La portada de mañana
Acceder
Cómo se vivieron en Moncloa los primeros ataques a Irán
El 8M es para las mujeres iraníes y para las de tu barrio
OPINIÓN | 'Los NOES a las guerras, por Antonio Maestre

Festival de Málaga

Ser de izquierdas y llevar a tus hijos a un colegio privado, la incoherencia se vuelve comedia en 'Altas capacidades’

Javier Zurro

Málaga —
7 de marzo de 2026 22:37 h

0

La coherencia es complicada. Ser fiel a lo que uno piensa y no caer en todas las incongruencias que aparecen por el camino siempre es difícil. Para una persona de izquierdas, que defiende con uñas y dientes la educación y la sanidad pública, una de esas incoherencias siempre aparece cuando tiene que elegir a qué colegio quiere llevar a sus hijos. Misteriosamente, después de haber puesto decenas de mensajes en redes sociales defendiendo lo público, y de haberse partido la cara por ello, elige un privado bilingüe donde van las familias más modernas y se imparten los métodos educativos más finolis.

No quiere decir que ya no apoye lo público, pero sí que cuando ha podido elegir ha preferido defenderlo solo de palabra (y con sus impuestos), pero que para sus hijos ese modelo de educación no le congratula tanto. Es en esa fricción tan actual y tan habitual, donde los guionistas Víctor García León y Borja Cobeaga, dos de los mejores escritores de humor del cine español, han sacado los colores a muchas personas (y a ellos mismos) en Altas capacidades, la brillante comedia con la que compiten en la Sección Oficial del Festival de Málaga y que se estrena el 27 de marzo en cines.

La comedia que dirige el mismo García León es una película llena de mala leche, pero fina en su bisturí, sobre una pareja (Israel Elejalde y Marián Álvarez) que se engaña a sí misma sobre que su hijo tiene altas capacidades para autoconvencerse de que tienen que sacarle del colegio público al que va y meterle en uno privado donde acude el jefe de él (un Juan Diego Botto que despliega el encanto de una serpiente de cascabel). Un colegio modernísimo, lleno de gente superprogre, escritores, artistas… y narcos. Uno que, además, les cuesta un riñón y va en contra de todo lo que han defendido. 

La película nació de una noticia de 2018, la de un señor que murió acribillado en la puerta de un colegio muy pijo. A la productora Marisa Fernández Armenteros —responsable de Altas capacidades, pero también de Los domingos junto al mismo equipo— le llamó la atención y se la mandó a Víctor García León para ver si había una comedia. “Le hacía mucha gracia que estos señores tan progres tuvieran esa reunión del AMPA para echar a la familia del narco colombiano, pero yo le decía que eso no era una comedia, pero ella me decía que sí, porque lo del ascensor social era muy divertido”, recuerda el director de los inicios del proyecto.

Víctor García León vio que en esa conversación había algo en el fondo que le incomodaba. “Yo llevo a mis hijos a un colegio privado que no podía pagar y le decía a Marisa, es que estas contradicciones que te matan de risa son las mías. A mí me estás jodiendo con esa conversación. Y entonces ella llamó a Cobeaga y él le dijo que estaba en ese momento haciendo un casting de colegios. Y es horrible, porque los colegios progres fenomenales no los puedo pagar, los de derechas son más baratos, pero son de derechas… era todo una mierda espantosa”, reconoce sobre esa incoherencia de la que nace su propia película. 

Casi contra su “voluntad” empezaron a escribir sobre un tema que les dolía a los dos guionistas. “El tema es doloroso y hay algo de eso que hemos escrito un poco torcidos. Borja es el guionista más listo de España y eso es una gozada y al final ya no podía, pero no se hacen comedias sobre este tema porque duele, porque nadie se pone a hacer una cosa sobre sus contradicciones, sus miedos, sobre dónde metes a tus hijos. Es que mis contradicciones tienen nombre y apellido y me iba a poner a hacer chistes sobre eso”, dice con humor.

Afirma que esa incoherencia es una de las más evidentes en la izquierda actual, pero también una que “dentro de unos años va a venir fuerte”. “Habrá un momento en el que nosotros, como generación de izquierdas, los que sean de izquierdas, pero yo, con todas mis contradicciones, me reconozco como alguien de izquierdas, veamos que en un momento dado hemos apostado por una educación lesiva contra nuestros principios y eso… hostia, rasca”, cuenta.

No se hacen comedias sobre este tema porque duele, porque nadie se pone a hacer una cosa sobre sus contradicciones, sus miedos

Puede que todo se resuma en la frase que preside el cartel de Altas capacidades y que dice “Lo que sea por cambiar de clase”. Porque en esa decisión de llevar a los hijos a un colegio de pago progre hay mucho de complejo, de vergüenza de clase y de escapar. Víctor García León lo explica con la misma brillantez que en su película: “Cuando estás hablando de la educación de tus hijos, normalmente entras en un terreno viscoso ideológicamente. Quieres pensar que es por tus hijos, pero al mismo tiempo estás pensando que mejor que sean amigos del ministro, que no de un señor que tiene una ferretería. De alguna manera les colocas, cuando eliges colegio para ellos, en otro punto de partida. Entonces, si tú pudieras elegir ese punto de partida, ¿en cuál les colocas? Y es una mierda de pregunta”. 

Esa pregunta le enfrenta a sus “miedos, inseguridades y contradicciones”, porque en el fondo sabe que va de que “aprendan inglés”, si no de que “si tienes que elegir novios o novias para tus hijos intentas escaparte del reguetonero para elegir al chico que estudia una oposición”. No esconde todos los ‘ismos’ que hay detrás de esa decisión: “Es muy jodido porque sale todo nuestro racismo, nuestro clasismo y las cosas con las que uno debería luchar. Cuando eres padre salen solas cosas que son un material enorme”, asegura.

Altas capacidades se convierte en una rara avis, una comedia adulta, que mete el dedo en el ojo y que provoca una risa incómoda. Algo que, en un momento donde se producen mayoritariamente comedias familiares y blancas es una rareza, y García León cree que eso se debe a “que el imperialismo cultural tiene una aplicación clara”. “Si piensas en las diez películas españolas que más gustan, alguien puede poner Arrebato, o Lo imposible, pero lo normal es que salgan Saura, Trueba, Almodóvar, Berlanga… autores que tienen reparto y medios para hacer una película popular, pero que tiene un aliento creativo”, opina. 

“En ese terreno mixto es donde han salido nuestras mejores películas en la historia del cine español. Ese modelo de película no se da. Las televisiones privadas y las distribuidoras norteamericanas han empujado al cine español a hacer películas muy pequeñas de cine de autor y luego comedias muy obvias, de cómicos locales, que son justo las dos cosas que ellos no pueden hacer. Para todo lo demás están ellos. Entonces al final estamos en una carnicería donde nos dicen: hombre, si tienes algún solomillo exquisito puedes entrar, pero la carne picada es mía”, apunta sobre el momento actual de la industria. Por eso Altas capacidades “ha costado tres o cuatro años levantar la financiación”. Finalmente, la logró, y en su espíritu Azconiano, en el año del centenario del guionista, triunfa por su capacidad de clavar su bisturí al españolito medio para que sea vea por fin en el espejo de su incoherencia.