El investigador Luis Garegnani, sobre la eficacia del ayuno intermitente para adelgazar: “No es una solución mágica”
El ayuno intermitente se ha colado, desde hace varios años, entre las tendencias más populares para quienes tratan de perder peso. La práctica consiste en alternar periodos de consumo nulo de calorías, el ayuno, con periodos de ingesta normal en diferentes proporciones. Ahora, una revisión sistemática publicada en la Biblioteca Cochrane ha puesto a prueba su eficacia real frente a otras dietas hipocalóricas tradicionales en pacientes adultos con sobrepeso y obesidad.
“Con la evidencia actual es difícil emitir una recomendación general”, asegura a elDiario.es Luis Garegnani, del departamento investigador del Hospital Italiano de Buenos Aires y líder de esta revisión sobre el ayuno intermitente. “No parece ser mejor que otras dietas para perder peso, pero tampoco parece ser peor, aunque los resultados de las investigaciones sean inciertos”, explica. Su trabajo indica que los efectos de este método son similares a los de una simple dieta con restricciones calóricas, aunque con frecuencia se publicite como un método superior o más eficaz.
“En comparación con los consejos dietéticos habituales, el ayuno intermitente puede dar lugar a poca o ninguna diferencia en la pérdida de peso o la calidad de vida”, concluye el estudio. Por lo tanto, Garegnani apunta que “probablemente los profesionales de la salud y las personas que viven con sobrepeso u obesidad van a tener que analizar y decidir si usan o no el ayuno intermitente en cada caso en particular”. Porque no hay diferencias “clínicamente relevantes”, según el propio investigador, ni en cuanto a la pérdida de peso ni en cuanto a la salud general de los pacientes.
Efectos adversos e incertidumbres
La investigación señala posibles efectos secundarios leves como fatiga, dolor de cabeza, mareos, náuseas y hambre excesiva derivados del ayuno intermitente. No obstante, no hay evidencia científica suficiente para hablar sobre la seguridad de este método a largo plazo. El estudio afirma que “el ayuno intermitente puede tener poco o ningún efecto sobre los eventos adversos, pero la evidencia es muy incierta” debido a limitaciones en los métodos de investigación actuales y la escasa cantidad de participantes.
Sobre esto, Garegnani advierte que, aunque no se detectaron grandes riesgos, existe mucha variabilidad entre los estudios. Por ello, su mensaje para quienes buscan una solución rápida es claro: “El ayuno intermitente no es una solución mágica”.
Alternativas probablemente más eficaces
La evidencia sugiere que el ayuno intermitente es simplemente una herramienta más disponible, pero no necesariamente la mejor. La decisión de utilizarlo debe ser personalizada, evaluando la sostenibilidad, la incertidumbre sobre sus efectos y la disposición individual de cada paciente.
Como concluye el investigador, la popularidad del ayuno intermitente y su difusión en medios y redes sociales “no debería desviar la atención de otras intervenciones probablemente más eficaces, como la actividad física, la educación para la elección de alimentos saludables y la mejora en la calidad de la dieta en general”.