadora de Debt Collective: “Desde las zonas rurales de Carolina del Norte hasta los suburbios de Virginia, pasando por las estribaciones y tierras de cultivo de Nuevo México y Oregón, la gente común se está uniendo, superando las divisiones partidistas, para decir no a un statu quo que permite a los grupos de presión tecnológicos aprobar acuerdos de centros de datos a un ritmo vertiginoso, a menudo amparados en el secretismo impuesto por acuerdos de confidencialidad. En Indiana, un estado tradicionalmente republicano, más de 10 condados han decretado moratorias o prohibiciones temporales a nuevos centros de datos de IA; la Nación Seminola en Oklahoma aprobó recientemente una moratoria para su territorio; y en todo Nueva Jersey, se han cancelado numerosos proyectos debido a la indignación local por los acuerdos abusivos que se ofrecen”.

“El movimiento contra los centros de datos gira en torno a un conjunto de preocupaciones compartidas”, escriben: “Facturas de servicios públicos exorbitantes, un consumo insostenible de energía y agua, contaminación acústica y lumínica, degradación del suelo, la escasez de empleos locales de calidad (por no mencionar la perspectiva de un apocalipsis laboral a escala social) y un poder corporativo sin control; todo ello sumado a los usos socialmente problemáticos de la IA generativa, que van desde los bots que intentan desnudar digitalmente a adolescentes hasta la basura que satura nuestros muros en las redes sociales”.

Y añaden Levin y Taylor: “El extraordinario crecimiento orgánico del movimiento de resistencia contra los centros de datos —que abarca diversas geografías, intereses económicos e ideologías— refleja las enormes dudas que conlleva la infraestructura de la IA, así como la creciente indignación hacia la élite tecnológica. El movimiento contra los centros de datos no trata únicamente sobre el futuro de una tecnología novedosa; trata sobre el futuro de la democracia. Trata sobre quién controla la economía y sobre si la gente común tiene voz y voto en las decisiones que le afectan. Dado que a todos se nos ha negado una voz en esta convulsión tecnológica, todo el mundo debería estar animando a este movimiento. O, mejor aún, sumándose a la lucha”.

Christina Speasmaker, de Waco, corea un eslogan mientras grupos de defensa y miembros de la comunidad protestan contra las leyes relativas a los centros de datos frente al Capitolio de Texas, en Austin, el 23 de febrero de 2026.

¿Hasta dónde llegará esa lucha? ¿Se puede corregir este tsunami desde las comunidades? Con Donald Trump, el foco mediático siempre está puesto en todo lo que dice. Pero, en EEUU, como en cualquier país, hay mucho movimiento por debajo del radar que puede tener un recorrido de largo alcance.

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Todos los miércoles, el corresponsal de elDiario.es Andrés Gil explica las claves de lo que sucede en el EEUU de Donald Trump. Porque lo que pasa en Washington no se queda en Washington.

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