“El hígado tiene una gran capacidad de regeneración”: una nutricionista indica los alimentos que recuperan este órgano
El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo. Este órgano vital desempeña funciones esenciales para la vida. Ubicado bajo el lado derecho de la caja torácica, el hígado realiza varias funciones esenciales, como procesar los nutrientes de los alimentos, producir colesterol y generar bilis. Además, elimina toxinas como el alcohol y los medicamentos y sintetiza proteínas.
“Es uno de los principales órganos encargados de procesar lo que comemos: transforma y almacena nutrientes, regula los niveles de azúcar y grasas en la sangre y ayuda a eliminar o transformar sustancias que el organismo no necesita”, explica Luisa Muñoz Salvador, doctora en Nutrición.
Cuando este órgano se sobrecarga o se daña, la recuperación empieza con los alimentos que ingerimos. “Nuestra alimentación influye de forma directa en su salud y buen funcionamiento”, afirma la especialista. Ciertos alimentos son especialmente beneficiosos para favorecer la función hepática, reducir la acumulación de grasa y combatir la inflamación. Comprender cuáles son los que favorecen la reparación del hígado es el primer paso para promover la recuperación y mantener una buena salud hepática a largo plazo.
El órgano con superpoderes: la regeneración hepática
El hígado es un órgano con un claro superpoder: es capaz de regenerarse por sí mismo. Similar a la cola de un lagarto, puede regenerarse tras una lesión o si se extirpa una parte. En función de la extensión y el tipo de daño, el hígado puede compensarlo recuperando prácticamente toda su masa original en cuestión de poco tiempo. Para cumplir con su función de filtrar las toxinas del tracto digestivo necesita regenerar sus células si se dañan.
Algo que no ocurre con otros órganos, como los pulmones, el páncreas o los riñones, que pueden adaptarse en menor medida a la pérdida de tejido. A diferencia de las células de estos órganos, las hepáticas conservan una gran flexibilidad: si una parte de un hígado sano resulta dañada, su sistema inmunitario y una intrincada red de vías, tanto dentro como entre las células hepáticas, le indican que comience a regenerarse.
“El hígado puede sufrir daño durante mucho tiempo sin dar síntomas claros. Cuando aparecen, pueden incluir cansancio, molestias en la parte derecha del abdomen, pérdida de apetito o, en fases más avanzadas, coloración amarillenta de la piel y los ojos”, advierte la nutricionista.
“Entre los hábitos que más pueden perjudicarlo están el consumo de alcohol, una alimentación desequilibrada y el exceso de calorías que favorece el sobrepeso y la acumulación de grasa en este órgano”, indica Muñoz, y añade: “además, hay que tener cuidado con la automedicación y con ciertos suplementos o productos ‘detox’, ya que algunos pueden causar daño hepático”.
Cómo podemos cuidar del hígado a través de la alimentación
Con tantas funciones importantes, mantener la salud del hígado el mayor tiempo posible es fundamental. Sin embargo, los estilos de vida modernos pueden afectar de forma negativa la salud del hígado y aumentar el riesgo de sufrir ciertas afecciones. Adoptar un enfoque proactivo hacia la salud y realizar cambios en el estilo de vida es la mejor manera de mantener un hígado sano.
Es necesario lograr un equilibrio adecuado entre los distintos alimentos y bebidas para que el cuerpo funcione correctamente y se mantenga saludable. Una dieta equilibrada es la mejor manera de mantener un buen estado de salud. Por tanto, no hay alimentos superpoderosos, tampoco para cuidar del hígado. “No existe un alimento que por sí solo lo regenere: lo que sí podemos hacer es favorecer su salud mediante una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado azul y aceite de oliva”.
Esta investigación demuestra que una dieta con mayor consumo de frutos secos disminuye el riesgo de padecer hígado graso no alcohólico. Por su lado, el pescado como las sardinas o la trucha es rico en ácidos grasos omega-3, grasas saludables que ayudan a reducir la grasa y la inflamación del hígado. El aceite de oliva también puede ayudar a reducir las enzimas hepáticas y mejorar la resistencia a la insulina, factores relacionados con la enfermedad del hígado graso.
Dentro de una dieta saludable e interesante para el hígado están las verduras como el “brócoli, la coliflor, la alcachofa y las verduras de hoja verde”, afirma Muñoz. También el café, “tomado con moderación y sin exceso de azúcar, se ha relacionado con beneficios para la salud hepática”, reconoce Muñoz. En definitiva, una “dieta equilibrada, basada sobre todo en alimentos frescos y poco procesados, ayuda no solo a mantener un peso saludable, sino también a evitar la acumulación de grasa en el hígado y a favorecer su correcto funcionamiento”, reconoce Muñoz.
Qué alimentos deberíamos evitar
Las investigaciones han encontrado una relación entre los alimentos de la dieta occidental (comida rápida, aperitivos azucarados, bollería industrial…) con un mayor riesgo de sufrir enfermedad del hígado graso. Otro estudio ha vinculado el consumo regular de comida rápida (20% o más del total de calorías diarias) con la enfermedad del hígado graso, especialmente en personas con diabetes tipo 2 u obesidad. La comida rápida suele ser rica en grasas saturadas, azúcares añadidos y otros ingredientes que afectan la salud metabólica.
Y es que, como admite la experta, “tan importante como lo que comemos es evitar ciertos alimentos, como el exceso de alcohol, los azúcares y los alimentos ultraprocesados, así como una alimentación excesivamente calórica que favorezca el sobrepeso y la acumulación de grasas en el hígado”.
El hígado, por ejemplo, metaboliza el alcohol por completo, de ahí que incluso pequeñas cantidades pueden causar inflamación; el exceso de azúcar, especialmente la fructosa, va directamente al hígado y se convierte en grasa (bebidas azucaradas, dulces, galletas y bollería o cereales con alto contenido de azúcar); el consumo de alimentos ultraprocesados con aceite de baja calidad conlleva una acumulación de grasas saturadas y trans en el organismo, lo que provoca acumulación de grasa en el hígado.
Siempre es buena idea evitar o moderar el consumo de estos alimentos, pero estos hábitos se equilibran mejor si llevamos una alimentación saludable.
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