Descubren cientos de monumentos funerarios de hace más de 5.000 años en el desierto del este de Sudán

Fotografía de cometa de un AEB, C23 de los estudios CeRDO en el centro de Atbai. Cortesía del Museo Castiglioni

Ada Sanuy

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Un extenso estudio arqueológico ha identificado por primera vez una tradición funeraria monumental común en el desierto de Atbai, la vasta región situada entre el Nilo y el mar Rojo, en el noreste de África. La investigación concluye que estas estructuras circulares de piedra, utilizadas como enterramientos colectivos de comunidades pastoriles, se extendieron desde el sur de Egipto hasta las actuales fronteras de Eritrea principalmente entre finales del quinto y el tercer milenio antes de Cristo. Los autores sostienen que estos monumentos constituyen la evidencia más clara hasta ahora de la existencia de una cultura pastoril propia en esta zona del este de Nubia.

El trabajo, publicado en African Archaeological Review, analiza los llamados “Atbai Enclosure Burials” (AEB), grandes recintos funerarios delimitados por muros de piedra circulares u ovalados que contenían enterramientos humanos y animales en su interior. Aunque algunos ejemplos ya eran conocidos desde hace décadas, el estudio ha conseguido documentar por primera vez la existencia de una tradición compartida a escala regional gracias a campañas de teledetección y análisis por satélite desarrolladas dentro del proyecto Atbai Survey Project.

Una red de enterramientos repartida por el desierto

Los investigadores localizaron un total de 280 estructuras funerarias repartidas por todo el desierto de Atbai, 260 de ellas descubiertas mediante imágenes satelitales. Muchas aparecen agrupadas cerca de antiguos cursos de agua, pozos o zonas favorables para el pastoreo, especialmente en la región de Wadi Gabgaba, donde se concentra cerca del 40% de todos los monumentos identificados. Según el estudio, la ubicación de estos enterramientos demuestra que las comunidades que los construyeron dependían estrechamente de los recursos hídricos y del pastoreo de ganado en un entorno cada vez más árido.

La investigación sitúa el desarrollo de esta tradición funeraria en pleno proceso de transformación climática del Sáhara oriental tras el final del llamado Período Húmedo Africano. Durante milenios, amplias zonas hoy desérticas mantuvieron lluvias monzónicas y condiciones favorables para la vida humana y animal, pero el progresivo desplazamiento hacia el sur de las lluvias tropicales acabó alterando profundamente el paisaje. Los autores consideran que estas comunidades pastoriles tuvieron que adaptarse de forma constante a unas condiciones ambientales cada vez más secas y difíciles.

a. AEBs en Bir Asele © James Harrell. b. Mapa/plano del sitio de Bir Asele, según Murray, 1926. c. Senderos pastorales alrededor de Bir Asele © Google Earth, dibujado por Marie Bourgeois.

Los enterramientos excavados hasta ahora muestran además una estrecha relación simbólica entre humanos y ganado. En algunos complejos funerarios aparecieron vacas, ovejas y cabras enterradas junto a personas, una práctica que los investigadores relacionan con comportamientos culturales centrados en el ganado, ampliamente documentados en sociedades pastoriles del Sáhara y Nubia. El estudio recuerda que la presencia de bovinos en contextos funerarios ya era conocida en otros lugares del noreste africano desde el sexto milenio antes de Cristo, pero sostiene que el caso de Atbai representa una de las expresiones monumentales más complejas de esa tradición.

Monumentos levantados en condiciones extremas

Uno de los ejemplos más importantes analizados es el complejo funerario de Wadi Khashab, al este de Kom Ombo, en Egipto. Allí se excavó una estructura circular de unos 18 metros de diámetro que contenía más de 25 enterramientos humanos y animales. El centro del recinto estaba ocupado por una tumba principal rodeada de sepulturas de ganado y pequeños rumiantes. Las dataciones por radiocarbono sitúan el uso inicial del monumento entre finales del quinto y el cuarto milenio antes de Cristo, aunque siglos después volvió a reutilizarse por otras poblaciones.

El estudio también subraya la enorme inversión de trabajo que implicaba levantar este tipo de monumentos en un entorno desértico. Algunos recintos alcanzan hasta 82 metros de diámetro y requerían mover grandes cantidades de piedra. Los investigadores calculan que la construcción de uno de los complejos analizados habría supuesto más de 160 jornadas completas de trabajo para una sola persona. Para los autores, este esfuerzo colectivo revela que estos lugares no funcionaban únicamente como cementerios, sino también como espacios ceremoniales y de cohesión social para comunidades nómadas dedicadas al pastoreo.

a Sistema de cuadrícula del Proyecto de Investigación de Atbai, que muestra las cuadrículas exploradas en naranja © MapTiler y OpenStreetMap, con incidencias de AEB marcadas ( b ). c Diagramas de desplazamiento de anillos que revelan la agrupación de enterramientos en recintos a lo largo de Atbai y su concentración en la región central del Alto Wadi Gabgaba ( d ). Producido en QGIS, © MapTiler Planet © Colaboradores de OpenStreetMap, © Google Earth

La distribución geográfica de estas estructuras también ha permitido a los arqueólogos replantear el papel histórico del desierto de Atbai dentro de las antiguas conexiones entre Egipto y Nubia. Aunque el valle del Nilo ha concentrado tradicionalmente la mayor parte de las investigaciones arqueológicas, el nuevo trabajo sostiene que estas poblaciones pastoriles desarrollaron dinámicas culturales propias, relativamente independientes de los grandes centros urbanos nilóticos. Los autores creen incluso que esta tradición funeraria podría representar el antecedente remoto de los medjay, los grupos nómadas del desierto oriental conocidos en las fuentes faraónicas del tercer milenio antes de Cristo.

Un patrimonio amenazado por la minería y el saqueo

Además de reconstruir parte de la historia humana de esta región poco estudiada, la investigación alerta sobre el deterioro acelerado de muchos de estos yacimientos. La minería moderna del oro, el saqueo arqueológico y la erosión natural están dañando numerosas estructuras, especialmente en áreas como Wadi Gabgaba. Precisamente por ello, los investigadores destacan la importancia de las técnicas de teledetección y cartografía satelital para documentar un patrimonio extremadamente vulnerable y difícil de estudiar sobre el terreno debido a la inestabilidad política y las enormes dimensiones del desierto sudanés.

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