¿Por qué los cuervos vigilan a los lobos antes de buscar comida? Los científicos acaban de descubrirlo

Los cuervos llegaban antes del festín tras oír a los lobos

Héctor Farrés

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Un aullido de lobo en mitad del monte cambiaba el rumbo de varios cuervos incluso antes de que aparecieran restos de comida sobre el suelo. La relación entre ambos animales llevaba años llamando la atención porque las aves parecían llegar siempre a tiempo allí donde uno de estos cazadores acababa de derribar una presa. Esa cercanía alimentó la idea de que los cuervos dependían por completo de seguir a las manadas durante horas, como si actuaran pegados a cada desplazamiento de los depredadores.

Sin embargo, esa explicación dejaba fuera otra parte del problema, ya que estas aves recorren distancias enormes, recuerdan lugares durante mucho tiempo y adaptan sus trayectos según lo que aprenden del territorio. Los cuervos destacan además por una capacidad mental que ya se había visto en otras situaciones, desde esconder comida hasta reconocer objetos o evitar trampas. Esa relación con los lobos no depende solo de la oportunidad de encontrar carne, también muestra hasta qué punto estas aves usan información acumulada durante años.

Un estudio descartó la persecución continua de las manadas

Un estudio publicado en la revista Science concluyó que los cuervos usan memoria espacial para localizar restos de caza en Yellowstone y no pasan el día siguiendo a los lobos. El trabajo reunió a investigadores de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y del Parque Nacional de Yellowstone.

Según explicó Matthias Loretto, autor principal del estudio, “pueden volar seis horas seguidas hasta llegar a un lugar donde hay una presa”. El equipo siguió durante dos años y medio los movimientos de cuervos, lobos y pumas para comprobar cómo encontraban alimento en un territorio enorme.

Los cuervos regresaban a valles donde aparecían más cadáveres

Los investigadores colocaron dispositivos GPS a 69 cuervos y collares de seguimiento a 20 lobos. Capturar a las aves resultó complicado porque detectaban enseguida cualquier cambio extraño en el paisaje. Loretto explicó que “los cuervos observan tanto el entorno que casi nunca entran en trampas”.

El equipo ocultó los sistemas de captura con basura y restos de comida cerca de campamentos para que las aves no sospecharan. Los aparatos registraban posiciones cada 30 minutos en invierno, justo cuando la relación entre lobos y cuervos se volvía más frecuente.

Yellowstone permitió revisar una idea repetida durante años

El seguimiento también aprovechó una situación poco habitual en Yellowstone. Los lobos regresaron al parque a mediados de los años 90 tras una ausencia de 70 años y, desde entonces, muchos ejemplares llevan collares de rastreo cada invierno. Dan Stahler, biólogo del parque, llevaba años viendo cuervos sobrevolando manadas o acercándose después de una caza. Por eso muchos científicos pensaban que las aves mantenían una persecución continua sobre los depredadores. Sin embargo, el análisis apenas encontró un caso claro de un cuervo siguiendo a un lobo más de un kilómetro y durante más de una hora.

Ese resultado obligó a revisar la explicación habitual. Los datos mostraron que los cuervos regresaban una y otra vez a zonas donde las muertes de animales eran más frecuentes, sobre todo en valles abiertos y llanos donde los lobos cazaban con mayor éxito. Algunas aves recorrieron hasta 155 kilómetros en un solo día y lo hicieron con trayectos muy rectos hacia lugares donde podían aparecer restos de comida. Los científicos comprobaron además que los cuervos pasaban largos periodos lejos de las manadas antes de volver a esas áreas. Un ejemplar apareció cerca de lobos en 48 días distintos y, en otros casos, las visitas quedaron separadas por casi un año.

Matthias Loretto explicó cómo volaban durante seis horas seguidas

El estudio también comparó la relación de los cuervos con los pumas. Las aves coincidían mucho más con los lobos porque estos cazan en grupo y dejan cadáveres grandes en espacios abiertos. Los pumas actúan solos, se mueven por zonas boscosas y suelen cubrir a sus presas, algo que dificulta localizar los restos.

Los cuervos aprovecharon el 48,5% de las presas dejadas por lobos durante la primera semana tras la muerte del animal, mientras la cifra bajó al 24,8% en el caso de los pumas. Los investigadores creen que las aves todavía usan señales cercanas, como movimientos de los lobos o aullidos, para encontrar comida cuando ya están dentro de la zona adecuada.

John M. Marzluff destacó la capacidad para decidir dónde comer

Los cuervos ya eran conocidos por esconder comida, recordar escondites y reaccionar según lo que ven otros animales. Este trabajo añadió otra capacidad a esa lista porque las aves aprendían patrones de caza repartidos por un territorio enorme y tomaban decisiones a partir de experiencias anteriores.

John M. Marzluff, investigador de la Universidad de Washington y uno de los autores del estudio, afirmó que “los cuervos son flexibles a la hora de decidir dónde alimentarse”. Esa flexibilidad permitió que muchas aves cruzaran grandes distancias sin depender de una sola manada y terminaran llegando a los restos de comida casi siempre antes de que desaparecieran.

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