María, el baloncesto y la luz que se queda
Se ha ido. María falleció hace dos días. Qué pena. María Fernández, mujer del baloncesto extremeño, mujer de dar mucho antes que pedir, mujer del deporte, un corazón bueno. Alguien que, incluso cuando ya no podía, regalaba actitud, alegría y disposición para que las canchas siguieran abiertas y llenas de deportistas jóvenes. María Fernández
María —y Francis, y el pueblo de Navaconcejo— nos regalaron el Valle. Íbamos con autobuses a disfrutar del pabellón más bonito, el mejor cuidado, el que tiene más luz, como el corazón de María, el más limpio. Cruzábamos la montaña de La Vera al Jerte y allí nos esperaban cada año. El mes pasado también.
Luego venían a devolvernos la visita, con una ilusión que nos ganaba. Con sus chicos y chicas del pueblo, con el baloncesto de un sitio pequeño pero orgulloso.
No voy a olvidar la sonrisa de María entrando en nuestro comedor; la sonrisa de María viendo el pabellón de su pueblo lleno de deportistas y de entrenadores de toda España; viendo a un montón de jugadoras adolescentes jugar al deporte de su vida, el baloncesto. A María y a Francis cuidando de los pequeños baloncestistas de Navaconcejo, del baloncesto extremeño.
Concejala, delegada, empujadora. María era concejala de Deporte y de Igualdad. Fue muchos años delegada del Plasencia Galco; sé lo que es ser delegado, lo ingrato y lo maravilloso que puede ser ese cargo. Me dicen que ella lo vivió siempre como un regalo: estar en su deporte, empujar su deporte.
Gracias, María. No hace falta ganar campeonatos para ser una campeona como tú. Lo sencillo es entrenar jugadorazos; lo difícil es sacar equipos en un lugar donde los padres —y a veces los chicos— a las cinco de la mañana están subidos a los árboles recolectando cerezas. Y no quedan fuerzas por la tarde, ni medios, ni costumbre para tirar a canasta en el Valle del Jerte.
Mil disculpas por no habértelo dicho en persona. Tú y yo contábamos con que el verano que viene sí que venías. Y vendréis. En el Campux siempre os esperaremos. Y no te vamos a olvidar jamás. Adiós María, hasta siempre.
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