Pilar Muñoz, psicóloga: “Nacer en diciembre puede suponer una desventaja respecto a otros niños nacidos en enero”
No todos los niños empiezan la escuela a la misma edad ni con el mismo nivel de madurez. Aunque vayan al mismo curso, unos habrán nacido en enero y otros en diciembre, una diferencia de casi un año para unas mismas condiciones y exigencias. Ante esta circunstancia, muchas familias se plantean si esa distancia puede tener impacto en el rendimiento escolar de los niños nacidos en diciembre, si realmente supone una diferencia sifnificativa y si esas consecuencias se diluyen o no con el paso de los años.
En algunos casos, las familias se plantean incluso la repetición de curso. Hablamos de un fenómeno conocido como el efecto de la edad relativa, en el que ser uno de los menores de un grupo de edad influye de manera significativa en el rendimiento académico futuro. Y no se trata de inteligencia, sino de madurez y de entender que cada niño tiene su propio ritmo.
La diferencia académica que marca el mes de nacimiento
“Nacer en diciembre puede suponer una desventaja estadística respecto a los compañeros nacidos en enero, sobre todo en los primeros cursos”, afirma Pilar Muñoz Alarcón, psicóloga de Ábaco. Para Muñoz, la diferencia se debe sobre todo a que, en los primeros años de vida, “el proceso de maduración sigue una línea de desarrollo evolutivo a través de la cual los hitos del desarrollo se van adquiriendo en función de la edad cronológica y de maduración de la persona, y esto puede marcar una gran diferencia entre los nacidos en un mismo año en enero, frente a los nacidos en diciembre”.
El efecto de la edad relativa se usa para describir cómo quienes han nacido a principios del año académico tienden a tener un rendimiento superior al de quienes nacieron más tarde. Por ejemplo, consideremos dos niños de cinco años. Uno nació en enero y es el mayor del curso: el otro nació en diciembre y es el menor. A pesar de estar en el mismo curso, el primero es casi 12 meses mayor que el segundo.
“Los niños de cinco años recién cumplidos pueden empezar la escolarización en condiciones evolutivas diferentes a las de quienes están cerca de cumplir seis”, afirma Muñoz, que reconoce también que existe una gran variabilidad individual “y que esto no siempre es así en todos los casos”.
Los estudios han demostrado que los niños de mayor edad suelen tener mejores resultados. Así lo demuestra también esta completa revisión sistemática que, tras anallizar 21 artículos científicos de 24 países, muestra que los niños nacidos a finales de año tienen no solo una desventaja psicomotriz, sino también cognitiva, ya que obtienen puntuaciones más bajas en pruebas estandarizadas de funciones cognitivas.
Retrasar la escolarización o la repetición de curso
Ante este escenario, algunas familias pueden barajar la posibilidad de la repetición de curso. Sin embargo, para Muñoz, “ni retrasar la escolarización ni repetir un curso son soluciones universales. Ambas deben valorarse de manera individual en función del niño y sus características; la repetición por sí sola no ha demostrado beneficios medios consistentes”.
En cambio, en ciertos casos puntuales, como un alumno que, además de haber nacido en diciembre, presenta alguna dificultad en su desarrollo (prematuridad, síndrome o simplemente retraso en el desarrollo), “las opciones de repetición o retraso de escolarización sí pueden ser beneficiosas”, reconoce Muñoz.
Porque un niño nacido en diciembre no comparte el mismo punto de partida que sus compañeros de curso. Datos de macroestudios como el informe PISA siguen mostrando que un 22% de los alumnos españoles han repetido al menos un curso antes de los 15 años. La brecha académica que se detecta en los exámenes PISA a los 15 (en 4º curso de la ESO) no se debería a diferencias de inteligencia sino a cómo penalizaría la rigidez del sistema los meses de maduración temprana, tal y como muestra este estudio del Centre for European Economic Research.
Cómo mitigar las diferencias iniciales
Si bien las intervenciones tempranas adaptativas mitigan las diferencias de desarrollo iniciales en el aula, la evidencia científica actual aún no es concluyente sobre si logran eliminar por completo la brecha producida por la edad relativa. “Evidentemente, detectar a tiempo las diferencias con respecto al grupo y llevar a cabo alguna intervención de atención temprana o estimulación focalizada en esas dificultades va a mejorar las diferencias”, afirma Muñoz.
La detección temprana permite identificar de manera precoz a los alumnos que muestran desfases o diferencias respecto a su grupo de edad; la enseñanza adaptativa permite ajustar los ritmos y metodologías del aula a la madurez del alumno; el refuerzo específico se basa en aplicar programas de estimulación focalizados en dificultades concretas; y las expectativas ajustadas evalúan y exigen al alumno en función de su etapa de desarrollo biológico y cognitivo, no solo de su año de nacimiento.
“Esta brecha tiende a disminuir con la edad, aunque puede persistir de forma indirecta cuando las diferencias iniciales afectan a los aprendizajes posteriores o cuando la persona presenta algún tipo de dificultad de aprendizaje asociada”, afirma Muñoz.
En algunos casos, las dificultades detectadas en las aulas son, más que problemas de capacidad, una simple cuestión de calendario. De ahí que abordar esta brecha pase por un cambio de mirada que implique una enseñanza adaptativa que respete los tiempos biológicos del niño.
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