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El director de periódico y ministro socialista capturado por la Gestapo que pidió que su fusilamiento no produjera “rencor”

Lo fue todo en la política y en la cultura de hace un siglo, pero hoy su huella permanece en un indignante silencio. Julián Zugazagoitia Mendieta (Bilbao, 1899 - Madrid, 1940) fue concejal, diputado y más tarde ministro de la Gobernación —ahora se le denomina de Interior— durante un año de la Guerra Civil. Pero más allá de sus cargos públicos, Zuga, como lo llamaban sus allegados, dirigió durante años El Socialista, órgano de prensa del PSOE que llegó a vender 70.000 ejemplares; publicó novelas de realismo social; escribió las biografías de Pablo Iglesias y de Tomás Meabe; y dejó para las siguientes generaciones un libro clave: Guerra y vicisitudes de los españoles (Tusquets), una de las crónicas más lúcidas, ecuánimes y brillantes sobre el conflicto.

El historiador Luis Sala (Bilbao, 1968) ha rescatado la figura de Zuga en una reciente biografía: Julián Zugazagoitia. Sin rencor, vida y muerte de un periodista socialista (Betagarri Liburuak), donde repasa una trayectoria que concluyó trágicamente con la detención del líder republicano en París por la Gestapo y con su posterior juicio y fusilamiento en Madrid. “Tal vez”, opina Luis Sala en una charla con elDiario.es, “aquellos que deberían haberse ocupado de mantener su memoria no calibraron la verdadera talla de Zuga”. “La dictadura obligó al exilio de su viuda y de sus cinco hijos y la dispersión familiar desdibujó también su recuerdo. Como tantos otros vencidos de la guerra, Zuga quiso que se contara aquella época, pero sin rencor, tal como mostró en su última carta antes de morir”, añade.

Hijo de un veterano militante socialista bizkaitar, Julián se alineó con la izquierda desde bien joven, al tiempo que seguía cultivando su pasión por el periodismo y la literatura. Hombre muy de partido, pero moderado y de talante conciliador, supo sortear los litigios constantes en el seno del PSOE y, de hecho, actuó muchas veces como puente entre Indalecio Prieto y Juan Negrín, pesos pesados de la época republicana. Ese carácter de consenso, unido a su gran capacidad de análisis y su vibrante estilo, le sirvieron para ocupar la dirección de El Socialista entre 1932 y 1937 tras destacar con colaboraciones en otros medios, como El Liberal de Bilbao donde comenzó su carrera. De pelo muy corto, con gafas en forma de quevedos, mirada seria y resuelta, enfundado en chaquetas con corbata o pajarita, en ocasiones tocado con una boina, Julián Zugazagoitia respondía al perfil físico de tantos y tantos intelectuales que abrazaron la causa republicana.

Orden y legalidad republicanas

“Practicó”, relata Luis Sala, “un periodismo militante, como no podía ser de otro modo, pero Zugazagoitia nunca fue un tipo sectario o radical, sino más bien un político íntegro. Quizá esas fueron razones que aconsejaron a Juan Negrín para nombrarlo ministro de la Gobernación, uno de los cargos más complicados sin duda en tiempos de guerra. La República necesitaba poner orden en la retaguardia y limpiarla de quintacolumnistas, a la vez que trataba de imponer el principio de legalidad frente a los elementos más incontrolados del bando republicano”. En opinión de su biógrafo, Zuga no fue responsable del asesinato de Andreu Nin, líder del POUM, un partido marxista y antiestalinista, a manos de agentes soviéticos. Aquel crimen derivó en una de las mayores crisis en el bloque republicano en toda la guerra. El historiador Salas achaca a algunos colaboradores del ministro Zugazagoitia la ejecución de Nin en junio de 1937. Sea como fuere, Zuga intentó recuperar la legalidad y el orden durante el año que estuvo al frente de Gobernación y neutralizar a los fascistas emboscados en las capitales republicanas que actuaban como una quinta columna.

