Aina Clotet revierte los clichés sobre el cáncer de mama: “Es una enfermedad que cuestiona el cuerpo y el deseo”
Un pecho femenino y desnudo aparece en pantalla. Una máquina lo aplasta sin piedad por arriba. No hay morbo en la escena, sino algo clínico, aséptico. Las mujeres que ven la escena saben lo que está ocurriendo. Muchos hombres pueden intuirlo, pero seguramente nunca lo habían visto así. Pronto se entiende que lo que estaba sucediendo era una mamografía, una práctica médica por la que todas las mujeres pasan para prevenir y detectar el cáncer de mama, pero que el cine no ha mostrado casi nunca. Y, sin embargo, con esa imagen empieza Viva, el debut en la dirección de Aina Clotet que ha sido elegido para competir en la Semana de la Crítica, una de las secciones paralelas de Cannes.
Clotet, que había dirigido la serie Esto no es Suecia, realiza un filme que revierte los clichés sobre las películas sobre cáncer. Su protagonista, Nora, que interpreta también ella, ha pasado por un cáncer de mama. La película comienza con ese cáncer superado, pero realizándose una mamografía rutinaria donde le recomiendan hacerse otra prueba. No será el primer tabú que Clotet saca a la mesa. También muestra con naturalidad y deseo un cuerpo que ha sufrido una mastectomía y más adelante una biopsia.
Pero Viva no es un filme sobre alguien a quien detectan un cáncer, sino alguien que lo ha superado y que vive un momento de confusión. Una crisis de los 40 en donde se plantea todo. Nora acabará teniendo una relación muy sexual con un joven, pero sobre todo la veremos equivocarse y meter la pata. Una especie de Fleabag española que Clotet muestra sin miedo a ser antipática o incoherente, rompiendo con esa imagen que el cine ha dado de mujeres perfectas que no se equivocan. Y si encima son mujeres que han tenido una enfermedad, mucho más.
Desde el rincón de la Semana de la Crítica, a pocos metros de la playa, Aina Clotet cuenta que “la semilla de la película era hablar del miedo a la muerte” y de la conexión que para ella tenía “con las relaciones y con el amor romántico”. Junto a su guionista, Valentina Viso, tuvieron claro que la película debía comenzar con la protagonista habiendo superado la enfermedad para hablar “de la huella que dejaba, de ese miedo que se queda en el cuerpo y de cómo esto la lanza como a un carpe diem de comerse la vida ferozmente”.
Clotet recuerda que, con 39 años y en pleno proceso de escritura de guion, tuvo una mamografía. Mientras se la hacían pensó: “¿Cómo es posible que esto no se haya mostrado en el cine?”. “Justo estábamos empezando a entender que Nora podía ser este personaje que había pasado por un cáncer de mama y pensamos que sin duda ese momento tiene que estar. Es una imagen que, además, me parece una metáfora de chafar un personaje que luego quiero que implosione y que realmente tenga una eclosión de vida. La imagen decía muchas cosas en sí misma”, añade.
Lo que también sorprende de Viva es, como lo define la directora, su “temperatura sexual”. “Sentíamos que el deseo era algo que necesitábamos mostrar para hablar del miedo. Eran dos fuerzas contrapuestas, y, por lo tanto, queríamos mostrar este cuerpo de Nora, con la mastectomía, y ver el cuerpo con la máxima naturalidad. La voluntad era que Nora pensara inicialmente que quizá nunca nadie más la va a aceptar así y que fuera una historia también de la reapropiación de nuestro propio cuerpo y del propio deseo”, analiza.
Yo misma había heredado un cine hecho mayoritariamente por hombres y cómo retrataban las escenas de sexo
Escenas que considera “necesarias” aunque ella se defina como “pudorosa”. “Formaba parte de la intimidad de Nora, y eran importantes para entender realmente la esencia y el corazón de la historia. Las trabajé mucho, miré muchísimos referentes y también cambié mi pensamiento por el camino, a medida que iba mirando referentes, y entendiendo también cómo yo había heredado muchísimo un cine hecho mayoritariamente por hombres y cómo había visto las escenas de sexo retratadas por ellos y cómo las quería retratar. Hacer una evolución dentro de estas propias escenas de sexo”, subraya.
El tema del sexo y el deseo salió a colación en las muchas conversaciones que tuvieron con mujeres que habían tenido cáncer y con médicos: “Me contaban que había una gran mayoría de mujeres que después de pasar por un cáncer de pecho replanteaban su vida y sus estructuras emocionales. Es un cáncer que te cuestiona el propio cuerpo y que pone también en cuestión el deseo si la persona está en pareja. Luego hay tantas historias como personas, pero sí que lo del deseo había gente que nos decía que se le había despertado un carpe diem absoluto”.
Hay en Viva una mezcla arriesgada de tonos que hasta se atreve a introducir un punto de distopía con una sequía que hace del agua un bien codiciado. El tono es algo que Clotet considera su “mayor obsesión en los proyectos”. Ese “equilibrio entre drama y comedia que es como la vida misma” y que también cree que representa la dupla que ella misma forma junto a Valentina Viso. “No deja de ser nuestra mirada del mundo, ese querer reírnos de nosotras mismas, de ponerle humor y mirada crítica a lo que nos rodea. El humor está siempre, por debajo, emana, y aquí tenía muy claro que el humor tenía que estar”.
Viva no se ha preconcebido para mostrar esas mujeres contradictorias porque “viene de fábrica” que ellas escriban esas mujeres, porque en la vida real son así. “Es que está inspirado en nuestras vidas, en las de nuestras amigas, y todas somos erráticas. Todas tenemos muchas caras, todas nos equivocamos muchas veces y eso es lo humano y lo bonito, hablar de la imperfección y de esta búsqueda de supervivencia que tenía el personaje. Yo siempre conecto con los personajes erráticos si entiendo su corazón. Y me interesa más porque seguramente me siento más acompañada en mi camino”, zanja Clotet, que ahora comienza el viaje comercial de su película, que ya ha sido comprada para su estreno en Francia.