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ENTREVISTA | José Sanclemente

"Los políticos son malos magos, nos engañan continuamente pero al final les ves el truco"

José Sanclemente publica Illusionarium, un thriller en el que se mezclan magia e investigación periodística

"La verdad es muy dura y se agota en el instante que se cuenta. La mentira tiene muchas más aristas y puede durar mucho más"

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José Sanclemente

José Sanclemente Alejandro Navarro Bustamante

"El mundo quiere ser engañado; así que deja que se engañe". Las palabras de Petronio aparecen y desaparecen como por arte de magia a lo largo de Illusionarium, la última novela de José Sanclemente (Barcelona, 1957) que tiene como hilo conductor el mundo del ilusionismo y el de la prensa, como telón de fondo.

Sanclemente, presidente de la empresa editora de eldiario.es, ya retrató la situación del periodismo en su trilogía previa. Ahora, en  Illusionarium, el escritor y economista se adentra en el mundo de la magia de la mano de un periodista veterano, que en su búsqueda de la verdad vive tan engañado por los trucos de la trama como el lector de la novela.

¿Por qué una novela ambientada en el mundo de la magia?  

Hace unos cinco años, me invitaron un evento sobre periodismo en la isla de San Simón. Entre los invitados había magos y neurólogos que intentaban discernir por qué nuestro cerebro nos engaña. Los magos son los que mejor saben o intuyen cómo engañar a las personas. Pensé que un día haría algo sobre el mundo del engaño.

Empecé a investigar y vi que en el mundo del ilusionismo casi no había magas. Siempre en el mundo de la magia ha pasado esto, que las mujeres son las contorsionistas, las que hacen el truco de escapismo, las que lo pasan mal y son los magos los que aparentan y hacen aparecer a la chica, normalmente en paños menores. Pensé que había una historia de reivindicación, de cierto feminismo, de las mujeres magas. Por eso, en mi novela las mujeres tienen un protagonismo especial.

El libro tiene mucho de magia, pero también de periodismo, ¿qué tienen en común ambos mundos?

Es un juego continuo entre la verdad y la mentira. El periodismo forzosamente tiene que contar la verdad y la magia es todo lo contrario.

Cuando acudimos a un espectáculo de ilusionismo sabemos que nos van a engañar y debemos entregarnos a ese engaño. Si vamos intentando conocer el truco, lo pasamos fatal y no disfrutamos del espectáculo. En el periodismo cuando te hacen el truco del engaño, te das cuenta enseguida, a lo mejor no a la primera pero la segunda vez que un medio te hace un truco descubres al mago. Si lo comparas con la magia, el ilusionista jamás te hace un truco dos veces.

En Illusionarium, el reportero cree estar en posesión de la verdad y en realidad le llevan por donde quieren otros intereses.

Al protagonista le suben a un escenario y le manipulan. Como cuando te hacen subir en un espectáculo y piensas que el mago te va a robar la cartera pero te está robando el reloj. Le piden que investigue la desaparición de una maga en extrañas circunstancias, pero siempre está pensando que le están dirigiendo, que es una continua prueba. Es como si entrara en un espectáculo de magia.

He pretendido que toda la novela sea como un truco de magia en el que evidentemente el espectador es engañado (pero engañado bien), de forma que no se dé cuenta de la trampa hasta el final. 

José Sanclemente

José Sanclamente Alejandro Navarro Bustamante

Esa frase de Petronio, de que queremos ser engañados, aparece en diversas ocasiones en boca de distintos personajes, ¿por qué lo necesitamos?

A veces, la verdad es muy dura y se agota en el instante que se cuenta. Cuando conoces la verdad, la afrontas y ya. Pero la mentira tiene muchas más aristas y puede durar mucho más, tiene muchas modulaciones.

Cuando recordamos en nuestro pasado episodios que a lo mejor no fueron muy agradables, los acabamos tiñendo de una parte más agradable, nos queda siempre un poso positivo. Es algo para lo que el cerebro está preparado. Puede estar más claro en el pasado, cuando quieres enterrar determinadas cosas o teñirlas de bondad, pero en el presente parece que también.

La realidad es muy dura, vives con un estrés y unos problemas determinados, y al final escaparte a la ilusión es una huida que necesitamos, que necesita nuestra mente.

En sus libros se retrata la crisis de los medios y también la de los profesionales. ¿Cuál es más profunda, la crisis de la prensa o la de valores periodísticos?