Ahora bien, antes de esos convulsos años treinta Julián pudo dedicarse con más tiempo y empeño a la literatura y así publicó algunas novelas que prefiguraron el realismo social como Una vida anónima, en 1927; o una biografía de referencia de Pablo Iglesias, el fundador del PSOE aparecida en 1925, el año del fallecimiento del histórico líder. Luis Sala, desde la perspectiva de un experto en el socialismo de la época, explica que la publicación de la biografía del que llamaban cariñosamente “el abuelo” se convirtió en un best-seller entre las filas de la izquierda. Por todo ello, no tiene dudas Sala en colocar a Zugazagoitia a la altura de maestros del periodismo de aquel periodo como Manuel Chaves Nogales.

“Zuga fue un periodista y escritor de primera división y para ello basta leer su obra cumbre, Guerra y vicisitudes de los españoles, reeditada en 2001, que se publicó por entregas en el diario La Vanguardia de Buenos Aires poco después del final de la Guerra Civil cuando el autor se encontraba exiliado en París. Narrado en primera persona, desde el compromiso republicano y democrático, pero objetivo y no sesgado, este libro debería ser de obligada lectura para todos los estudiantes de Bachillerato”, afirma su biógrafo.

Exilio, fusilamiento y mensaje

A pesar de la escasa bibliografía existente sobre el que fuera director de El Socialista, Luis Sala ha rastreado la vida y obra de su paisano en periódicos, archivos y también en los testimonios de algunos de sus descendientes. Una fundamental parte de su libro está centrada en el exilio de Zuga a París tras la victoria franquista y en su posterior detención por la Gestapo, a instancias de la policía franquista, al igual que ocurrió con otros dirigentes republicanos como el presidente de la Generalitat catalana, Lluís Companys; o el director teatral y cuñado de Azaña, Cipriano Rivas Cherif. El exjefe del Estado, Manuel Azaña, falleció en Montauban en noviembre de 1940 precisamente huyendo de la Gestapo.

En el caso de Zugazagoitia tal vez pecó el periodista de exceso de confianza o de ingenuidad o quizá nadie le avisó del peligro real. Lo cierto es que fue detenido por la Gestapo a finales de julio de 1940, un mes después de la entrada de los nazis en la capital francesa, y conducido de inmediato a Madrid. Su biógrafo señala bien a las claras a los responsables de la captura de Julián: “En primer lugar, Pedro Urraca, un policía franquista que se jactaba de ser un cazador de rojos. En segundo lugar, el conde de Mayalde, una figura clave en la represión de la posguerra y más tarde premiado con la alcaldía de Madrid que ostentó entre 1952 y 1965. Pero los responsables últimos fueron el ministro Ramón Serrano Súñer y, por descontado, el mismísimo dictador Francisco Franco”. Ya como prisionero en Madrid, en una farsa de juicio sumarísimo, fue condenado Zugazagoitia a la pena de muerte. Pero el historiador y biógrafo Luis Sala lamenta hoy que mientras Cataluña no ha dejado de honrar la memoria de Companys, el resto de España ignore la trayectoria y el tributo de Zugazagoitia.

A pesar de los desesperados esfuerzos de amigos y familiares adictos al nuevo régimen para que se le conmutara la pena, fue fusilado al amanecer del 9 de noviembre de 1940 en la tapia del cementerio de la Almudena. Entre las personalidades que abogaron en su favor se hallaba, por ejemplo, el escritor conservador Wenceslao Fernández Flórez, que le debía la vida a la intercesión de Zugazagoitia durante la guerra. Sin embargo, todo fue inútil y de nada había servido la generosidad y compasión de Julián con muchos falangistas durante el asedio de Madrid. Fiel a sus ideas, pero socialista y humanista hasta el final, la carta de despedida que el periodista escribió para su mujer, Julia Ruiz, y para sus cinco hijos horas antes de ser fusilado revela un carácter alejado de cualquier revanchismo en un hermoso mensaje dirigido a las generaciones futuras.

“Desde la altura de mi cariño”, escribió este desgraciadamente olvidado político e intelectual, “te pido que mi muerte no sea cultivada como un motivo de rencor. Tampoco quiero que con mi piel agujereada se hagan tambores de desquite. Me basta con el cultivo tierno que entre todos vosotros hagáis de mi memoria o mi doctrina moral, de la que no estoy arrepentido. Ha consistido en hacer el bien, en no herir a nadie, olvidando del mejor grado las ofensas que haya podido recibir”.