De la atención temprana a la protección solar: cómo cuidar de una cicatriz para mejorar la textura de la piel

Cuando la piel sufre una lesión, bien por accidente o como consecuencia de una cirugía, muchas veces nos preguntamos si quedará una cicatriz. La mayoría de las heridas, excepto en el caso de las más pequeñas o leves, pueden dejar algún grado de cicatriz, que no deja de ser una respuesta a una lesión y la forma natural en la que la piel se repara.

Probablemente, quien más quien menos, pueda reconocer algunos momentos clave de su vida dando un repaso a su propia piel: la herida de esa caída en bicicleta, el acné de adolescente o la cesárea del parto. ¿Cómo podemos cuidarlas y protegerlas para minimizar su apariencia?

Cicatrices, una marca permanente que requiere un cuidado adecuado

Ahí donde ha habido una lesión, lo primero que sucede es que las plaquetas, un tipo de células sanguíneas, se agrupan y forman un coágulo para detener el sangrado y sellar la herida. El sistema inmunitario se activa y genera inflamación, lo que ayuda a combatir la infección e inicia la curación. Posteriormente, el colágeno ayuda a reparar y reconstruir la piel. Tras unos días, el tejido empieza a contraerse y a formar una cicatriz.

Las cicatrices suelen tener una textura y apariencia distintas al tejido que las envuelve debido a la acumulación de colágeno. Su apariencia y tratamiento dependen de varios factores.

Pueden ser elevadas, planas o hundidas. Incluso después de curarse, el tejido nunca es completamente igual a la piel normal. La forma que adopta depende de la causa de la lesión, el tamaño, la gravedad y la ubicación, así como del tratamiento recibido, como puntos de sutura, edad, genética y estado de salud general.

“En la evolución de una cicatriz influyen varios factores, y algunos no son modificables, como la localización de la herida o la predisposición de cada persona”, explica el doctor Francisco Alcántara, licenciado en Medicina y Cirugía y especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venerología de la Clínica Dermatoclinic.

Según el especialista, en determinadas zonas del cuerpo, “como el escote, los hombros o el esternón, es más frecuente que puedan aparecer cicatrices hipertróficas o queloides, es decir, que crecen más de lo normal y quedan elevadas y son más visibles. También las personas con fototipos altos –pieles más oscuras- tienen una mayor tendencia a desarrollarlas”.

Si bien las cicatrices son permanentes, un cuidado adecuado puede ayudar a minimizar su apariencia y mejorar la textura de la piel. Saber cómo tratarlas puede marcar una gran diferencia en su visibilidad con el tiempo.

Qué hacer para cuidar de una cicatriz: la atención temprana que marca la diferencia

¿Cuál es la mejor manera de tratar las cicatrices? Lo más importante es evitar que empeoren desde el principio. Para ello, una vez la herida está cerrada, es importante “protegerla del sol para reducir la inflamación y disminuir el riesgo de que se oscurezca y mantener una buena hidratación con una crema emoliente adecuada”, aconseja Alcántara. La atención temprana marca una diferencia duradera en la visibilidad y la textura de las cicatrices.

A menudo, una combinación de medidas ofrece los mejores resultados. Por eso es importante consultar con un especialista para que pueda diseñar un plan de tratamiento personalizado que se adapte a la piel.

¿Es mejor taparla o dejarla al aire?

Aquí la respuesta no es categórica ya que “depende del tipo de herida, de su localización y del momento de la cicatrización”, reconoce Alcántara. En muchas de ellas es aconsejable “mantener un apósito durante los primeros días para proteger la zona de la fricción y de la suciedad. Sin embargo, cuando la herida ya está cerrada y no existe riesgo de roce o contaminación, solemos dejarla al aire”, explica el especialista, que admite que lo importante es que permanezca limpia y protegida cuando sea necesario y se sigan las indicaciones del profesional que la ha tratado.

Geles y parches de silicona ayudan

Para proteger las cicatrices contra la fricción y la pérdida de humedad, y una vez la herida ya se ha cerrado por completo, “lo geles o parches de silicona son uno de los tratamientos que han demostrado mejores resultados para favorecer una buena evolución, especialmente en personas con mayor riesgo de desarrollar cicatrices hipertróficas o queloides”, matiza Alcántara. La silicona actúa sellando la cicatriz y manteniéndola hidratada.

Cremas que protegen

También algunas cremas pueden ayudar a cuidar de una cicatriz. “Los ingredientes que más recomendamos son aquellos que ayudan a mantener una buena hidratación de la piel, como el pantenol, el ácido hialurónico o la glicerina. Mantener la cicatriz bien hidratada favorece su proceso de maduración y mejora la elasticidad y el confort de la piel”, admite Alcántara.

Masajear la zona, solo cuando está cerrada

El masaje de una cicatriz es una forma de suavizarla y aplanarla, de detener la acumulación tejido cicatricial y ayudar a que sea menos visible. El masaje puede ser “beneficioso cuando la herida está completamente cerrada”, admite Alcántara. Para realizarlo, es importante hacerlo de “forma suave y siguiendo las indicaciones médicas según cada caso; solo así puede ayudar a que la cicatriz gane elasticidad, disminuya la sensación de tirantez y evolucione de forma más favorable”, matiza el especialista.

Protegerla del sol, sobre todo en los primeros meses

Ya hemos visto al principio que la protección solar es, junto con la hidratación, una de las mejores maneras de proteger y cuidar de una cicatriz. La protección solar es clave, sobre todo durante los primeros meses, “cuando la cicatriz aún permanece roja o rosada, ya que indica que todavía está en proceso de maduración. Durante este periodo, la exposición al sol puede hacer que se oscurezca y que esa pigmentación permanezca durante mucho tiempo”, advierte Alcántara.

¿Hasta cuándo es imprescindible proteger una cicatriz del sol? “Recomendamos protegerla del sol al menos los primeros 6-12 meses, usando ropa cuando sea posible o un fotoprotector de amplio espectro”, recomienda Alcántara, que recuerda además que una cicatriz no alcanza su aspecto definitivo en pocas semanas. “Su proceso de maduración suele prolongarse alrededor de un año, por lo que es normal que vaya cambiando de color y aspecto de forma progresiva durante ese tiempo”, admite el especialista.

Cuándo debemos acudir al médico

Es posible que, pese a todos estos consejos, la cicatriz no se cure como debería. Hay algunas señales de alerta que nos indican que debemos acudir al médico de inmediato. Como explica Alcántara, es importante consultar si “observamos que los bordes de la herida se han separado cuando antes estaban unidos, lo que conocemos como dehiscencia de la herida”.

Otro motivo de consulta es “si aparece un aumento progresivo del dolor, un enrojecimiento intenso, calor, hinchazón o salida de pus, ya que pueden ser signos de infección”, afirma Alcántara, que admite también que hay otras señales, aunque menos frecuentes, como aparición de fiebre o sangrado, que también son motivo de consulta.