Yo creo que ha sido más la crisis de los medios la que ha afectado al periodismo y por tanto al propio periodista. Los medios no han sabido estar a la altura, no han sabido escuchar a su público, a sus lectores. Entraron en escena nuevos actores: los buscadores, luego las redes sociales. Empezaron a escuchar a la gente a saber qué querían y cómo, y por eso se quedaron con una gran parte de los usuarios.

La prensa reaccionó tarde. Eso, junto con la crisis económica general, hizo que hubiera menos publicidad, que hubiera menos lectores, porque dejaban de comprar los diarios, que se redujeran las redacciones y los periodistas tuvieron cada vez menos medios para hacer bien su trabajo y se resintió el periodismo. El periodismo que llegaba ya no era de calidad. Y cuando la calidad cae lo sufren todos los ciudadanos porque al final la información que te llega es de peor calidad.

José Sanclemente

José Sanclamente Alejandro Navarro Bustamante

Laura, la periodista digital de su novela, no sale muy bien parada: trepa, sin escrúpulos... Aunque el reportero veterano también tiene sus pecados.

Él necesita de ella y desde el principio se da cuenta. Queda esa separación entre los dos tipos del periodismo que al final se necesitan. ¿Es peor ella, que puede no tener escrúpulos, o es peor él que no contó toda la verdad, algo que le persigue durante toda su vida? Son dos aristas negativas, y yo creo que existen.

En la novela, se ve a un periodista ya veterano que su forma de trabajar es solitaria, es hosco, fracasó intentando llevar un equipo, pero está basado en los principios del periodismo: contrastar las fuentes, contar la verdad, intentar ser honesto… y alguna vez le fallan.

¿Si la situación del periodismo fuera un thriller, quién sería el asesino?

Sería casi un crimen en serie… (ríe) Yo creo que lo están matando unos entes que se han llamado siempre 'el poder'. Aquellos que están consiguiendo que no se cuente lo que se tiene que contar o que se cuente de la manera que les interesa. Eso es lo que más me preocupa, esa falta de libertad que te apisona si no publicas lo que ellos quieren y cómo quieren.

En otras ocasiones es el lector la víctima porque desconoce quién está detrás de los medios.

Es que un asesino nunca se revela como tal (ríe). Cuando un medio no es transparente y esconde sus accionistas e intereses, evidentemente está engañando. El lector se acaba dando cuenta y acaba abandonándolos.

¿De los espectáculos de magia que vio para documentarse, cuál es el que más le ha impresionado?

Me impresiona más la magia de cerca. Por ejemplo Le double Font en París me pareció muy buen espectáculo con gente muy profesional. Aunque no fueran tan espectaculares como puede ser un Criss Angel en Las Vegas, que es brutal. Si comparas la tecnología que tiene detrás con la que puede tener un café teatro, son cosas bien diferentes.

La magia de cerca te impresiona mucho más, a un metro de distancia te deja más boquiabierto. Lo otro ya te lo esperas de alguna manera. Es como una película con muchos efectos especiales, pero ¿qué trama queda después de eso?

Acudió incluso a un cursillo de iniciación a la magia, ¿cómo fue?

Con un resultado no muy bueno. Fue un curso de magia en Barcelona y fui el peor de la clase con diferencia. Es muy difícil, requiere una habilidad especial. Hacía a mis amigos el truco de hacer desaparecer el pañuelo entre las manos, pero insistieron en saber cómo lo hacía y en la magia no puedes preguntar ni el cómo ni el porqué. Lo volví a repetir y a la tercera vez lo descubrieron. Un mago eso no lo debe hacer. 

Se puede comparar con los magos de las finanzas o los de la política, que engañan continuamente pero son malos magos porque al final les ves el truco.

Pero en esa especie de filosofía de que el mundo quiere ser engañado, parece que al final acabamos votándoles a pesar de cómo nos engañan y cómo nos tratan. Volvemos a abrir nuestras cuentas bancarias con aquellos que nos estafaron. Volvemos a votar a los mismos políticos que nos dijeron una cosa  e hicieron lo contrario.

¿Dónde un amante de la magia no puede dejar de ir si tiene la oportunidad?

Iría sin duda a ver a Inés la Maga, que inspiró a la maga Daisy en la novela. Ahora está actuando en el Petit Palace en Madrid con una función para unas 20 personas con magia de cerca. 

Recomiéndenos una película sobre magia.

El truco final o El ilusionista… las vi todas para documentarme.

¿Y otro libro sobre el ilusionismo?

Mentira, de Enrique de Hériz, que trata sobre la decadencia de un mago.

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