Dos nutricionistas abordan los límites del Índice de Masa Corporal: “No indica dónde se acumula la grasa”
El Índice de Masa Corporal (IMC) es una medida muy generalizada que calcula el peso corporal de una persona en relación con su estatura. Desarrollado en los inicios del siglo XIX, en un principio se concibió para realizar estudios poblacionales, no evaluaciones de salud individuales. Con el tiempo, esta medida ganó popularidad porque era una forma rápida y fácil de determinar si el peso de una persona es normal o no y si está dentro del rango que se considera saludable. Sin embargo, con los años, su uso ha llevado a muchos profesionales a plantearse si realmente esta medida sigue siendo tan relevante como antes.
El IMC es una medida de detección rápida, segura y fiable para evaluar el peso de una persona en relación con su estatura, expresada en kilogramos, y el cuadrado de la talla, expresada en metros. “Es una fórmula que relaciona el peso y la altura de una persona para clasificar su tamaño corporal en categorías y se calcula dividiendo el peso en kilos entre la altura en metros al cuadrado”, afirma Silvia Uriarte, nutricionista en GUT Nutrición.
A partir de este índice, un valor inferior a 18,5 kg/m² señala un peso insuficiente; el peso es normal cuando el IMC está entre los 18,5 kg/m² y 25 kg/m²; cuando la cifra se sitúa entre los 25 kg/m² y los 30 kg/m², indica que hay sobrepeso; y, cuando es superior a 30 kg/m², nos dice que hay obesidad.
Esta medida, por tanto, permite clasificar de manera rápida a las personas con bajo peso, normopeso, sobrepeso u obesidad. “Se usa desde hace décadas como herramienta rápida para estudiar la salud de grandes poblaciones”, afirma por su parte María Garcés, nutricionista también de GUT Nutrición. Pero, ¿podemos confiar en ella como un indicador fiable de salud?
Qué nos dice el IMC
Una de las mayores ventajas del IMC es su sencillez: solo se requiere la estatura y el peso, datos fáciles de medir sin necesidad de equipos especializados. Además, tenemos acceso numerosas aplicaciones online que lo calculan de manera inmediata, solo es necesario introducir estos dos datos y lo calcula de forma automática.
El IMC sí es una herramienta práctica para que médicos y nutricionistas, e incluso investigadores, puedan realizar evaluaciones rápidas a grandes grupos de personas. “El IMC puede servir como herramienta orientativa para detectar posibles riesgos en estudios de salud pública”, reconoce Uriarte.
Este índice ayuda a rastrear las tendencias de obesidad en distintos grupos demográficos y a asignar recursos y diseñar intervenciones. Proporciona, por tanto, una forma estandarizada de comparar los riesgos para la salud entre diferentes grupos. Pero algunas investigaciones han puesto en tela de juicio la utilidad del IMC, sus categorías de peso, su utilidad como medida de diagnóstico clínico y su aplicación inapropiada en subgrupos de población.
Las limitaciones del IMC como medida de salud
“No es un diagnóstico médico”, aclara Garcés, que reconoce que este índice “no mide la grasa corporal ya que no distingue entre músculo, grasa, hueso o agua. Esto hace que personas con mucha masa muscular puedan aparecer como personas ‘con sobrepeso’, mientras otras con un IMC considerado normal puedan tener un porcentaje de grasa elevado o problemas de salud asociados”.
“No indica dónde se acumula la grasa, algo clave para valorar el riesgo cardiovascular”, dice Uriarte, que considera esta como una de las limitaciones más grandes del IMC. La distribución de la grasa corporal influye en los riesgos para la salud: la grasa abdominal aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares más que la grasa en otras zonas, pero el IMC no tiene en cuenta la distribución, por lo que dos personas con el mismo IMC pueden tener perfiles de salud muy distintos.
“Un IMC alto no siempre es sinónimo de obesidad porque solo se tiene en cuenta la altura y el peso, pero no se distingue de dónde viene el peso. Una persona puede tener un porcentaje de grasa saludable pero mucha masa muscular y aun así aparecer con un IMC elevado”, aclara Garcés.
El IMC no considera la masa magra, la ósea, las proporciones de grasa ni la salud metabólica, que son indicadores importantes de la salud general. En realidad, lo que nos dice es que “el peso y la enfermedad tienen una relación directa cuando en realidad se ha demostrado que esto no es así”, reconoce Uriarte.
Además, debemos tener en cuenta que no todo el mundo es igual. Si bien la clasificación del IMC según la edad cambia en función de si es un niño, adulto o adulto mayor, el cálculo es el mismo. “Lo que cambia son los rangos considerados normales. Pero no tiene en cuenta diferencias importantes entre personas”, aclara Uriarte, que habla de más limitaciones, como que “no mide la salud metabólica (tensión, colesterol, glucosa, entre otros), puede afirmar que personas sanas están enfermas, y al contrario, y refuerza la idea de que el peso define la salud de las personas”.
¿En qué casos puede resultar poco fiable el IMC?
Garcés habla de “deportistas con mucha masa muscular, personas mayores, adolescentes, personas con cuerpos más grandes y distintos grupos étnicos o genéticos”. Las categorías de peso del IMC implican que existe un cuerpo típico saludable, un concepto que simplifica en exceso la salud al ignorar la variedad de tipos de cuerpos.
“Creemos que reducir la salud a un número, además de llevar a diagnósticos erróneos, pueden generar una relación poco saludable con el cuerpo y la alimentación”, matiza Garcés. “El IMC no relaciona de manera directa la salud y el bienestar de cada persona, ya que es un mero índice estadístico”, añade la nutricionista.
Resulta más convincente respaldar su aplicación si se analiza cómo debe modificarse su uso actual y cómo podría y debería evolucionar. “Cada vez más profesionales defendemos que el IMC no debería ser el único criterio para evaluar a una persona: da una orientación sobre el peso relativo, pero no es una medida completa de salud ni debería usarse como único criterio para evaluar a una persona”, afirma Uriarte.
Por ello, las nutricionistas defienden una evaluación de la salud a partir de una visión más amplia que incluya no solo el peso sino también otros parámetros como hábitos, bienestar físico y mental, contexto social y calidad de vida.