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Vergüenza nacional

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Si mañana tuviera algún problema con la justicia me gustaría que el tribunal que me juzgara estuviese presidido por Teresa Palacios, que en el juicio del caso Kitchen se comporta como abogada defensora de los testigos del Partido Popular como M. Rajoy o Dolores de Cospedal. Para defenderlos ya estaba la abogada del PSOE, Gloria de Pablo, que no debió tener una buena noche antes de su intervención en el juicio. Rajoy y Cospedal estaban privados con su actuación.

A los jueces les ocurre lo mismo que a los futbolistas que actúan como si no existiera VAR. Los jueces se olvidan en el fragor del juicio que están siendo grabados e incluso televisados en directo. Ellos no tienen el más mínimo pudor de alinearse con unos testigos u otros para echar de paso una mano a sus abogados. Exactamente igual que hacen los futbolistas tras patear a un rival: lo niegan rotundamente y protestan al árbitro al mismo tiempo que todos vemos por televisión la repetición de la jugada y el penalti más claro que el cerebro transparente de Ayuso. 

Ir como testigo a este juicio es una garantía absoluta de tranquilidad a pesar de mentir cuando estás obligado a decir la verdad. Una de las cosas más ridículas de la justicia es la advertencia de que si vas de testigo en un juicio estás obligado a decir la verdad. ¿Por qué, si se quiere saber la verdad y hacer justicia, se permite mentir en un juicio, aunque seas el acusado? En la práctica también mienten los testigos, como se ha podido comprobar en multitud de ocasiones.

En primer lugar este axioma de la obligación de decir la verdad no se cumple y cuando no se cumple la justicia es incapaz de que se cumpla. Es como si tienes un vado para guardar tu coche, aparcan delante y el Ayuntamiento no dispone de una grúa para retirar el vehículo. Al final pagas religiosamente los impuestos pero estos no te sirven en este caso para nada. Al dueño de la plaza de garaje le importa un pito que el infractor sea multado, lo único que quiere es que le dejen salir a la calle.

Resulta inexplicable que se advierta a un testigo que está obligado a decir la verdad, que es como avisar a un pasajero de guagua que está prohibido escupir en el piso o comer una hamburguesa con todo en mitad del viaje. El sentido común te dice que no debes mentir en un juicio y también que no puedes escupir en el suelo ni pringar de mayonesa, mostaza y salsa de tomate tu asiento y el piso de la guagua. Se llama civismo. Lo otro es cinismo.

Todos pudimos comprobar ayer que M. Rajoy y Dolores de Cospedal mintieron en sus respectivas declaraciones ante el tribunal en la vista oral porque todos también hemos podido escuchar sus conversaciones con Bárcenas y Villarejo, entre otros gánsteres. Sin embargo, no pasa nada, ni pasará, porque la justicia es muy formal y antepone muchas veces las formas al fondo de las cuestiones. Muy triste.

Cospedal estuvo incluso imputada pero el juez amigo Manuel García-Castellón y García-Lomas la desimputó. Si este juez no usara apellidos compuestos, se llamaría Manuel García García y no tendría tanto empaque. Manolo García, como el de El Último de la Fila. García-Castellón no fue el último de su promoción, pero casi. 

García-Castellón fue nombrado por Aznar magistrado de enlace con Europa, un cargo muy bien remunerado, mucho más que un magistrado que trabaje exclusivamente en España. Este juez retirado logró el puesto 37 de los 45 opositores de su promoción, por lo que hay que colegir que nunca fue un lumbreras entre los suyos. Como Peinado, aunque este ni siquiera hizo oposiciones a juez ya que fue elegido por el cuarto turno solo por ser abogado. Los únicos requisitos que piden son ser español, mayor de edad y con al menos diez años de ejercicio profesional.

García-Castellón comenzó su carrera en la Audiencia Nacional como sustituto de Baltasar Garzón en 1993, el mismo año en el que se constituyó Coalición Canaria. Ha salvado de la imputación y el procesamiento a Rodrigo Rato, Federico Trillo, Esperanza Aguirre, Cospedal y M. Rajoy, entre otros, mientras que mantuvo abiertas causas contra Podemos y los independentistas catalanes, a los que llegó a acusar de terrorismo porque un turista extranjero murió de infarto en el aeropuerto de Barcelona cuando una muchedumbre protestaba por la sentencia condenatoria del procés.

El magistrado ha sido el perejil de casi todas las salsas y el protagonista en los casos Kitchen, Lezo y Púnica, relacionados todos ellos con la corrupción del Partido Popular. El juez también se inhibió de instruir el caso contra Augusto Pinochet por delitos de genocidio y terrorismo de Estado y se negó a que declarara un alto militar condenado por delitos de lesa humanidad durante la dictadura argentina. 

Seguramente García-Castellón se considera orgulloso de su currículum profesional pero muchos españoles no comparten su opinión. Cuando era juez en Valladolid actuó contra una clínica que practicaba abortos y que fue denunciada por un colectivo del Opus Dei, donde militaba su hermano. Durante su etapa de juez de enlace en Europa reconoció haber mentido a jueces franceses para obtener información de un sumario. 

En el caso Kitchen salvó a Cospedal y se negó a considerar al PP responsable a título lucrativo, a pesar de que el partido se benefició de actos ilegales de la mal llamada policía patriótica montada por el Ministerio del Interior de M. Rajoy cuando Fernández Díaz estaba al frente. Hoy Fernández Díaz, muchos años después, está sentado en el banquillo por esta causa y el fiscal anticorrupción le pide quince años de cárcel.   

Los condenados del PP Eduardo Zaplana e Ignacio González, investigados por corrupción en la operación Lezo, reconocieron que conspiraron para apartar al juez Eloy Velasco del caso y designar a García-Castellón, trayéndoselo de Roma, donde estaba destinado en aquel momento como juez de enlace. 

Este juez sobreseyó la causa a 275 dirigentes del PP en los casos de corrupción referidos a este partido. El mes siguiente de que 69 diputados de Podemos tomaran posesión de sus cargos dio por válido el falso informe contra Pablo Iglesias, que acusaba al ex vicepresidente del Gobierno y a su partido de delitos fiscales, blanqueo de capitales y financiación ilegal. Inventos de Villarejo y su cómplice Eduardo Inda, que facilitó su panfleto para divulgar esa denuncia falsa.

Todo esto da mucha vergüenza ajena, la que no tienen los falsos patriotas, los de hojalata. Es como llamar prioridad nacional, como hacen PP y Vox con los migrantes, lo que realmente es una vergüenza nacional. Seguimos rodeados de fachas después de más de medio siglo de la muerte de Franco.

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