Este es el plato que más se come en Japón (y no es el sushi): historia y receta del ramen
Cuando pensamos en Japón, la imagen que suele venir a la cabeza es la del sushi. Sin embargo, la realidad cotidiana es bastante distinta. Si hay un plato que domina el día a día de millones de japoneses, ese es el ramen receta japonesa, un cuenco humeante de fideos, caldo y toppings que se consume a cualquier hora y en cualquier rincón del país.
El ramen no es solo una sopa, es casi una forma de entender la cocina: rápida, reconfortante y profundamente ligada a la tradición. Y aunque hoy lo asociamos directamente con Japón, su historia empieza bastante lejos de allí.
El plato que nació fuera de Japón
El origen del ramen receta japonesa está en China, donde ya existían preparaciones de fideos en caldo siglos antes. Fue a finales del siglo XIX y principios del XX cuando esta receta llegó a Japón, donde se adaptó a los ingredientes, técnicas y gustos locales hasta convertirse en lo que hoy conocemos.
Con el tiempo, el plato dejó de ser una influencia extranjera para convertirse en un símbolo nacional. Cada región desarrolló su propia versión, con variaciones en el tipo de caldo, los fideos o los acompañamientos. Así nacieron estilos como el tonkotsu, más intenso y elaborado con huesos de cerdo, o el shoyu, con base de salsa de soja.
Más que una sopa de fideos
Entender qué es el ramen implica ir más allá de la idea de “sopa”. En realidad, es un plato compuesto por varias elaboraciones que funcionan en conjunto, casi como un cocido.
Por un lado está el caldo, que es el alma del plato y puede requerir horas de cocción para conseguir profundidad de sabor. Por otro, los fideos, que deben tener la textura adecuada para absorber ese caldo sin perder consistencia. Y, por último, los toppings: carne, huevo marinado, algas, cebollino o setas, que aportan matices y complejidad. Esa combinación es la que ha convertido al ramen en uno de los platos más consumidos del país, muy por encima del sushi en el día a día.
La base de un buen caldo
Si algo define unos buenos ingredientes ramen, es el equilibrio entre sencillez y técnica. Para el caldo, se suelen utilizar huesos de pollo o cerdo, verduras como zanahoria, puerro o cebolla, ajo, jengibre y setas shiitake. Todo ello se cuece hasta obtener un fondo profundo y aromático.
La carne, normalmente panceta de cerdo, se marina con salsa de soja, azúcar y mirin, mientras que los huevos se cuecen y se sumergen en esa misma mezcla para absorber sabor. El resultado es uno de los elementos más reconocibles del plato: el huevo de yema cremosa con exterior ligeramente oscuro.
A partir de ahí, los fideos y los acompañamientos terminan de dar forma al conjunto, creando un plato que puede ser tan sencillo o tan elaborado como se quiera.
Preparar cómo hacer ramen casero no es complicado, pero sí requiere organización. Lo primero es elaborar el caldo, sellando la carne y cociéndola junto con las verduras y los huesos para concentrar el sabor. Una vez listo, se cuela y se reserva.
Después llega la marinada, donde se introducen tanto la panceta como los huevos cocidos, dejándolos reposar durante al menos un par de horas para que absorban todos los matices.
El último paso es el montaje: se cuecen los fideos, se colocan en un bol, se añade el caldo caliente y se incorporan los toppings. En ese momento, el plato cobra sentido.
Por qué el ramen supera al sushi
Dentro de los platos típicos de Japón, el ramen ocupa un lugar especial porque es accesible, económico y adaptable. Mientras que el sushi suele reservarse para ocasiones más concretas o restaurantes especializados, el ramen forma parte del día a día, desde pequeños locales de barrio hasta cadenas abiertas 24 horas.
Además, su capacidad de adaptación lo ha convertido en un fenómeno global. Cada país ha reinterpretado el plato, pero la esencia sigue siendo la misma: un caldo bien trabajado, unos fideos en su punto y una combinación de sabores que busca el equilibrio perfecto.
Porque, al final, el éxito del ramen no está en su complejidad, sino en algo mucho más sencillo: es un plato que reconforta, que llena y que, una vez lo entiendes, cuesta dejar de repetir.