Retorcidos de Carnaval: el dulce leonés que también es un postre perfecto a base de licor de anís y naranja

Cada año, en los pueblos del norte de León, la llegada del Carnaval revive una tradición culinaria que ha pasado de generación en generación. Las familias se reúnen en las cocinas para preparar retorcidos, un dulce que combina ingredientes básicos con técnicas artesanales. Su elaboración involucra a niños y adultos, y forma parte de la vida social y cultural de la región, reforzando los vínculos familiares y comunitarios en torno a la gastronomía.

La preparación de los retorcidos no se limita al acto de cocinar; es un momento en el que se transmite conocimiento y memoria. Cada familia tiene sus pequeñas variaciones, pero el núcleo de la receta permanece constante: masa elaborada a mano, fritura cuidadosa y un aroma característico a anís y naranja. Este postre se consume especialmente durante los días de Carnaval y constituye un elemento distintivo de la identidad local.

Receta y preparación de los retorcidos de Carnaval

Para preparar los retorcidos se necesitan dos huevos, 100 gramos de azúcar, una pizca de sal, 60 mililitros de aceite de girasol aromatizado con la piel de media naranja, 50 mililitros de licor de anís, 500 gramos de harina de trigo y una cucharadita de levadura química. Para la fritura se requiere aceite vegetal adicional y, finalmente, azúcar glas para rebozar los dulces recién hechos.

La preparación comienza batiendo los huevos con el azúcar hasta que la mezcla se torne ligeramente espumosa, incorporando después la sal, el aceite aromatizado y el licor de anís. A continuación se añade la harina junto con la levadura química, integrando todos los ingredientes hasta formar una masa homogénea y pegajosa. Cuando es necesario, se amasa con las manos o con ayuda de una espátula sobre una superficie generosamente enharinada, incorporando más harina poco a poco hasta que la masa sea manejable sin perder su suavidad.

Una vez lista, la masa se divide en pequeñas porciones que se estiran formando cilindros finos de aproximadamente 18 centímetros de largo. Cada tira se dobla sobre sí misma y se retuercen los extremos en sentidos opuestos, dando al dulce su característica forma de cordón o tornillo. Este proceso se realiza con las manos engrasadas para facilitar el manejo y repetirlo hasta acabar con toda la masa.

Para la fritura, se calienta abundante aceite vegetal en una sartén a temperatura media-alta. Los retorcidos se fríen en tandas pequeñas, tres o cuatro piezas a la vez, hasta que adquieren un color dorado uniforme y quedan bien cocidos por dentro. Una vez fuera del aceite, se escurren sobre papel absorbente para eliminar el exceso y, mientras aún están calientes, se rebozan en azúcar glas hasta cubrirlos por completo.

El resultado son unos retorcidos con exterior crujiente y un interior tierno, aromatizados con el anís y la naranja. Este postre se consume tradicionalmente durante el Carnaval, pero también representa un ejemplo de la continuidad de la tradición culinaria leonesa, transmitida de generación en generación y presente en la memoria colectiva de las comunidades del norte de León.