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'Pa amb tel', la historia de la merienda humilde y energética que alimentó a miles de niños durante la posguerra española

Si naciste en los años setenta o principios de los ochenta, puede que alguna vez tus abuelos te hayan preparado para desayunar o merendar una tostada de pan con mantequilla y azúcar. Simple, muy económico y energético. Obviamente, con la variedad de alimentos que tenemos hoy en día al alcance de la mano, con el simple gesto de ir al mercado o al supermercado y sacar el monedero o abrir nuestra despensa, puede que no te parezca la opción más completa ni la más saludable para arrancar el día o tomar un tentempié a media tarde. Pero hubo una época, no tan lejana, en la que un mendrugo de pan, con un poco de mantequilla o nata era todo un manjar y de las pocas meriendas dulces y energéticas que los niños españoles podían echarse a la boca para calmar el hambre.

El fin de la guerra en España, en 1939, y hasta que no se estrenaron los años cincuenta, dejó tras de sí un país inmerso en la miseria y la hambruna. Años de escasez alimentaria y de cartillas de racionamiento, en los que llenarse el estómago para poder afrontar las tareas diarias agudizó la imaginación —y favoreció el estraperlo— durante aquella etapa, protagonizada por una cocina de supervivencia y aprovechamiento. Nada se tiraba a la basura. Los que vivían en el campo se veían en la necesidad de engordar todo el año a un cerdo para tener carne durante el invierno tras la matanza. Y no dejaban crecer más allá de lo necesario las hierbas silvestres comestibles, como el diente de león o las borrajas, que crecen en los prados. Mientras que en las ciudades los alimentos frescos escaseaban más y se dependía en mayor medida del racionamiento y el estraperlo.

El bacalao salado, las legumbres, las sardinas en conserva, las sopas de pan o de ajo, las migas, las patatas, el tocino o la manteca, las castañas y los huevos, la leche o el queso según la zona eran los alimentos más habituales de una dieta pensada para sobrevivir. En ese contexto, en algunas zonas rurales catalanas, se aprovechaba la nata de la leche que ordeñaban en las casas de campo para servir sobre una tostada de pan negro, a base de algarroba, centeno o cebada.

Tras el ordeñado de la leche, esta se hervía para reducir el riesgo de algunas enfermedades graves y se dejaba luego enfriar sin removerla. Con el reposo se iba formando una capa gruesa de grasa, con tonos amarillentos: la nata. El 'tel', que hace referencia a esa membrana o piel formada con la nata de la leche. Al no existir en aquella época frigoríficos en las casas, y al ser un recurso que se obtenía casi a diario en algunos hogares, se consumía rápidamente o se almacenaba por poco tiempo en lugares frescos como una bodega, ya que se agría y se echa a perder en poco tiempo.

Con azúcar o arrope los días de fiesta

Esta merienda de 'pa amb tel' fue una de las precursoras del pan con mantequilla y azúcar de nuestros abuelos. Era una merienda muy sencilla pero que aportaba mucha energía por la grasa de la nata. Solo había que extender la nata sobre la hogaza de pan. Si había suerte y las brasas estaban encendidas, se podía calentar un poco todo el conjunto para ablandar el pan y fundir un poco la nata por encima, dando a la miga una textura más blanda al empaparla.

Los días de fiesta se podía completar esta tostada con un poco de azúcar espolvoreado por encima, o de arrope, un jarabe dulce elaborado a base de los jugos de higos, uvas o miel, cocidos a fuego muy lento hasta caramelizar los azúcares que contienen.

Cómo prepararla en casa

Si quieres rememorar esta receta, te contamos cómo hacerlo paso a paso. Verás que es muy fácil pero se requiere algo de paciencia. Anota estos ingredientes:

  • Un litro de leche fresca
  • Un par de rebanadas de pan, a poder ser de centeno y mínimo con un par de centímetros de grosor
  • Una cucharada de azúcar o de miel por tostada

Necesitarás un cazo amplio. Vierte la leche y caliéntala hasta que hierva. En ese momento, apaga el fuego y déjala en reposo hasta que se haya enfriado y formado la capa de nata. Tienes que esperar a que la nata suba y se haya formado el 'tel', la capa. En ese momento ya puedes retirarla, con cuidado de que no se rompa. Te aconsejamos utilizar una cuchara de madera plana. Tuesta un poco el pan, que no se quede muy reseco, y cubre la tostada con la nata. Espolvorea con el azúcar o la miel y ya puedes disfrutar de esta merienda tan humilde y sabrosa.

Otras meriendas de la época

Al 'pa amb tel' podemos sumarle otras meriendas de la época, como el pan pero con unas gotas de aceite o agua y azúcar, las onzas de chocolate cuando se encontraban, los boniatos asados, las castañas o las gachas dulces, un postre con unas raíces muy antiguas pero que fue una de las opciones recurrentes en la época de la posguerra al ser muy básicas y saciantes.

Elaboradas con harina, aceite, azúcar, leche, canela, y anís en grano además de piel de limón, solían acompañarse si era posible con picatostes de pan frito. Para preparar esta receta se freía el pan en dados y se reservaba. En el mismo aceite, para darle aroma, se tostaba el anís, y luego la harina para que no quedara cruda. Seguidamente, se iba incorporando la leche poco a poco. Removiendo para evitar que se formasen los grumos. Entonces se incorporaba el azúcar, la canela y la piel del limón. Y se continuaba cocinando hasta conseguir una textura espesa, de crema. Con los picatostes por encima, se servía esta merienda que también puedes replicar en casa si todavía no la has probado.