Que parezca un accidente
Siempre me ha llamado la atención el temor obsesivo que tiene la derecha con que España se rompa aunque creo que con los años he llegado a entenderles. La quien entera, toda para ellos, porque sienten que es suya y solo ellos pueden decidir qué hacer con ella.
Y para evitar que les arrebaten lo que alucinadamente creen únicamente suyo, están dispuestos a ir a por todas y a por todos los que se interpongan en su camino.
Para conseguirlo han demostrado sobradamente que no hacen prisioneros, que todo vale. Desde declarar ilegítimo a un gobierno democrático, a utilizar todos los resortes a su disposición, que estamos comprobando que son muchos, poderosos y variados.
Porque compartiendo todos el gusto por la fruta, no son necesarias ni planes ni reuniones ni complots. Para qué, se dicen, si cada uno sabe lo que tiene que hacer. O sea, que p'alante.
Han conseguido que la independencia del poder judicial en España sea como creer en los Reyes Magos. Sería maravilloso que fueran de verdad pero hay tantas evidencias en contra que la ilusión se desvanece enseguida.
Y es que estamos asistiendo a una sucesión sospechosamente simultánea de procesos judiciales, en los que los tiempos se acompasan, retrasando lo que conviene y acelerando lo que interesa y se proclaman a los cuatro vientos deducciones aventuradas de cuerpos policiales que los jueces se limitan a adornar con prosa jurídica, abriéndose diligencias interminables, no para averiguar los hechos sino para ocupar tiempo y sitio en los medios de comunicación, que así tenemos caldeado el ambiente.
Disponiendo de los medios y el poder que las leyes les confieren, en vez de dedicar su tiempo, que pagamos todos, a intentar que haya más justicia, parecen dedicarse a intervenir e influir todo lo que se pueda para que todo discurra por los cauces que ellos consideran los más adecuados.
Y si alguien rechista, corporativamente se alzan indignados contra tan intolerable intromisión. Debe ser que manifestarse con el uniforme de trabajo delante de los juzgados que dirigen, contra una ley que todavía no se ha aprobado y que de aprobarse deben cumplir y hacer cumplir, es una muestra de su tan cacareada imparcialidad.
Por supuesto que todo no es invención, que puede haber miembros de este gobierno, familiares suyos y allegados que hayan podido cometer delitos. El problema es que como están las cosas nos vamos a quedar sin saber quienes son y que delitos han cometido, tal es la interesada confusión en que vivimos.
Eso si, como en las mejores películas de mafiosos todo tiene que parecer un accidente.
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